ABSTRACT

Ahora, cuando el crecimiento y el empleo están de vuelta en las economías de la zona euro, es el momento de mirar atrás y analizar con detenimiento cómo ha sido la salida de la crisis, qué reformas institucionales se han adoptado y qué queda por hacer. Esta contribución, tras detallar el esfuerzo legislativo ya realizado, presenta las propuestas lanzadas por la Comisión Europea para profundizar en la Unión Económica y Monetaria en el marco de las perspectivas económicas para la zona euro a medio plazo. Su propósito es animar el debate sobre el diseño de la futura arquitectura institucional de la Unión Europea con la que pueda responder a los numerosos retos presentes y futuros a los que se enfrenta.

Palabras clave: Integración Europea, Unión Económica y Monetaria, Reforma de la Unión Europea, Perspectivas Económicas, Crisis Financiera

+Director y Jefe de Unidad, respectivamente; DG ECFIN; Comisión Europea

Las opiniones vertidas en este trabajo no reflejan necesariamente las de la Comisión Europea y son exclusivamente responsabilidad de sus autores.

1. Introducción

La economía de la zona euro entra en su quinto año de recuperación, lo que representa una ocasión única para analizar los retos a los que se enfrenta la Unión y cómo las instituciones comunitarias los están abordando. Esta reflexión parece especialmente pertinente cuando unas tasas de crecimiento relativamente elevadas y sostenidas en muchos Estados miembros coexisten con una reducción en ocasiones lenta de los legados de la crisis y con la atonía de la inversión y los salarios.

En la próxima sección analizamos las perspectivas de crecimiento de la zona euro en base a las previsiones de invierno de la Comisión Europea1 (EC, 2018) hasta 2019.

La tercera sección, con una visión más de largo plazo, mira al pasado para evaluar las características esenciales de la recuperación de la zona euro después de sufrir la doble crisis financiera y de deuda entre 2009 y 2011.

Desde esta perspectiva se analizan en la cuarta sección las medidas con las que la Unión Europea ha hecho frente a algunos de esos retos. Una atención especial se otorga en la quinta sección a las propuestas adoptadas al final de 2017 para profundizar la Unión Económica y Monetaria. La sexta sección presenta una breve y inevitablemente provisional conclusión sobre el proceso de reforma institucional de la Unión.

2. Situación económica y perspectivas de crecimiento a medio plazo

Las previsiones de invierno de la Comisión proyectan un crecimiento del PIB de la zona euro del 2.3% para este año 2018 (Figura 2.1). Para 2019 se prevé una moderada desaceleración hasta el 2%. Estas tasas se proyectan después del registro del 2.4% el año pasado, lo que contrasta con la contracción del 0.4 registrada en media anual entre 2009 y 2013. El año 2014 marcó el fin de la doble crisis financiera en 2009 y de deuda soberana en 2011.

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Durante estos años, la economía europea ha mostrado una notable resiliencia ante un número considerable de retos de gran envergadura: desde el bajo crecimiento de la economía y el comercio globales, a las tensiones geopolíticas persistentes, que también se han materializado en ataques terroristas, la fragilidad del sistema bancario en algunos países, el referéndum para la salida de la Unión Europea en el Reino Unido o las reacciones proteccionistas contra la globalización y el cambio tecnológico.

El crecimiento se apoya en todos los componentes de la demanda: consumo, inversión y sector exterior. El consumo privado continúa creciendo gracias al buen ritmo de creación de empleo y a la mejora constante de la confianza de los consumidores (Figura 2.2). La inversión crece ahora con fuerza. El sector manufacturero acelera espoleado por las favorables condiciones de financiación y por los también altos niveles de confianza empresarial. Finalmente, en línea con un comercio mundial al alza, las exportaciones europeas prosiguen su expansión a pesar de la fortaleza del euro, aunque su contribución al crecimiento del PIB es limitado, ya que las importaciones también aumentan siguiendo la senda del consumo y la inversión.

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Las condiciones monetarias en la zona euro siguen acomodaticias, los gastos de financiación son bajos y la oferta de crédito aumenta. La política fiscal es neutral y se proyecta así en el medio plazo, lo que contrasta con los años anteriores a 2015 en los que fue contractiva, representando un freno al crecimiento. Además, el empleo ha estado creciendo hasta ahora de forma sostenida, el desempleo retrocede gradualmente, y los niveles de confianza están en máximos, batiendo records de forma reiterada en los últimos meses

Sin embargo, junto a estos fundamentos que están sustentando el crecimiento en la zona euro, también encontramos una serie de retos, entre los que podemos destacar al menos tres. En primer lugar, los legados de la crisis -niveles de deuda y paro, principalmente- se están corrigiendo muy lentamente, la inversión aún no ha recuperado los niveles pre-crisis y el crecimiento de los salarios sigue débil. Vamos a tratar estas cuestiones en el siguiente capítulo, pero antes, con el fin de analizar más en detalle los factores que sostienen el crecimiento en la zona euro, es conveniente detenerse en las hipótesis externas que enmarcan las previsiones de la Comisión.

Con respecto a los tipos de interés, la Comisión prevé que los de corto plazo permanezcan próximos a cero a lo largo del horizonte de predicción. De hecho hasta el final de este año se situarán en territorio negativo. Los tipos de interés a largo seguirán también en niveles muy bajos, en el entorno del 0.75%. Respecto a los tipos de cambio, no se prevé una volatilidad significativa. Aunque el tipo de cambio del euro se ha apreciado notablemente desde principios del año pasado, no se piensa que la tendencia vaya a continuar y se considera que el cambio con el dólar se mantendrá relativamente estable en los niveles actuales.

Los precios del petróleo (Figura 2.3) han registrado un recorrido alcista en 2017, propiciado por la extensión del acuerdo entre la OPEC y Rusia y por las tensiones geopolíticas en Oriente Medio. Sin embargo, se considera que el impacto será más moderado en este año y el que viene por el aumento de la producción en los países de fuera de la OPEC, especialmente los EEUU.

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Respecto a las perspectivas globales, se confirma que éstas han mejorado de manera significativa tanto para las economías avanzadas como para las emergentes (Figura 2.4). La actividad global se proyecta estable y sólida en el entorno del 4% en 2018 y 2019. En cuanto al comercio mundial, su crecimiento aceleró fuertemente en 2017 y la tasa de crecimiento esperada en 2018 y 2019 se sitúa en torno al 4½%.

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En este marco global, la recuperación económica de la zona euro se caracteriza por una respuesta vigorosa del empleo acompañada por un crecimiento débil de los salarios nominales, que mantiene la inflación subyacente alejada de los niveles históricos que serían consistentes con las tasas de actividad registradas. En primer lugar, se espera que las condiciones en el mercado de trabajo de la zona euro continúen mejorando, y que el crecimiento del empleo se mantenga firme tanto en 2018 como en 2019 (Figura 2.5). Sin embargo, a pesar de esta creación de empleo, el mercado de trabajo sigue débil. Si bien es cierto que esperamos que el desempleo siga cayendo, todavía no lo ha hecho por debajo de los niveles anteriores a la crisis. La tasa de paro para la zona euro, en su conjunto, seguirá situándose ligeramente por debajo del 9% durante este año.

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Nos encontramos ante una situación en la que la economía está creciendo alrededor de un 2% y el empleo aumenta a un ritmo aproximado de un 1%. Por tanto, la productividad está creciendo solo un punto anual. Si la productividad no crece de forma intensa tampoco lo harán los salarios. De hecho, de acuerdo a la previsión de otoño2, se estima que los salarios aumentarán entorno al 1,8% este año, para rebasar justo el 2% el año que viene. Este bajo crecimiento de los salarios es consistente con un crecimiento de la inflación subyacente de solo 1¼% este año. Se espera que la inflación en su conjunto se mantenga este año en un nivel similar al del año pasado, en el entorno del 1.5%, sostenida por el efecto de los precios de la energía (Figura 2.6).

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Este escenario central de crecimiento está sujeto a una serie de riesgos, relativamente equilibrados. Comenzando por los riesgos al alza, en el corto plazo, la economía podría acelerar más rápidamente durante este año en caso de que la Unión Europea entrase en un círculo virtuoso en el que los incrementos en la confianza empresarial, en la inversión y en los salarios se retroalimentaran. Si esto ocurriera, la economía europea tendría que hacer frente a limitaciones por el lado de la oferta, y eso antes de lo esperado. Con una visión más a medio plazo, progresos palpables en la profundización de la Unión Económica y Monetaria (UEM), de la que nos ocuparemos más adelante, podrían aumentar aún más la confianza y el crecimiento, haciendo además a la zona euro más resistente ante shocks asimétricos.

Las previsiones de la Comisión también están sujetas a riesgos a la baja. Estos consisten fundamentalmente en riesgos externos a la zona euro, incluyendo un endurecimiento de las condiciones monetarias, especialmente en los EEUU, así como una corrección repentina en los mercados financieros, con los efectos concomitantes sobre el consumo y la inversión producidos por la caída de la riqueza y el aumento de la volatilidad y la incertidumbre.

Por otro lado, no podemos olvidar los riesgos asociados a China, que está en un proceso de reequilibrio de su economía, hacia un mayor peso de la demanda doméstica. La cuestión que ahora se plantea se refiere al tipo de ajuste que puede ser equilibrado o convertirse en un ajuste duro que tenga consecuencias importantes para el comercio internacional.

Los riesgos geopolíticos siguen siendo también muy elevados. Tampoco podemos olvidar que el Brexit plantea retos importantes para la zona euro, incluyendo la volatilidad asociada al proceso de negociación.

Por último, también hay que señalar un riesgo de tipo doméstico asociado a la fragilidad en ciertas partes del sector bancario en Europa. Es importante señalar que efectivamente se trata de algún elemento localizado porque hay muchos países en los cuales los riesgos asociados al sector bancario son muy bajos.

Como ya hemos mencionado más arriba, en cifras agregadas para la Unión Europea y para la zona euro, la actividad económica se proyecta expansiva en todo el continente. Entrando más en detalle en las previsiones para cada país, en la mitad de ellos la actividad económica se va a mantener en tasas de crecimiento elevadas y similares a las de 2017. En Alemania, el crecimiento se situaría en el 2.3% alimentado por el consumo privado gracias a un robusto crecimiento de empleo, y por la inversión espoleada por una alta utilización de la capacidad disponible. En Francia, la economía ha acelerado de manera significativa durante el año pasado, y se espera que el PIB crezca un 2% en 2018, animado por la inversión en equipo y en construcción, beneficiándose de un cierto repunte en el consumo privado. La economía italiana también gana terreno, pero todavía en cifras que muestran una clara debilidad. El PIB podría crecer un 1.5% en 2018 gracias a la expansión internacional y a un cierto aumento de su demanda doméstica. Sin embargo, sus debilidades estructurales, incluyendo las del sector financiero, dragan su crecimiento potencial. En el Reino Unido, la economía está mostrando por ahora una cierta fortaleza, aunque la debilidad del consumo y de la inversión explican que la previsión de crecimiento para 2018 no llegue al 1.5%. Por otro lado, el Reino Unido todavía se está beneficiando del crecimiento del sector exterior que sigue sostenido por la depreciación de la libra.

Con respecto a España, las previsiones de la Comisión Europea continúan presentando una economía en expansión con crecimientos trimestrales estables en el entorno a los ¾% (Figura 2.7). En concreto, se estima que el PIB creció un 3.1% en 2017. Se espera que el consumo siga siendo el principal motor de crecimiento en 2018, aunque ligeramente menos dinámico, en línea con la moderación esperada en la creación de empleo. Además, con unas previsiones de precios del petróleo más altas, la renta disponible de los hogares se verá negativamente afectada en términos reales. Con respecto a la inversión, tanto la que se refiere a equipo como la asociada a la construcción, también presenta un perfil en desaceleración, en línea con una demanda doméstica menos dinámica. La contribución del sector exterior será positiva, animada por unas exportaciones que continúan al alza y gracias a unas importaciones menos dinámicas en línea con la demanda doméstica. Así pues, la economía española debería alcanzar una tasa de crecimiento en el entorno del 2.6% en 2018. Finalmente, señalar que la inflación alcanzó el 2% en 2017 y se prevé una disminución hasta el 1.6% en 2018, reflejando efectos de base negativos asociados a los precios del petróleo en la última parte del año.

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3. La salida de la crisis en la zona euro

Para comprender mejor cómo se está produciendo esta recuperación económica en la zona euro, puede resultar útil compararla con lo que ha ocurrido en otras áreas económicas. Consideramos el conjunto de las economías más avanzadas y las agrupamos en dos categorías. En primer lugar, el grupo de países que, o bien no sufrieron la crisis económica, o lo hicieron de una manera muy débil. Aquí incluimos Australia, Corea del Sur, Noruega, Canadá y Nueva Zelanda. Por otro lado, consideramos el grupo de países de la OCDE que sufrieron la crisis económica pero que no pertenecen a la zona euro, como Estados Unidos, Suiza, Japón, Suecia y el Reino Unido.

Medido en términos reales, el PIB agregado del grupo de economías que no sufrieron la crisis sería ahora alrededor de un 25% mayor de lo que era en 2008. Si consideramos el segundo grupo, en el que se encuentra Estados Unidos, su PIB en términos reales se situaría alrededor de un 15% por encima de lo que era en el momento de estallar la crisis. Y, finalmente, en el caso de la zona euro, el PIB en 2017 fue apenas un 5% mayor de lo que era en 2008 (Figura 3.1).

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Fuente: Comisión Europea

Es decir, la zona euro ha estado creciendo entre 2013 y 2017 de una manera muy lenta. Asociado a esto, las estimaciones realizadas por los servicios de la Comisión apuntan a que su potencial de crecimiento a largo plazo se ha reducido prácticamente a la mitad, pasando de ser un 2% por año a tan solo un 1%.

El principal factor explicativo de esta divergencia entre la zona euro y los dos grupos de países considerados parece encontrarse en el comportamiento débil de la demanda doméstica, y en particular de la inversión en la zona euro. En el grupo de países que no sufrieron la crisis, la inversión es, en este momento, aproximadamente un 20% mayor de lo que era en 2008. Además, en el caso de Estados Unidos y de aquellos países que sufrieron la crisis y no pertenecen a la zona euro, la inversión es hoy alrededor de un 15% mayor. Es decir, teniendo en cuenta que estas cifras no se alejan significativamente de las ya mencionadas sobre la evolución del PIB, en estos dos grupos de países, la relación entre la inversión y el PIB ha sido más o menos constante. Sin embargo, en el caso de la zona euro, la inversión es ahora un 5% menor de lo que era en 2008. Como consecuencia, en términos del PIB, el ratio de inversión en la zona euro se sitúa en estos momentos alrededor de 2 puntos por debajo del nivel que tenía en 2008 (Figura 3.2).

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Fuente: Comisión Europea

Estudiando más en detalle los componentes de la inversión, se puede también observar que aquélla destinada a la construcción ha caído más que la inversión en equipo. Pero esto no nos debe llevar a la conclusión precipitada de que es la inversión en construcción la única responsable de la atonía inversora al ajustarse a unos niveles más en línea con sus fundamentales. De hecho, la inversión en equipo no ha sufrido un repunte significativo y se sitúa aproximadamente en el mismo nivel con respecto al PIB que en 2008.

Para encontrar las razones que se encuentran detrás de esta falta de entusiasmo inversor en la zona euro, nos puede ayudar centrar nuestra atención en el comportamiento del ahorro. Antes de la crisis, en una serie de países, principalmente de la periferia como España, la inversión superaba al ahorro. Por ejemplo, el gap en España llegó al 10% del PIB en las vísperas de la crisis. El exceso de inversión era financiado por otras economías, como la alemana, en las que había un exceso de ahorro respecto a su inversión. Se trataba, pues, de trasvases de ahorro entre países dentro de la zona euro. Como la balanza por cuenta corriente no es sino la diferencia entre el ahorro y la inversión de la zona económica en cuestión, no es sorprendente que, en su conjunto, la zona euro exhibiera una posición de equilibrio exterior en 2008.

A partir de esa fecha los países periféricos como España ajustaron en gran medida sus economías, es decir, pasaron de tener un déficit por cuenta corriente a tener un balance exterior en equilibrio o incluso en superávit. Mientras tanto, los países del centro, en particular Alemania, en vez de aumentar su inversión, incrementaron todavía más el ahorro. El resultado es que la balanza por cuenta corriente en la zona euro ha pasado de situarse en el equilibrio a registrar un excedente de aproximadamente el 3% del PIB (Figura 3.3).

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En cambio, cuando analizamos los datos de Estados Unidos o del Reino Unido, observamos que sus balanzas por cuenta corriente son deficitarias. Es decir, están invirtiendo más de lo que ahorran. Tras el estallido de la crisis tanto el ahorro como la inversión caen en la zona euro (Figura 3.4), y lo mismo ocurre en Estados Unidos (Figura 3.5). Sin embargo, mientras el ahorro en la zona euro se recuperó rápidamente después de la crisis, la inversión no lo hace.

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La parte del ahorro que no se invierte dentro de una economía, obviamente no va a engrosar la demanda doméstica de esa economía, sino que termina invertido en el exterior. En el caso concreto de la zona euro, ya hemos señalado que se trata de aproximadamente un 3% de su PIB, lo que representa unos 300,000 millones de euros que cada año salen de la zona euro.

La atonía de la inversión durante los últimos años podría explicar en parte el bajo crecimiento registrado por la zona euro. La debilidad de la demanda doméstica generaría unas expectativas de crecimiento moderadas, que a su vez retraería la inversión, debilitando la demanda doméstica. Como las perspectivas de crecimiento son débiles, la inversión se retrae y, al retraerse ésta, la demanda doméstica se debilita aún más y, así, podríamos entrar en un bucle de previsiones negativas o "profecías" auto cumplidas, según el cual el resultado final es un crecimiento débil de la economía de la zona euro, reduciendo el crecimiento a largo plazo.

Aunque el perfil de crecimiento de la zona euro parece apuntar a un círculo pernicioso de estas características, especialmente hasta 2016, los datos sobre la confianza y la inversión desde la mitad del año pasado sugerirían que, de haber existido, el círculo entre los bajos niveles de inversión, la atonía de la actividad y las expectativas de los agentes se habría roto.

En todo caso, el bajo crecimiento registrado por la zona euro durante la crisis ha influido decisivamente en la manera en que se están corrigiendo los desequilibrios económicos. En particular, el nivel de deuda con respecto al PIB y el paro disminuyen lentamente, aunque las perspectivas económicas actuales a medio plazo podrían acelerar el proceso de reducción de los legados de la crisis.

La atonía del crecimiento nominal obliga a reducir los niveles de deuda vía el desapalancamiento activo, lo que a su vez requiere de un aumento del ahorro, con las consecuencias ya descritas sobre la demanda doméstica y, en particular, sobre la inversión. La consecuencia es la prolongación de la atonía del crecimiento nominal y la necesidad añadida del desapalancamiento activo. El proceso se detiene cuando el nivel de deuda ha bajado lo suficiente como para poder liberar recursos al consumo y la inversión, lo que potencia el desapalancamiento pasivo mediante un mayor PIB nominal. Evidentemente, hay otra manera de reducir la deuda de forma pasiva, el aumento de la actividad vía la demanda externa, lo que, a la luz de lo visto en la sección precedente, podría estar ocurriendo en la actualidad.

El estrecho vínculo entre empleo y actividad permitiría extender el razonamiento al otro legado importante de la crisis, la atonía del mercado de trabajo y, en particular, las todavía elevadas tasas de paro en algunos países. Aunque la recuperación económica está siendo intensiva en creación de empleo, los salarios nominales crecen muy lentamente. Ello estaría íntimamente ligado con el bajo crecimiento de la productividad, que refleja la caída del crecimiento potencial.

El empleo está recuperando las tasas de crecimiento previas a la crisis. En los dos últimos años, la creación de empleo alcanzó el 1½%, comparable a la tasa media observada entre los años 2000 y 2007. Con respecto al desempleo, con una tasa cercana al 9% 2017, todavía se encuentra ligeramente por encima de los niveles anteriores a la crisis, de 8.7% de media en el periodo 2000-2007. Esto es debido a que en algunos países como España o Grecia, el nivel de paro es todavía muy alto, mientras que en la mayoría de Estados miembros los niveles de desempleo ya se sitúan de nuevo en niveles similares o incluso inferiores a los registrados antes de la crisis.

El crecimiento de los salarios en términos nominales -medido por la compensación media por empleado- presenta una gran disparidad entre el comportamiento anterior y posterior a la crisis. Si durante el periodo 2000-2007, los salarios crecieron en media un 2.6% anual en la zona euro, la media desde 2013 apenas llega al 1.5% (Figura 3.6). Por otro lado, midiendo la inflación con el índice armonizado de precios al consumo, éste pasó de presentar una tasa media anual del 2.2% entre 2000 y 2007, a tan sólo un 0.2% entre 2014 y 2016. Así pues, en términos reales, el crecimiento de los salarios ha sido similar en media, incluso ligeramente superior, en estos últimos años con respecto a su evolución en el periodo inmediatamente anterior a la crisis.

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Mención aparte merece la evolución salarial por empleado en el año 2017. Mientras en términos nominales, su incremento se ha mantenido en línea con los años anteriores en un 1.6%, la inflación ha repuntado de forma notable hasta el 1.5%, lo que implica que en términos de poder adquisitivo, apenas ha habido cambios. Además, en países como Bélgica, España, Italia o Finlandia, la evolución de los salarios en términos reales ha sido negativa. Queda por ver si este estancamiento de los salarios en términos reales confirma efectivamente una atonía más estructural del mercado de trabajo en la zona euro.

También la productividad está presentando un perfil de crecimiento diferente antes y después de la crisis. Si durante el periodo comprendido entre el año 2000 y el año 2007, la productividad aumentó un 1.1% al año en la zona euro, desde 2013, la tasa media anual ha descendido hasta el 0.7%.

Así pues, el crecimiento salarial en términos nominales, que a primera vista resulta tan dispar entre la situación anterior y posterior a la crisis, finalmente no se habría distanciado tanto de sus variables fundamentales, inflación y productividad.

A pesar de todo, resulta sorprendente que en este ciclo los salarios no hayan respondido de forma más dinámica al cierre del output gap que ha tenido lugar durante estos últimos años, como sí ha ocurrido en la fase de recuperación en otros ciclos. Siguiendo el análisis de los servicios de la Comisión Europea3, parece existir evidencia de que la curva de Phillips en la zona euro sería ahora más horizontal, es decir, menos sensible a las condiciones cíclicas y más dependiente, en cambio, de la inflación pasada.

Además, se pueden también señalar dos factores adicionales que ayudarían a entender mejor esta cierta atonía en el mercado de trabajo. En primer lugar, la calidad del empleo creado en esta fase de recuperación ha sido inferior al de otros ciclos. De hecho, el porcentaje de trabajadores a tiempo parcial es incluso mayor ahora que en año 2008. En segundo lugar, y en estrecha relación con el anterior, el número de horas trabajadas por empleado se mantiene prácticamente estancado año tras año, mientras que en periodos de recuperación este indicador suele incrementarse, debido a que los trabajadores que durante la crisis habían aceptado empleos a tiempo parcial, tienden a aumentan su jornada laboral hasta trabajar a tiempo completo.


4. La respuesta a la crisis

La necesidad de establecer una coordinación cada vez más estrecha de políticas económicas entre los diferentes países de la Unión Europea, y más en concreto de aquéllos pertenecientes a la UEM, resultó evidente desde el comienzo de la crisis. Así pues, tanto la Comisión Europea como el resto de instituciones comunitarias dieron pasos importantes para mejorar la gobernanza económica en la Unión.

Por una parte, se reforzó la vigilancia presupuestaria reformando el pacto de estabilidad y crecimiento (PES) mediante la adopción del six-pack y del two-pack. La reforma hizo especial hincapié en dos áreas. Por un lado, la prevención, con el fin de evitar la aparición de déficits públicos excesivos, en vez de tener que penalizarlos (brazo corrector del PES). Y, por otro lado, poniendo más énfasis en la sostenibilidad de la deuda, que no es sino el resultado de la acumulación de déficits a lo largo del ciclo. Además, se otorgó a la Comisión la facultad exclusiva de evaluar los proyectos de presupuestos de los miembros de la zona euro antes de que sean aprobados por los respectivos parlamentos. El objetivo es evaluar si dichos proyectos de presupuestos respetan el PES.

Se amplió el dominio de la vigilancia económica en la Unión con un nuevo proceso, el Procedimiento de desequilibrios macroeconómicos (PDM), lo que, junto con el PES, permitió un análisis integral de la situación económica de cada país. El objetivo final es detectar la aparición de desequilibrios macroeconómicos y proceder a su corrección mediante la aplicación de las políticas económicas más adecuadas a cada caso. La detección temprana de tales desequilibrios y, en su caso, la rápida corrección de los mismos podrían evitar crisis de deuda exterior y competitividad como los que retroalimentaron la burbuja financiera.

Estos dos mecanismos, la reforma del PES y la creación del PDM se integran en el llamado Semestre Europeo. El Semestre (figura 4.1) es un ciclo de coordinación de políticas económicas que empieza en noviembre con la adopción de la Encuesta Anual de Crecimiento (EAC). En ésta se establecen las prioridades de la política económica en la Unión para el año siguiente.

Además de la EAC, el llamado paquete de otoño incluye también el Informe sobre Mecanismo de Alerta en el que se establece para qué Estados miembros es necesario llevar a cabo un análisis en profundidad de la evolución de una serie de indicadores económicos a fin de detectar y en su caso corregir posibles desequilibrios macroeconómicos. Dicho informe cubre una larga serie de indicadores, además de las finanzas públicas, se analizan la evolución de la economía real en términos de deuda, privada y exterior, crecimiento potencial y productividad, costes salariales, funcionamiento de los mercados de trabajo y productos, mercado de la vivienda, mercados financieros y sector bancario, entre otros.

El paquete de otoño incluye también las recomendaciones de política económica para la zona euro, mediante las que se enmarcan los objetivos y recomendaciones de política económica para los miembros de la zona euro.

En el llamado paquete de invierno, publicado en febrero, la Comisión Europea adopta los informes específicos para cada país, en los que analiza en profundidad y en extensión, la situación de las distintas economías de la Unión Europea. Los informes proporcionan un diagnóstico para cada Estado miembro, en base al que la Comisión evalúa la gravedad de los posibles desequilibrios. Se decide además si el país en cuestión no presenta desequilibrios, si los presenta y, en este caso, si los desequilibrios son excesivos. Los estados miembros que presentan desequilibrios, sean o no excesivos, están sujetos a un proceso de seguimiento específico. La Comisión presenta dos informes al año al Consejo en los que se analizan los progresos realizados en la corrección de los desequilibrios.


Legislación relevante sobre la supervisión fiscal y el semestre europeo en respuesta a la crisis.
Sin pretender presentar de forma exhaustiva toda la actividad legislativa llevada a cabo por las Instituciones Europeas en respuesta a la crisis, la siguiente lista da una idea bastante precisa de los importantes cambios llevados a cabo.
Reglamento (UE) nº 1173/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de noviembre de 2011, sobre la ejecución efectiva de la supervisión presupuestaria en la zona del euro;
Reglamento (CE) nº 1174/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de noviembre de 2011, relativo a las medidas de ejecución destinadas a corregir los desequilibrios macroeconómicos excesivos en la zona del euro;
Reglamento (UE) nº 1175/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de noviembre de 2011, por el que se modifica el Reglamento (CE) nº 1466/97 del Consejo, relativo al reforzamiento de la supervisión de las situaciones presupuestarias y a la supervisión y coordinación de las políticas económicas;
Reglamento (CE) nº 1176/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 denoviembre de 2011, relativo a la prevención y corrección de los desequilibrios macroeconómicos;
Reglamento (UE) nº 1177/2011, de 8 de noviembre de 2011, por el que se modifica el Reglamento (CE) nº 1467/97, relativo a la aceleración y clarificación del procedimiento de déficit excesivo;
Reglamento nº 472/2013 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 21 de mayo de 2013, sobre el reforzamiento de la supervisión económica y presupuestaria de los Estados miembros de la zona del euro cuya estabilidad financiera experimenta o corre el riesgo de experimentar graves dificultades;
Reglamento (UE) nº 473/2013 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 21 de mayo de 2013, sobre disposiciones comunes para el seguimiento y la evaluación de los proyectos de planes presupuestarios y para la corrección del déficit excesivo de los Estados miembros de la zona del euro.

La Directiva 2011/85/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 8 de noviembre de 2011, sobre los requisitos aplicables a los marcos presupuestarios de los Estados miembros.


En base a las conclusiones de los informes país y teniendo en cuenta los programas nacionales de reforma4 y los de estabilidad o convergencia5, que los Estados miembros presentan en abril, en mayo la Comisión adopta las recomendaciones específicas para cada país. Estas establecen las prioridades de política económica, incluyendo, en su caso, aquellas enfocadas a la corrección de los desequilibrios en los que está inmerso el Estado miembro en cuestión. El ciclo se completa en octubre, cuando los países de la zona euro presentan a la Comisión sus proyectos de presupuesto, que la Comisión analiza detalladamente para comprobar que son conformes a las recomendaciones específicas y a las reglas de vigilancia presupuestaria.

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Fuente: Comisión Europea

Este año la EAC señala la necesidad de continuar y profundizar con lo que se denomina el triángulo virtuoso, consistente en relanzar la inversión, profundizar en las reformas estructurales e implementar una política fiscal responsable. Con respecto a ésta última, se entiende que aquellos países que tienen margen de maniobra y cuyos niveles de deuda no son elevados, deberían llevar a cabo una política fiscal de apoyo a la demanda doméstica, mientras que los países que no tienen margen fiscal deberían adoptar una política fiscal más prudente.

Unido a esto, la Comisión subraya la importancia crucial de que el recientemente creado Pilar Social sirva como brújula en la implementación concreta del triángulo virtuoso6. Así pues, si se subraya la necesidad de que las reformas estructurales han de llevar a mercados de trabajo cada vez más eficientes, ello incluye que estos hagan hincapié en la formación de los trabajadores, en que sus condiciones en el lugar de trabajo sean cada vez mejores, en la necesidad de promover la igualdad de oportunidades, en impulsar la productividad, también con el objetivo de que los salarios aumenten con arreglo a ella, y en definitiva, que los sistemas de protección social de diseñen de manera que sean, no sólo adecuados sino también sostenibles en el tiempo.

Estrechamente unido a uno de los elementos del triángulo virtuoso, la necesidad de potenciar la inversión, está el llamado plan Juncker7. El objetivo de este plan es abordar la falta de crecimiento o el bajo crecimiento de la inversión en Europa. Como hemos señalado en el capítulo anterior, la inversión medida en términos de PIB ha caído dos puntos con respecto a la mitad de la pasada década. En paralelo, el superávit por cuenta corriente de la zona euro se sitúa alrededor del 3% del PIB. Es decir, cada año, aproximadamente 300,000 millones de euros de ahorro que se generan en la zona euro no se invierten en ella. El plan Juncker trata precisamente de revertir esa tendencia.

Para ello, se ha creado un fondo estratégico de inversión dotado con 21,000 millones de euros a disposición del Banco Europeo de Inversiones (BEI), que genera alrededor de unos 61,000 millones de euros en préstamos y que financian alrededor del 20% de cada inversión considerada como estratégica. De manera que ese fondo de 21,000 mil millones puede generar hasta 315,000 millones en inversiones. De hecho, el plan ya ha alcanzado la cifra de 264,000 millones8, y está previsto que llegue durante este verano a la cifra ya mencionada de 315,000 millones.

Como el BEI garantiza completamente 1 euro de cada 15 invertidos, el riesgo asociado a la inversión cae. Por otra parte, de estos 315,000 millones de euros, 75,000 van a la pequeña y mediana empresa y el resto (unos 240,000 millones) se destinan a financiar proyectos a largo plazo en sectores como la investigación y desarrollo, el transporte, la energía, las TIC, el medioambiente y el capital humano. Además, el 14 de septiembre de 2016, la Comisión puso encima de la mesa del Consejo una propuesta para aumentar la potencia de fuego del plan, así como su duración. Así pues, el nuevo objetivo es que se llegue a movilizar 589,000 millones de euros.

No fue éste el único campo en el que se implementaron avances sustanciales. La otra vía a través de la cual la Comisión Europea y la Unión reaccionaron a la crisis fue la creación de la Unión Bancaria (figura 4.2). Ya desde 2011 se produjo un círculo pernicioso entre la deuda soberana y los bancos. En mercados de deuda fragmentados, en los que la mayor parte de la deuda soberana está en manos de los bancos nacionales, las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda soberana despiertan dudas sobre la solvencia de los bancos que la detentan. Por otro lado, las dudas sobre la solvencia de los bancos nacionales generan dudas sobre la sostenibilidad de la deuda de su soberano, pues los bancos insolventes deben de ser rescatados con dinero público. La acumulación de deuda soberana genera dudas a su vez sobre la solvencia de los bancos. Y el círculo se cierra.

Figura 4.2: elementos clave de la Unión Bancaria
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Fuente: Comisión Europea

Con la Unión Bancaria se trata de romper el vínculo entre el banco y el soberano, haciendo que el banco deje de ser nacional y desvinculando al soberano del rescate bancario. Para ello, se crearon dos instituciones: el mecanismo único de supervisión (MUS), que traslada las funciones supervisoras de los bancos centrales nacionales al banco central europeo (BCE) y el mecanismo único de resolución (MUR), que incluye el fondo de resolución bancaria (FRB), de manera que todos los bancos de la zona euro se resolvieran con arreglo a las mismas reglas y que el rescate no se llevase a cabo con dinero del contribuyente nacional sino con el dinero aportado por todos los bancos de la zona euro, que nutre el FRB. A estos dos pilares se suma el libro único de reglas bancarias. Los bancos de la zona euro no sólo están bajo un mismo supervisor, sino que todos ellos son evaluados y operan bajo las mismas reglas. Ya no hay diferencias de apreciación entre un banco central y otro, que un supervisor pueda ser más o menos flexible que otro. Además, el proceso de resolución deja de estar influido por la solvencia de cada soberano.

Pero la Unión Bancaria está incompleta. Un tercer elemento debería ser añadido a la arquitectura de la unión bancaria. A la hora de liquidar un banco, una de las cuestiones clave es cómo devolver el dinero que los depositantes tienen garantizado, hasta 100,000€ por titular. Y nuevamente, eso depende de los fondos de garantía de depósitos que, hoy por hoy, son nacionales. Aunque se supone que son fondos alimentados por los bancos nacionales, la realidad es que su dotación puede ser insuficiente para reembolsar los depósitos garantizados de bancos de una cierta dimensión. Es decir, la capacidad que tienen esos fondos de devolver el dinero a los depositantes depende en este momento del soberano. Por tanto, para completar la Unión Bancaria haría falta, en línea con la propuesta de la Comisión crear un fondo de garantía de depósitos también europeo de manera que, nuevamente, el depositante de un banco no se sienta ante una situación más débil o más fuerte en función de la solvencia del soberano de su país.

Este fue, entre otros, uno de los objetivos que tenían en mente el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker; el presidente del Consejo, Donald Tusk; el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem; el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y el presidente del Parlamento Europeo, en aquel momento Martin Schulz, que publicaron, el 22 de junio de 20159, el llamado Informe sobre la Unión Económica y Monetaria, en el que planteaban la necesidad de completar cuatro uniones: la Unión Bancaria, la Unión Fiscal, la Unión Económica y la Unión Política. La Comisión Europea reaccionó, ese mismo año, presentando una serie de propuestas en esa dirección10. Por un lado, con la Unión Financiera, la Comisión recordaba que había que agilizar la creación del Fondo de Garantía de Depósitos europeo, y dar pasos decisivos para el establecimiento de un mercado de capitales único en la Unión, para impulsar la financiación directa de las empresas a través del mercado, y no tanto a través del sistema bancario.

La Comisión, asimismo, hizo una serie de propuestas en el marco de la profundización de las uniones fiscal, económica y política entre los que cabe destacar aquí la racionalización de las reglas fiscales y la creación de un Consejo Fiscal Europeo, así como la creación de autoridades de competitividad dentro de cada estado miembro que promoviesen las reformas estructurales. La Comisión también hizo propuestas para lograr la representación externa única de la zona euro en organismos internaciones, especialmente en el FMI.

Ante la falta de avances significativos por parte de los Estados Miembros, el presidente Juncker, con motivo de las celebraciones por los 60 años de la firma del tratado de Roma el 25 de marzo de 2017, propuso “abrir un periodo de debate y pensar cómo tiene que ser la Unión Europea en el futuro”. El presidente Juncker planteó cinco alternativas en el Libro blanco sobre el futuro de la Unión Europea11: seguir como estamos, es decir, seguir en un proceso en el que difícilmente se completan los grandes proyectos, y además los avances se hacen "a trompicones". La segunda alternativa sería la de una cierta retirada, centrándonos en el gran éxito de la Unión Europea que ha sido el mercado único. Se trataría pues de hacer todo lo posible para que quede completo y funcione perfectamente. La tercera posibilidad es que aquellos países que decidan hacer más cosas e identifiquen más áreas en las que quieran avanzar juntos lo hagan. La cuarta opción consistiría en que, en vez de tratar de avanzar de forma insuficiente e imperfecta en todos los frentes, se elijan algunas prioridades para avanzar todos juntos de forma decidida. La quinta alternativa consistiría en avanzar todos utilizando el método comunitario, el método de los tratados.

Con ello, el presidente de la Comisión ha querido abrir un plazo de reflexión que, además, la Comisión Europea ha alimentado con cinco documentos de análisis y reflexión, en los que también da su visión y las alternativas posibles a una serie de temas que van desde la dimensión social hasta la globalización, la profundización económica y monetaria, la Europa de la defensa o el presupuesto.

El primero trata sobre la dimensión social de Europa12, en el que se plantean fundamentalmente tres alternativas: la primera consistiría en mantener tan solo la dimensión social mínima para garantizar la libertad de movimientos y personas, La segunda alternativa sería que aquellos países cuyas estructuras sean más parecidas avancen hacia una unificación de las instituciones del mercado de trabajo incluyendo, por ejemplo, el salario mínimo o la negociación colectiva. Y la tercera alternativa trataría de hacer un marco social único para toda la Unión.

El segundo documento de reflexión se refiere a cómo sacar el máximo partido a la globalización13. En este documento no se presentan alternativas a la globalización, señalando con ello que no hay marcha atrás. No se plantea un escenario de mayor proteccionismo. Tenemos que ir hacia fórmulas multilaterales de comercio, no bilaterales, y por supuesto la Unión Europea tiene que hacer valer en los foros internacionales que somos el primer socio comercial y el primer inversor y que, por tanto, deberíamos tener la capacidad de evitar ciertos desequilibrios y ciertos desajustes en el comercio internacional. La Comisión hace hincapié en la educación y la formación como las herramientas para que todos los ciudadanos se puedan adaptar al cambio que genera tanto la globalización como el progreso tecnológico.

Otro documento de reflexión lanza una serie de alternativas para la política común de defensa14, diferenciándolas entre políticas de cooperación, de seguridad y defensa compartida, o seguridad y defensa común. En el primer escenario los países decidirían aún sobre la necesidad de cooperar en materia de seguridad y defensa con carácter voluntario y caso por caso, mientras que la UE seguiría complementando los esfuerzos nacionales. En el segundo escenario, más ambicioso, los estados miembros pondrían en común determinados activos financieros y operativos para aumentar la solidaridad en el ámbito de la defensa. La UE estaría también más comprometida con la protección de Europa dentro y fuera de sus fronteras. El tercer escenario, el más ambicioso, prevé la definición progresiva de una política común de defensa de la Unión, que conduciría a la defensa común. Con este escenario, la protección de Europa sería una responsabilidad compartida entre la UE y la OTAN.

En el documento de reflexión que se ocupa del presupuesto comunitario15 se plantea si la Unión Europea se limitará a seguir avanzando como antes, si los Estados miembros harán menos juntos, avanzarán a velocidades diferentes, harán menos pero de forma más eficaz, o harán mucho más. El presupuesto de la UE afronta el difícil reto de financiar más con menos recursos. Se espera que la UE desempeñe un mayor papel en nuevos ámbitos de actuación, tales como la migración, la seguridad interior y exterior o la defensa. Además, Europa también debe preservar su papel preponderante en el escenario internacional, como importante donante de ayuda humanitaria y de ayuda al desarrollo y como líder de la lucha contra el cambio climático. Esto debe alcanzarse con un presupuesto de la UE que no hará sino disminuir a raíz de la salida del Reino Unido. Las opciones van por tanto desde una reducción de los gastos de las políticas existentes hasta un aumento de los ingresos. Los escenarios posibles no son mutuamente excluyentes, pero al igual que en los demás casos, ilustran niveles de ambición diferentes. Estas ideas se han plasmado en la Comunicación sobre el Marco Financiero Multianual que la Comisión presentó en la Reunión Informal de los Líderes el 23 de Febrero16 con el fin de alimentar la discusión en seno del Consejo y del Parlamento Europeo.

Mención aparte merece el documento de reflexión sobre la profundización de la UME, la Unión Económica y Monetaria17. Las opciones propuestas en el documento de reflexión están concebidas para ayudar a establecer un amplio consenso en tres ámbitos fundamentales, y que en gran medida ya hemos mencionado anteriormente: completar una verdadera Unión Financiera, lograr una Unión Económica y Presupuestaria más integrada, y afianzar la responsabilidad democrática reforzando al mismo tiempo las instituciones de la zona del euro.

Con respecto a la Unión Financiera, se trata de completar la Unión Bancaria y de realizar la Unión de los Mercados de Capitales. Para lograr una Unión Económica y Presupuestaria más integrada los Estados miembros podrían reforzar los elementos ya existentes, como el semestre europeo de coordinación de las políticas económicas o aumentar el vínculo entre el presupuesto de la UE y las reformas estructurales. Además, los Estados miembros podrían decidir también mejorar la capacidad de estabilización macroeconómica de la zona del euro. Finalmente, para afianzar la responsabilidad democrática y reforzar las instituciones de la zona del euro, los Estados miembros deberán aceptar compartir más responsabilidades y decisiones sobre asuntos del euro, dentro de un marco legal común. Esto se podría conseguir nombrando un presidente permanente del Eurogrupo, así como unificando la representación exterior de la zona del euro. Finalmente, la idea de crear Tesoro de la Zona del Euro, posiblemente unido a un presupuesto de la zona del euro, así como de un Fondo Monetario Europeo también se incluye en el debate público.

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Fuente: Comisión Europea

5. Propuestas para la profundización de la Unión Económica y Monetaria

En base a esta reflexión, el 6 de diciembre de 201718, la Comisión Europea presentó una serie de propuestas para profundizar la UEM, incluyendo medidas concretas que se han de implementar hasta mediados de 2019. La profundización de la UEM es un medio para alcanzar un fin: más empleo, crecimiento, inversión, justicia social y estabilidad macroeconómica.

Además, el paquete de medidas del 6 de diciembre incluyó una serie de iniciativas cuyo objetivo es reforzar la unidad, la eficiencia y la rendición de cuentas democrática de la UEM de aquí a 2025. Dichas iniciativas incluyen una propuesta para crear un Fondo Monetario Europeo (FME); una Comunicación sobre los nuevos instrumentos presupuestarios para la estabilidad de la zona del euro; así como una Comunicación en la que se exponen las posibles funciones de un ministro de economía y finanzas de la Unión Europea, que también sería el presidente del Eurogrupo.

El FME se basaría en la arquitectura del MEDE, que ha desempeñado una función esencial en la zona euro durante los últimos años ayudando a los Estados miembros a recuperar o mantener el acceso a los mercados de bonos soberanos. El FME mantendría las estructuras financieras e institucionales del MEDE, y además proporcionaría el mecanismo común de protección para el Fondo Único de Resolución así como serviría de prestamista de último recurso a fin de facilitar la resolución ordenada de bancos en dificultades. Con el tiempo, se deja la puerta abierta a que el FME pueda también elaborar nuevos instrumentos financieros con el objetivo de apoyar una posible función de estabilización de la zona euro. Se propone que el Parlamento Europeo y el Consejo adopten esta propuesta para mediados de 2019.

Una segunda iniciativa se refiere la integración de los elementos esenciales del Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en el marco jurídico de la Unión. En 2012, los 25 Estados miembros firmantes se comprometieron jurídicamente a incorporar el fondo de ese Tratado al Derecho de la Unión cinco años después de su entrada en vigor, lo que corresponde al 1 de enero de 2018. El Parlamento Europeo también lo ha pedido así. Se propone que el Parlamento Europeo y el Consejo adopten esta propuesta para mediados de 2019.

En tercer lugar el paquete incluye una Comunicación sobre los nuevos instrumentos presupuestarios para la estabilidad de la zona del euro en el marco de la Unión. La Comunicación aborda cuatro elementos específicos: (i) la creación de un instrumento financiero de apoyo a las reformas estructurales de los Estados miembros; (ii) un instrumento de convergencia específico para los Estados miembros en vías de adoptar el euro; (iii) un mecanismo de protección para la Unión Bancaria; y (iv) una función de estabilización en caso de grandes choques asimétricos.

La Comisión se compromete a presentar las iniciativas necesarias en mayo de 2018 junto con sus propuestas relativas al marco financiero plurianual posterior a 2020. El Parlamento Europeo y el Consejo deberían entonces adoptar estas propuestas para mediados de 2019.

Para el período comprendido entre 2018 y 2020, la Comisión propone duplicar la financiación disponible para actividades de apoyo técnico, de manera que alcance un importe de 300 millones, así como introducir ya en una fase piloto el nuevo instrumento operativo de reforma.

En cuarto lugar, el 6 de diciembre se presentó una Comunicación en la que se exponen las posibles funciones de un ministro de Economía y Finanzas que pueda desempeñar el cargo de vicepresidente de la Comisión y de presidente del Eurogrupo. De hecho, esta reforma no necesitaría un cambio de los Tratados de la UE vigentes. Al unificar todas estas funciones en una sola, la Comisión considera que se reforzaría la coherencia, la eficiencia, la transparencia y la rendición de cuentas democrática de la formulación de la política económica de la UE y de la zona del euro, sin por ello invadir competencias nacionales. Con un acuerdo sobre la mesa para mediados de 2019, esta nueva función podría estrenarse con la nueva Comisión de finales de 2019.

El paquete del 6 de diciembre es un paso más, sin duda no el último, en la construcción de la UEM, que sigue la estela de los ya Informe de los Cinco Presidentes y los documentos de reflexión sobre la profundización de la Unión Económica y Monetaria y el futuro de las finanzas de la UE.


6. A modo de conclusión provisional para una tarea inacabada

Hace ya dieciséis años que los ciudadanos de la zona euro empezaron a utilizar las monedas y billetes de euro. Hoy en día son ya 19 Estados miembros que representan 340 millones de habitantes los que ya han adoptado la moneda común. La crisis financiera que sacudió el mundo en 2008 y cuyos legados todavía padecemos no tuvo su origen en Europa pero se hizo notar en nuestro continente de forma profunda y persistente. La razón de tal profundidad y persistencia fue la debilidad existente en el diseño institucional de la zona euro que la crisis desveló con crudeza.

La Unión tuvo que reaccionar de forma urgente ante la presión de los acontecimientos y adoptó diversos instrumentos para hacer frente a los retos que se estaban planteando. Además de proporcionar asistencia financiera a los Estados miembros más afectados, se reforzó el proceso de coordinación de las políticas económicas y se establecieron cortafuegos financieros. En definitiva se hizo lo posible para detener la escalada de la crisis y para prevenir su rebrote No hace falta recordar aquí que la reacción del Banco Central Europeo fue decisiva.

Ahora, cuando el crecimiento y el empleo están de vuelta en las economías de la zona euro, es el momento de mirar atrás y analizar con detenimiento lo que se ha hecho y lo que queda por hacer. Este artículo ha tratado de proporcionar esa perspectiva y ha recordado las propuestas de la Comisión para completar y profundizar la Unión Económica y Monetaria.

El debate está abierto y la arquitectura final está aún por diseñar. Sin duda será una síntesis en la que habrá que buscar equilibrios políticos entre las preferencias e intereses de los distintos Estados miembros y las instituciones. El Presidente Juncker en el discurso sobre el Estado de la Unión estableció su visión para lograr una Unión más unida, más fuerte y más democrática.

Esta visión se reflejó en el paquete adoptado el 6 de diciembre de 2017 en el que se hicieron propuestas para una Unión más unida bajo la moneda común y el mercado único, con una gobernanza más fuerte, capaz de utilizar los recursos disponibles de forma más eficiente y políticamente más transparente y responsable.

De todos depende que esos objetivos se cumplan y la Unión esté en disposición de enfrentarse a los retos que se presenten. Estos van desde la globalización, al impacto de las nuevas tecnologías; desde la lucha contra la desigualdad mediante el afianzamiento de su pilar social, a la seguridad y el aumento del populismo. La Unión debe asegurarse de que no es desbordada por estos retos, sino que es capaz de aprovechar las oportunidades que esas tendencias representan. Para ello, resulta crucial que los Estados miembros, los 27, permanezcan unidos para dar forma a la nueva visión del futuro de Europa.


Referencias Bibliográficas

COMISIÓN EUROPEA (2018) Institutional Paper 073, "European Economic Forecast Winter 2018 (Interim)" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) Institutional Paper 063, "European Economic Forecast Autumn 2017" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2015) Informe de los cinco presidentes, "Realizar la Unión Económica y Monetaria" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) 2025 "Libro blanco sobre el futuro de Europa, Reflexiones y escenarios para la Europa de los Veintisiete en 2025" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) 206 "Documento de reflexión sobre la dimensión social de Europa" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) 240 "Documento de reflexión sobre el encauzamiento de la globalización" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) 291 "Documento de reflexión sobre la profundización de la Unión Económica y Monetaria" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) 315 "Documento de reflexión sobre el futuro de la defensa europea" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) 358 "Documento de reflexión sobre el futuro de las finanzas de la Unión Europea" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) 821 Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo Europeo, al Consejo y al Banco Central Europeo, "Nuevos pasos hacia la plena realización de la Unión Económica y Monetaria Europea: una hoja de ruta" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) 822 Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo Europeo, al Consejo y al Banco Central Europeo, "Nuevos instrumentos presupuestarios para una zona del euro estable dentro del marco de la Unión" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) 823 Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo Europeo, al Consejo y al Banco Central Europeo, "Un ministro europeo de economía y finanzas" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) 824 Propuesta de Directiva del Consejo, "Disposiciones para reforzar la responsabilidad fiscal y la orientación presupuestaria a medio plazo en los Estados Miembros" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) 825 Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo por el que se modifica el Reglamento (UE) 2017/825, "Con el fin de incrementar la dotación financiera del programa de apoyo a las reformas estructurales y adaptar su objetivo general" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2017) 827 Propuesta de Reglamento del Consejo, "Creación del Fondo Monetario Europeo" Bruselas

COMISIÓN EUROPEA (2018) 98 Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo Europeo y al Consejo, "Un marco financiero plurianual y moderno para una Unión Europea que cumpla de manera eficiente con sus prioridades posteriores a 2020" Bruselas

1 Las previsiones de Invierno de 2018 de la Comisión Europea se pueden consultar en https://ec.europa.eu/info/sites/info/files/economy-finance/ecfin_forecast_winter_0718_overview_en.pdf

2 las previsiones de Otoño de 2017 de la Comisión Europea se pueden consultar en: https://ec.europa.eu/info/publications/economy-finance/european-economic-forecast-autumn-2017_en

3 Previsiones económicas de la Comisión Europea de Otoño 2017, pg. 61-64.

4 Todos los Estados miembros de la Unión Europea tienen que presentar ante la Comisión Europea sus Programas Nacionales de Reformas, con el objetivo de coordinar las políticas económicas nacionales.

5 Los Estados miembros deben también presentar un programa de estabilidad o convergencia, que contiene el objetivo a medio plazo de lograr una situación presupuestaria próxima al equilibrio o con superávit, y la trayectoria de ajuste para alcanzar este objetivo, así como la tendencia prevista del ratio de la deuda pública.

6 Para una explicación detallada del Pilar Social Europeo se puede consultar la siguiente pàgina:

https://ec.europa.eu/commission/priorities/deeper-and-fairer-economic-and-monetary-union/european-pillar-social-rights_es

7 Para una explicación detallada del plan Juncker se puede consultar la siguiente pàgina:

https://ec.europa.eu/commission/priorities/jobs-growth-and-investment/investment-plan-europe-juncker-plan_en

8 Dato del 19 de febrero de 2018

9 El informe completo se puede encontrar en: https://ec.europa.eu/commission/sites/beta-political/files/5-presidents-report_es.pdf

10 Para conocer en detalle el contenido de las mismas, se puede visitar el siguiente enlace:

http://europa.eu/rapid/press-release_IP-15-6152_es.htm

11 El informe completo se puede encontrar en: https://ec.europa.eu/commission/sites/beta-political/files/libro_blanco_sobre_el_futuro_de_europa_es.pdf

12 El informe completo se puede encontrar en: https://ec.europa.eu/commission/sites/beta-political/files/reflection-paper-social-dimension-europe_es.pdf

13 El informe completo se puede encontrar en: https://ec.europa.eu/commission/sites/beta-political/files/reflection-paper-globalisation_es.pdf

14 El informe completo se puede encontrar en: https://ec.europa.eu/commission/sites/beta-political/files/reflection-paper-defence_es.pdf

15 El informe completo se puede encontrar en: https://ec.europa.eu/commission/sites/beta-political/files/reflection-paper-eu-finances_es.pdf

16 La comunicación se puede encontrar en: https://ec.europa.eu/commission/publications/multi-annual-financial-framework_es

17 El informe completo se puede encontrar en: https://ec.europa.eu/commission/sites/beta-political/files/reflection-paper-emu_es.pdf

18 Información detallada sobre la hoja de ruta y las iniciatives se puede encontrar en: https://ec.europa.eu/commission/publications/completing-europes-economic-and-monetary-union-factsheets_en

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Published on 11/05/18
Accepted on 11/05/18
Submitted on 28/02/18

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