Indispensables son los libros El ‘Quijote’ como obra de arte del lenguaje, de Helmut Hatzfeld (1927) y La lengua del ‘Quijote’, de Ángel Rosenblat (1971), para comprender la riqueza y función de los componentes estilísticos y lingüísticos en el texto cervantino. A este respecto hay que destacar los múltiples modos de hablar recreados, tales como la jerga germanesca empleada por los galeotes, el sayagués de la labradora dulcinesca y el idiolecto del escudero vizcaíno. No sorprende, en este sentido, la presencia de numerosos modismos, arcaísmos, locuciones coloquiales y cultismos que se entreveran a lo largo de la obra. Del mismo modo es posible encontrar fórmulas propias de diversas tradiciones literarias (libros de caballerías, novela pastoril…), cargadas de una particular fuerza expresiva.

De ahí que en la novela, como ha indicado Fernando Lázaro Carreter, “resuenen” una serie de lenguajes hablados y escritos. Con el objetivo de poner en manos de los lectores diversas reflexiones sobre los componentes estilísticos y lingüísticos que inciden en la construcción del texto cervantino, Acta Poetica ha decidido presentar en esta ocasión el dossier “Voces y silencios en el Quijote”.

Nuestro dossier abre con el artículo “Cosas que calla Cervantes (Quijote, I, 46-52)”. En su breve ensayo, Margit Frenk se revela una vez más como atentísima lectora del Quijote, y plantea que la construcción del texto no sólo parte de los aspectos descritos. La reconocida filóloga examina la estrategia artística cervantina de omitir ciertos detalles o de decirlos a medias, y hace patente a partir del análisis de tres ejemplos, extraídos de la Primera parte de la novela, que más que descuidos o inconsistencias, como han querido ver algunos especialistas, los ‘silencios’ de Cervantes nos muestran el cuidado con que el autor armó su escritura.

Cuestiones como la virtual desaparición de la jaula en donde regresan ‘encerrado’ al caballero manchego a su aldea en los capítulos finales de la Primera parte, la precaria camisa con la cual va mal cubierto en su incómodo encierro, e incluso el hecho de que si don Quijote finge no reconocer al cura y el barbero tras el antifaz de los encantadores son escamoteadas al lector con habilidad por el autor. Dichas omisiones, que bien podrían denominarse ‘silencios’, velan entonces el encierro, la semidesnudez (si hemos de atender a lo que dice, y sobre todo a lo que calla Cervantes) y el desgarramiento del ensueño del caballero manchego, y establecen un elocuente fondo a partir del cual se despliegan los sucesos narrados.

Los contenidos de la segunda parte del dossier giran hacia las ‘voces’ que subyacen en la obra cervantina. Mucho se ha insistido en la vigencia perenne de la novela y su importancia como texto fundacional de la narrativa moderna. Sin embargo, es verdad que buena parte de su léxico, en particular las metáforas y símiles a los que recurren tanto los personajes como el mismo narrador, han perdido sus referentes inmediatos, por lo que suena extraño a oídos actuales y se hace necesario un aparato crítico que permita ‘descifrar’ tales comparaciones. El texto de María José Rodilla, “La ‘Merced de Dios’ y los ‘duelos y quebrantos’. Calas en algunos enunciados metafóricos y comparaciones en el Quijote”, rebusca en las metáforas de la obra y las presenta categorizadas por dominio semántico (la gastronomía, los animales, entre otros campos), con miras a documentarlas y desentrañar su función en el texto. Esta labor de investigación, que la autora llama atinadamente ‘calas’, enfatiza la necesidad de ahondar en el estudio de los enunciados fraseológicos y sus efectos comunicativos-expresivos.

El dossier cierra con un acercamiento a las voces en acción. Conocidas son las diferencias en el registro y el léxico que Cervantes pone en boca del caballero manchego y su escudero. En su interesante texto “Don Quijote y Sancho Panza: duelo hiperbólico”, María Stoopen aborda un episodio particular de la novela, el reencuentro entre amo y escudero en Sierra Morena luego de la “embajada” que el segundo hizo a Aldonza-Dulcinea (I, 31), para analizar el choque entre ambos registros y las consecuencias de esa disparidad en la construcción de la imagen de la dama. Resulta especialmente interesante el acopio de recursos, provenientes del imaginario rural, que el escudero hace y que le permite salir airoso en tan singular “duelo hiperbólico de doble signo”, establecido como contrapunto de las voces quijotesca y sanchesca.

La sección de Varia inicia con “Apuntes sobre el mal y el endurecimiento del corazón”, texto importante para reflexionar sobre el hombre sin fe y sin ley, capaz de perpetrar o maquinar crímenes contra la humanidad. Adriana Menassé se pregunta por la presencia de la impiedad entre los seres humanos. Para fundamentar sus disquisiciones, la autora parte de la noción de “rostro” levinasiana —entiéndase como el desvalimiento radical del ser que se sabe mortal— como un límite al deseo de supervivencia y de dominio que rige en principio el orden del ser. La revelación del “rostro” opera una mutación ontológica que transforma la obstinación humana de perseverar por encima de todo en acción ética y responsabilidad para con el otro.

Así pues, el mal ocurre cuando se produce, ante el desvalimiento del otro, la victimación de éste en vez de la acción recta y la justicia. El mal es entonces el vacío de la adhesión y de la entrega al mandato de la justicia. Considerando que el deseo de bondad constituye el más radical de nuestros anhelos, Menassé se pregunta por lo que trastorna y confunde nuestra fe en el mundo. El acto de crueldad, plantea la autora, resulta de un corazón endurecido e imposibilitado de escuchar el mandato que llega del rostro desnudo del otro, abriendo el espacio del intercambio humano.

La sección Varia continúa con un estudio que pone en contacto a dos figuras vitales de la literatura. Garcilaso de la Vega constituye el primer gran canon poético del Siglo de Oro, revolución métrica que supone también una nueva forma de sensibilidad. El propósito del artículo de Pablo Gálvez y David Huerta, “Garcilaso y Cervantes en la perspectiva del canon”, es ilustrar los accidentes del canon a partir de lo que denominan “señales garcilasianas”, las cuales consisten en glosas, citas directas, recreaciones, formas de imitatio y alusiones a la poesía de Garcilaso que se encuentran presentes en la obra cervantina, especialmente en el Quijote.

Asimismo, los autores dan cuenta de que el humanismo garcilasiano, heredado por Cervantes, va más allá del simple registro de citas o glosas; se configura así un ethos quijotesco (o cervantino) denotado en el quehacer poético de concebir la imagen idílica de Dulcinea. De esta manera, a decir de Gálvez y Huerta, si Cervantes parodia a lo largo de la obra las novelas de caballerías, toma en serio el mundo garcilasiano-virgiliano de las novelas pastoriles, a cuyos escenarios el protagonista planea trasladarse luego de haber sido derrotado por el Caballero de la Blanca Luna.

José Ricardo Chaves plantea una particular relación entre mundos literarios en su artículo “Ueda Akinari y el gótico japonés”. Al explorar la colección de narraciones Ugetsu monogatari de Ueda Akinari, Chaves logra ver elementos sobrenaturales y fantásticos, que permiten entablar correspondencias con la literatura gótica.

En la sección In memoriam, Aurelio González conmemora los treinta años del fallecimiento de Luis Rius (1930-1984), integrante de la “generación de medio siglo”, subrayando cómo la labor del poeta y ensayista tuvo una influencia importante en la vida académica e intelectual de su tiempo, dada su fructífera labor como fundador, miembro y colaborador de varias revistas literarias, suplementos culturales y periódicos. Además de reconocerlo como impulsor de la cultura y gran docente, Aurelio González se detiene a comentar las temáticas principales que permean sus cuatro poemarios (Canciones de vela, Canciones de ausencia, Canciones de amor y sombra, Canciones a Pilar Rioja). De acuerdo con González, la pertenencia y la nostalgia que marcan su poesía están asociadas con “una reflexión sobre el lugar del individuo en el mundo y de su extrañamiento de éste”.

El actual número cierra con una reseña de Cristina Múgica sobre el libro Los tres rostros de la plaza pública en el ‘Quijote’, de Gabriela Nava (unam, 2013). La obra comentada explora la idea de que en la novela cervantina se definen tres espacios equivalentes a la plaza pública, definida por Bajtín como el escenario simbólico de los juegos carnavalescos. Las ventas, el palacio ducal y la ínsula Barataria destacan por su similitud simbólica al gran escenario colectivo.

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Published on 31/08/16

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