Resumen

«Se tilda a la televisión generalista de telebasura. Hay parte de la programación a la que puede aplicarse tal calificativo. Pero no tiene por qué ser así…»1 La comunicación «La televisión que merecemos» intenta concretar una definición de televisión de calidad basada en los tres componentes básicos que vertebran el concepto de televisión: las necesidades y preferencias de la audiencia, los contenidos y la realización técnica de los programas. La actual Sociedad de la Información somete al individuo a una constante avalancha informativa que lo satura y desborda, generando en él una necesidad de descanso intelectual que se satisface mayoritariamente a través de la televisión, de los productos multimedia e Internet como vías de escape con que evadirse de la cotidianidad. Se ve la televisión porque se está solo, porque se tiene miedo o ansiedad, porque no se tiene dinero para hacer otra cosa, para huir de los problemas, porque se está aburrido o frustrado, para evitar las lagunas comunicativas cuando se está reunido y, por supuesto, para formarse, informarse y entretenerse2. Cualquier tipo de contenido puede satisfacer estas necesidades, siempre y cuando sean tratados bajo criterios de calidad, entendida ésta como «superioridad o excelencia»3. Es decir, lo importante no es el qué, ya que la pluralidad de individuos y caracteres justifica la existencia y divulgación de contenidos de muy diversa índole, sino el cómo, la manera en que estén tratados y presentados. Este cómo implica un respeto a los principios democráticos que rigen la sociedad actual y a los derechos del individuo. Todo lo recogido hasta aquí es objeto de un amplio y dilatado debate entre los profesionales y teóricos de la comunicación, sin embargo, se echa en falta un análisis del tercer eje que vertebra el concepto de Televisión de Calidad aquí expuesto, la realización técnica. Precisamente ahora que se cuenta con más recursos que nunca, con avances tecnológicos que implementan de manera constante el sector audiovisual, y con multitud de centros de estudios para la formación de personal cualificado, es cuando más se echa en falta una cuidada realización en cuanto a aspectos técnicos básicos de sonido, vídeo e iluminación. Errores de esta índole se ven en televisión cada día, con tanta asiduidad que el telespectador los asume como propios e inherentes al medio televisivo. Hay que educar a la audiencia, tanto cultural como técnicamente, a la hora de ver televisión. «Cada pueblo tiene la televisión que se merece»4, merezcámonos, pues, una televisión de calidad.

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Published on 30/09/05
Accepted on 30/09/05
Submitted on 30/09/05

Volume 13, Issue 2, 2005
DOI: 10.3916/25797
Licence: CC BY-NC-SA license

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