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España se ha comprometido a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 32% para el año 2030, tomando como referencia los niveles de 1990. Esto plantea un reto no solo para las instituciones, sino también para las empresas, grandes y pymes, pues no hay que olvidar que juegan un papel fundamental en la economía del país.
En los últimos años, las empresas han empezado a tomar conciencia de la importancia de integrar la sostenibilidad y la protección del medioambiente en su modelo de negocio. Así lo confirma nuestra última Consulta empresarial en ODS, que revela que un 55% de las empresas cuenta con una política medioambiental, lo que muestra una creciente sensibilización. No obstante, este porcentaje también pone de manifiesto que casi la mitad de las empresas aún no han incorporado de manera formal este tipo de políticas en su estrategia, lo que abre un importante margen de mejora. Esto sugiere que, a pesar de los avances logrados, aún queda un largo camino por recorrer para garantizar que el sector empresarial esté alineado con los objetivos climáticos.
Y es que, a pesar de la creciente atención sobre el medioambiente, el ODS 13 (Acción por el Clima) ha ido perdiendo posiciones en el ranking de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) más trabajados por las empresas españolas. Si bien en el pasado era uno de los más prioritarios, hoy en día solo la mitad de las empresas lo consideran como un Objetivo clave, y apenas el 15% cuenta con una política específica de lucha contra el cambio climático. Este dato resulta preocupante, dado que la crisis climática es uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI.
Recordemos que, según la Organización Meteorológica Mundial, existe un 47% de probabilidades de que la temperatura media mundial durante todo el quinquenio 2024-2028 supere en 1,5 °C la de la era preindustrial, frente al 32% del informe del año pasado para el periodo 2023-2027. La diferencia entre 1,5° y 2° podría determinar la extinción o la supervivencia de algunas comunidades costeras y de pequeños Estados insulares y destruir los medios de subsistencia de 300 millones de personas. Por lo tanto, el límite de los 1,5°C no debe verse como una meta flexible, sino como un umbral físico que las empresas deben tener en cuenta al definir sus estrategias climáticas.
En este aspecto, el desafío no es sólo involucrar a las empresas en esta lucha, sino hacerlo de forma efectiva, mediante el establecimiento de objetivos de reducción de emisiones. Actualmente, 4 de cada 10 empresas tiene algún tipo de compromiso para reducir sus emisiones de CO2. Sin embargo, los datos indican que el progreso en este ámbito es aún limitado: según nuestro Anuario Climático 2024 solo 184 empresas españolas están comprometidas con la iniciativa Science Based Targets (SBTi). Lo que sí podemos afirmar, es que la mayoría de las que lo han hecho, ya están alineadas con el escenario de 1,5°C, lo que refleja un aumento significativo en la ambición climática. Este es un dato clave, ya que la SBTi ha establecido que los objetivos alineados con un aumento de temperatura de 2°C deben desaparecer el próximo año, afectando solo a dos empresas españolas que todavía operan bajo este umbral menos estricto.
Por otro lado, el lanzamiento del estándar de Cero Neto por la SBTi en 2022 ha llevado a un mayor compromiso de las empresas españolas con la neutralidad climática. Hasta el momento, 70 empresas españolas se han comprometido con este estándar, de las cuales 28 han fijado ya objetivos a largo plazo. Aunque todavía existe margen de mejora, ya que el 62% de las empresas adheridas a la SBTi aún no se han comprometido con el estándar del Cero Neto, el hecho de que el 38% lo haya hecho en solo dos años es un dato positivo.
En este punto es importante recordar que para el establecimiento de objetivos es necesario contar con un indicador de referencia: la huella de carbono de la organización. En este aspecto, el 48% de las empresas españolas mide su huella de carbono (alcance 1 y 2) pero sólo el 20% mide las emisiones de alcance 3 y un 31% evalúa a proveedores bajo criterios medioambientales. Aquí es donde encontramos otro de los mayores retos a nivel de gestión empresarial en materia medioambiental: la gestión responsable de la cadena de suministro.
Sin una adecuada supervisión y gestión de las emisiones de alcance 3, las organizaciones no podrán reducir su impacto ambiental de manera efectiva ni cumplir con sus compromisos climáticos. Este es un aspecto crítico, especialmente en el contexto de la nueva directiva de diligencia debida que está impulsando la Unión Europea, y que obligará a las empresas a ser más transparentes y a asumir mayor responsabilidad sobre los impactos ambientales y sociales a lo largo de su cadena de valor.
La tarea no es sencilla, en algunas empresas el alcance de la cadena de valor es muy amplio y en muchas involucra pymes que no tienen establecida una estrategia de sostenibilidad. Por ejemplo, si tomamos como referencia España, mientras que el 69,5% de las grandes empresas españolas tienen un compromiso de reducción de emisiones, solo el 32,7% de las pymes afirman tener este tipo de compromisos.
Uno de los principales mecanismos para cerrar esta brecha es la formación y capacitación de las pymes en temas de sostenibilidad. Esto es esencial para dotarlas de las herramientas y conocimientos necesarios para comprender y gestionar su huella de carbono, además de establecer compromisos concretos en línea con los grandes objetivos climáticos globales. Las iniciativas de formación, tanto a nivel público como privado, están desempeñando un papel cada vez más importante en este sentido. Es el caso del Programa de capacitación: Proveedores sostenibles del Pacto Mundial de la ONU que de las casi 2.000 pymes que han participado en la segunda edición, el 56% elabore una política medioambiental y un 44% lleve a cabo el cálculo de la huella de carbono de la empresa.
Pero más allá de los compromisos de reducción de emisiones y la gestión de la cadena de suministro, existen otras áreas en las que empresas de nuestro país están poniendo el foco.
En concreto, la economía circular está ganando terreno en las empresas españolas. De hecho, el 54% de las empresas españolas afirman trabajar el ODS 12 (Producción y consumo responsables) y el 47% están implementando procesos de economía circular. Esta transformación no solo tiene el potencial de reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero en un 39% y el uso de materias primas en un 28%, sino que también podría desbloquear un crecimiento económico significativo, con una contribución potencial de hasta 4,5 billones de dólares al PIB mundial hasta 2030.
Su potencial es alto, ya que la economía circular también es una fuente de ahorro para las empresas. Según el I Plan de Acción de la Economía Circular de la Comisión Europea, las medidas incluidas en este plan podrían suponer un ahorro de 600.000 millones de euros para las empresas europeas, equivalente al 8% de su cifra de negocio. Aunque este modelo está siendo cada vez más adoptado por las empresas españolas, aún no es predominante, en parte porque requiere ajustes significativos en las cadenas de producción y un cambio de mentalidad empresarial.
Otro ámbito en auge es la integración de energías renovables. El ODS 7 (Energía asequible y no contaminante) se ha convertido en uno de los más trabajados por las empresas españolas, con un 57% de ellas comprometidas con este objetivo. De hecho, un 47% de las empresas están integrando energías renovables en sus procesos productivos, y un 53% han implementado medidas de eficiencia energética. Estos datos reflejan el creciente interés por las soluciones energéticas sostenibles, impulsado en parte por el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030, que tiene como objetivo transformar el sistema energético de España en los próximos años.
Y es precisamente en estas dos áreas donde juega un importante papel la innovación y la tecnología. Éstas permiten tomar decisiones de forma más ágil y ofrecen numerosas oportunidades para mejorar la gestión empresarial sostenible. En este sentido, el 33% de las empresas españolas impulsa innovaciones o dispone de nuevas tecnologías relacionadas con la sostenibilidad, un porcentaje que asciende al 48% en el caso de las grandes empresas. Este dato refleja que las grandes compañías, con mayores recursos y capacidades, están liderando el cambio hacia una mayor adopción de soluciones tecnológicas que permiten mejorar sus procesos de producción y reducir su huella ecológica.
Estas innovaciones pueden incluir desde la implementación de tecnologías limpias y sistemas avanzados de gestión de residuos, hasta el uso de plataformas digitales que monitorizan en tiempo real las emisiones de carbono. Sin embargo, también debemos tener en consideración los riesgos que ello conlleva: cuestiones éticas y legales, el aumento de la huella de carbono o la pérdida de algunos empleos.
En resumen, podemos afirmar que el estado de madurez de las empresas españolas en materia medioambiental se encuentra en una etapa de transición. Si bien muchas organizaciones han comenzado a integrar la sostenibilidad en sus operaciones, casi la mitad aún no ha adoptado políticas formales en esta materia, lo que indica que queda mucho camino por recorrer para garantizar un alineamiento pleno con los compromisos climáticos globales.
El compromiso con la reducción de emisiones y la creciente adopción de tecnologías innovadoras y procesos de economía circular por parte de las empresas representan un paso en la dirección correcta. No obstante, es necesario que estos avances se traduzcan en una transformación más profunda y generalizada en todo el tejido empresarial, especialmente en áreas como la gestión de la cadena de suministro, la medición de emisiones de alcance 3 y el impulso de la innovación tecnológica. A estos retos hay que sumarles otros de carácter más general, que aplican al desempeño climático, pero también al de la sostenibilidad en general, como son la necesidad de redefinir el sistema financiero mundial para cubrir las demandas de la transformación, y ejercitar nuevas alianzas de colaboración público-privada como nunca se ha hecho hasta ahora.
El éxito en este proceso dependerá de la capacidad de las empresas, tanto grandes como pequeñas, para adaptarse a un entorno regulatorio cada vez más exigente y a un mercado que demanda sostenibilidad como un pilar fundamental de la competitividad. En última instancia, solo una acción coordinada y ambiciosa por parte de todos los actores permitirá que el sector empresarial desempeñe un papel protagonista en la construcción de un futuro más sostenible y resiliente.
Published on 02/03/25
Submitted on 31/10/24
Volume Sostenibilitat mediambiental, 2025
Licence: CC BY-NC-SA license