Resumen

Los cambios trascendentales que se están produciendo en el audiovisual y que culminarán con el apagón analógico del 2012 están modificando sustancialmente la relación de los espectadores con el medio. Y ya no solo es en términos cuantitativos (tiempo dedicado a la TV, cuotas de share, número de abonados a TV pago, etc.), sino también cualitativos que se relacionan con la propia interacción entre la TV y público, y con las repercusiones socioculturales que se pueden derivar de la nueva situación. En apenas dos décadas se ha pasado del monopolio de la televisión institucional a una nueva concepción de televisión de mercado en convivencia con la televisión multicanal, todo ello en pleno reinado de Internet. Y dentro de 6 años estaremos de lleno en la TDT. Una triple evolución: multiplicidad / convergencia / conectividad. Conocidos son los rasgos del nuevo escenario audiovisual: crecimiento y diverficación de la oferta (pública/privada, abierta/de pago, generalista/temática, terrestre/satélite/cable); atomización e inelasticidad de la demanda, importancia creciente de los ingresos directos provenientes del espectador; desaparición del lastre de la parrilla televisiva, nuevos métodos de audiometría y nuevas reglas de programación/mercado, nuevos servicios personalizados de la anytelevisión (anywhere, anyhow, anytime, anything), etc. Esto se ha traducido de momento, amén de en una mayor fragmentación de audiencias, en el progresivo cambio del papel reservado al telespectador (fundamentalmente, de pasivo a activo, de público a usuario), algo que, a su vez, está produciendo importantes transformaciones en los programas (especialmente en los de entretenimiento) y configurando un nuevo diseño de las relaciones entre el medio y su entorno, entre el emisor y el destinatario, en la que el medio ha dejado de ser el mensaje en el sentido que anunciaba McLuhan. Esta incipiente televisión interface, que presenta como carta de identidad una simulación constante de la virtualidad interactiva, que regula el tránsito entre lo privado y lo público diluyendo sus fronteras, que hace uso de una actividad comunicativa de los programas (que suele ser más importante que los propios programas) centrada en el eje del imaginario del telespectador y que pone de manifiesto su deseo de identificarse con él, que busca atender al telespectador con un trato personalizado de usuario, supone un revulsivo en el marco de las teorías tradicionales de la recepción. A los conocidos mecanismos de participación del telespectador, como son la identificación y la proyección, se viene a sumar el de la interacción, una llamada a la participación en el ritual televisivo inserto en los nuevos modos de consumo deudores del advenimiento de lo digital. Los programadores de las cadenas intentan convertir el espectáculo televisivo en todo tipo de material extratelevisivo (véanse los programas de telerrealidad), transformando el contacto con el espectador en la función dominante de la comunicación y convirtiendo la participación del público/espectador en el eje del programa. El objeto de este estudio es determinar el lugar del espectador en las tendencias actuales de la televisión en sus distintas modalidades. ¿Cómo se articula la relación entre emisor y destinatario en el magma de la creciente hibridación de géneros y formatos televisivos y en la confluencia de pantallas diversas (Televisión/Internet/Móvil)? ¿Cuáles son los modelos de telespectador o telespectadores modelo en los nuevos estudios de la recepción?

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Document information

Published on 30/09/05
Accepted on 30/09/05
Submitted on 30/09/05

Volume 13, Issue 2, 2005
DOI: 10.3916/25712
Licence: CC BY-NC-SA license

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