Resumen

El tema de la televisión sigue inquietando a unos y otros, a educadores y políticos, a intelectuales, productores y realizadores. Cuando dejó de ser la gran responsable de los fracasos educativos, y los intelectuales y pensadores tuvieron que aceptar que era parte de la existencia de los jóvenes, surgieron nuevas aproximaciones que trataremos de recoger en este breve artículo. A partir de una reciente investigación realizada en el Perú, se confirma el indudable valor y sentido que continúa teniendo la televisión en la vida de niños y jóvenes, tanto la televisión de señal abierta, como la de cable. No se trata de un instrumento tecnológico, sino de una forma de relación, a través de la cual los niños y jóvenes se informan, se entretienen, aprenden y desarrollan siempre nuevas formas de socialización. No se trata de un bien extraño o externo, intercambiable, es parte de sus prácticas cotidianas, culturales – al lado de la radio y el cine, de la computadora e internet – que se han incorporado a sus modos de percepción y a sus sensibilidades y que ejerce una influencia que es importante y necesario evaluar. Conforme la imagen llegó y se hizo parte de la vida social cotidiana y de la educación de los más jóvenes, pasó a ser un soporte de su cultura. A pesar de ello los adultos, - padres y maestros – siguen utilizándola para ilustrar la palabra, para darle fuerza y amplitud al discurso, sin comprender el alcance que tiene como lenguaje y portadora de sentido. Se requiere, por lo tanto, de un severo replanteamiento que pasa por admitir que los medios audiovisuales son parte de la cotidianidad, de la vida diaria de las personas. Más aun, es necesario aceptar que la propia cultura oficial y la escuela misma se ven interpeladas y amenazadas por esta cultura de la imagen. Los niños y jóvenes han crecido bajo la influencia de la cultura del espectáculo, en la cual la gratificación sensorial, el miedo al silencio y el rechazo por lo estático se halla presente. Así, las generaciones actuales privilegian lo concreto sobre lo abstracto, lo sensitivo sobre lo reflexivo. Hay que añadir además que frente a la cultura humanística, sistematizada y jerarquizada, la de la televisión es una cultura mosaico, caracterizada por la dispersión y el caos. Como lo señala Joan Ferrés, no se puede negar que en los jóvenes de hoy habita una sensibilidad relacionada con lo visual y lo intuitivo, frente a la urgencia de un pensamiento lógico, conceptual y deductivo, demandado por las instituciones formales. En un país como el Perú, en el que la oralidad sigue tan difundida como característica de las relaciones cotidianas, la imagen se convierte en un nuevo modo de comunicar. Primero la televisión, hoy la computadora e Internet. Hay quienes transitan de la oralidad a la imagen en la pantalla, sin pasar por la escritura.

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Document information

Published on 30/09/05
Accepted on 30/09/05
Submitted on 30/09/05

Volume 13, Issue 2, 2005
DOI: 10.3916/25745
Licence: CC BY-NC-SA license

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