Resumen

La televisión se ha convertido en un fenómeno que inquieta a la mayor parte de la sociedad. Pero inquieta y enamora, ambas cosas a la vez. La belleza de las imágenes, su ritmo trepidante, las tramas, complicadas o sencillas, pero emotivas siempre, enganchan a los telespectadores, que buscan, después de una dura jornada de trabajo o como colofón a un día complicado sentarse delante del televisor y descansar. Pero pocas veces lo consiguen, pocas veces la televisión responde a nuestras expectativas. En la mayoría de las ocasiones defrauda y en muchas nos hace ver lo que no queremos ver, asistir al espectáculo al que en condiciones normales nunca asistiríamos. Y así, defraudados, descontentos con nosotros mismos, nos volvemos contra el medio criticándolo. Tenemos razón, pero hemos perdido la congruencia en alguna medida. Y es que la televisión está llena de contradicciones. A una de ellas nos referimos en este artículo; a la contradicción de estar insatisfechos, completamente insatisfechos, pero a seguir siéndole fieles, absolutamente fieles.

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Published on 30/09/05
Accepted on 30/09/05
Submitted on 30/09/05

Volume 13, Issue 2, 2005
DOI: 10.3916/25689
Licence: CC BY-NC-SA license

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