Abstract

The research presented here sought to “understand the territorialities that are built in the school setting, from which meanings are given to the school”; the methodological approach was phenomenology; the school life paths of 8 participants were included. The analysis was built from the school as territory.

Keywords: School, Territory, Territoriality, Meanings

Introducción

La escuela es… el lugar donde se hacen amigos, no se trata sólo de edificios, aulas, salas, pizarras, programas, horarios, conceptos… Escuela es, sobre todo, gente, gente que trabaja, que estudia, que se alegra, se conoce, se estima. El director es gente, el coordinador es gente, el profesor es gente, el alumno es gente, cada funcionario es gente. Y la escuela será cada vez mejor, en la medida en que cada uno se comporte como compañero, amigo, hermano. Nada de isla donde la gente esté rodeada de cercados por todos los lados. Nada de convivir las personas y que después descubras que no existe amistad con nadie. Nada de ser como el bloque que forman las paredes, indiferente, frío, solo. Importante en la escuela no es sólo estudiar, no es sólo trabajar, es también crear lazos de amistad, es crear un ambiente de camaradería, es convivir, es unirse. Ahora bien, es lógico… que en una escuela así sea fácil estudiar, trabajar, crecer, hacer amigos, educarse, ser feliz (Freire, 1989, p. 60).

La escuela como un lugar que se habita, que se construye y al que se da vida; es el resultado de vivencias y representaciones que el alumno hace de ella, no de otra manera puede explicarse que en un mismo espacio físico converjan visiones, posturas y comportamientos; que subvierten la atmosfera homogeneizadora y omnidisciplinar que imperan en los espacios escolares. Estas subversiones o cambios de roles son fruto no sólo de una postura del individuo, sino también de la apropiación que el sujeto hace de su escuela, la seguridad que le genera y la conquista de la misma; características que hacen que surja lo que se denomina el arraigo2, es decir, establecerse de manera permanente en un lugar, vinculándose a personas y cosas. En oposición al arraigo que puede surgir frente a determinados espacios escolares, la escuela también puede generar extrañeza o inseguridad, propia de la carencia de sentido y significación que un espacio determinado puede tener para el alumnado.

La escuela como escenario de encuentro se divide también en una serie de espacios o territorios que tienen una importante incidencia en el proceso de formación del individuo y la manera en que este se desenvuelve en el plano escolar. Como territorio define prácticas, representaciones simbólicas y organizativas, partiendo de dos escenarios base de toda escuela, tales como el aula y el patio de recreo, los cuales están gobernados por dinámicas distintas e impactan el actuar y el intercambio experiencial y comunicativo de los alumnos. En este punto también es importante indicar que la existencia de territorios o espacios de dominio al interior de la escuela supone la existencia de zonas de frontera, las cuales representan límites y clausuras a ciertas conductas de los estudiantes, a sus imaginarios y apropiación de los mismos, generando que estos espacios sean vistos como ajenos, extraños y poco confiables.

Así mismo, en algunos estudios es posible identificar la escuela como un escenario susceptible de ser apropiado, dotado de sentido y construido, en el cual los individuos, que en ella se encuentran, crean territorios y fronteras, experimentan vivencias, generan ethos y comunidades (Carrizo, Utrera y Correa -2018-; Borioli, Fantino, Ardiles y Monserrat -2018-; Hirch -2019-; Pulido -2014-; Sanabria, Tovar, Ayala, Rengifo y Noreña -2015-; Cardozo Gómez -2015-).

Es interesante corroborar cómo en estos trabajos la escuela es visualizada como un espacio de socialización primaria que implica un diálogo y contacto cultural; así mismo es vista como un segundo hogar en el que se conjuga el deber con el placer de hablar, jugar y compartir con otros, en síntesis, el lugar donde se comparten experiencias, se realizan actividades educativas, y se crea identidad, preponderante para entender las actuaciones de los y las estudiantes en la vida educativa del colegio.

La Escuela como Lugar de Encuentro

La dimensión del “uso” cuestiona las pretensiones homogeneizadoras de las instituciones educativas y habilita la búsqueda de los deslizamientos de sentido. (Duschatzky. 1999. p. 15)

La escuela como concepto ha mutado a lo largo de la historia de la humanidad y sus cambios han estado ligados a los procesos civilizatorios de los grupos humanos, siempre vinculándola a procesos de instrucción y formación cultural. En la actualidad existe un importante debate en torno a qué es la escuela, en atención a la conceptualización que de ella se ha realizado desde la antropología, la sociología y las teorías de la educación, áreas del conocimiento que la definen en función de los procesos que allí se desarrollan. En este sentido, se busca mostrar cómo la escuela es un lugar de encuentro, en el que convergen distintas individualidades y grupos que materializan intercambios culturales y sociales; para el efecto se hará un análisis de: (i) la escuela como institución, (ii) la escuela como escenario de socialización y (iii) la escuela como lugar vivo.

Como Institución, la escuela se ubica en el seno de distintas comunidades o grupos humanos, que tiene la función de desarrollar procesos de instrucción y difusión del conocimiento para las personas que a ella concurren. Así la escuela es construida desde dos perspectivas, (1) una inmaterial, que concibe la escuela como escenario de formación y culturización humana por excelencia (Durkheim, 1976), y (2) otra que es material, que está asociada al espacio físico en el cual se desarrollan los procesos de enseñanza e instrucción de los educandos.

Como Escenario de Socialización, es un espacio habitado y mediado por individuos y grupos que en el quehacer cotidiano materializan intercambios de todo tipo, deja de ser el medio o canal de transmisión del capital cultural para convertirse en un lugar de intercambios e inserción en las prácticas colectivas (Simkin y Becerra, 2013, p. 132).

En esta línea argumentativa, la escuela es el primer escenario donde el individuo se vincula a grupos sociales y se expone a conocimientos, prácticas culturales y valores de una comunidad. La escuela opera entonces como un escenario normado y estructurado en función de las dinámicas sociales. Esta inserción es lo que algunos autores han denominado “integración cultural” al concebirla como la dinámica a través de la cual la escuela se fija “…en la homogeneidad de categorías de pensamiento, lenguaje y conducta (‘habitus’/ ‘estructuras mentales del individuo’) que la escuela propicia” (De Paz, 2004, p. 14).

Como Lugar Vivo, es un escenario de construcción colectiva y encuentro, que, si bien se ve influenciado por el aparataje del sistema educativo que la permea, no escapa a las individualidades y grupos que la habitan (Woods, 1987). En ese sentido, si bien la escuela es un espacio normado y con funciones específicas, en ella se presentan oposiciones y contradicciones que rompen las dinámicas que rigen la escuela como institución reproductora del status quo.

Así, el escenario escolar es resultado de una construcción colectiva, es fruto de los intercambios culturales que en ella se suceden y hacen que sus significados sean diversos para las comunidades o grupos que la integran, a partir de los símbolos que alrededor de ella edifican, como expresa Duschatzky (1999):

La escuela como todo significante no está sometida por completo al contenido que se supone expresa. Si bien el simbolismo no es totalmente libre, sino que se aferra a lo histórico, tampoco está anclado a un sentido homogéneo (…). Las escuelas a las que aludimos son las escuelas vividas, subjetivizadas, no por personas consideradas individualmente sino por grupos sociales inscriptos en particulares condiciones de existencia (p. 21).

Así el significado de la escuela desborda el plano institucional y su función socializadora, para vincularse a una construcción colectiva que de ella hacen los individuos y grupos que la habitan y la viven, al asignarle significados y sentidos a partir de la creación de una red de símbolos que hacen que surjan representaciones de la escuela. Pero también es un espacio de intercambio y encuentro a través del diálogo y el pluralismo como herramientas para el reconocimiento de la diferencia.

Territorio, Territorialización y Territorialidad

El territorio como concepto es objeto de estudio por parte de diversas disciplinas que desde su área de conocimiento han intentado definirlo y caracterizarlo, tal como es el caso de la geografía, la biología, la ciencia política, la antropología, etc. Esta circunstancia trae como consecuencia que no exista una definición acabada y precisa de lo que ha de entenderse por territorio, por lo cual cualquier intento que se haga para definirlo será parcial, pues se reitera, puede ser abordado desde distintos campos disciplinares. Inclusive, algunos autores han propuesto la polisemia de este término al señalar que cualquier definición que se haga es contextual y puede ser insuficiente en cualquier otro escenario.

Teniendo en cuenta esto, para la aproximación al concepto de territorio, se hace necesario indagar por (i) los elementos constitutivos del territorio, (ii) la territorialización como dinámica de intervención en el espacio y creación del territorio, (iii) se definirá el territorio y, por último, (iv) se abordará la territorialidad.

Elementos Constitutivos del Territorio. El territorio humano es resultado de un conjunto de elementos que confluyen para que el individuo y la colectividad establezcan relaciones con su entorno físico, en el cual desarrollan prácticas de apropiación y lazos de identidad para la construcción del ethos3; dentro de estos elementos definitorios del territorio se acogen aquellos enunciados por García (1976), dentro de los cuales se encuentra: el espacio, la población y los recursos.

Territorialización como Dinámica de Intervención en el Espacio y Creación del Territorio. En términos de Monet (2013), “el territorio corresponde a un espacio definido, producido y ordenado por acciones humanas, es decir, el territorio solo existe en la medida en que puede ser apropiado por un sujeto, sea individual o colectivo (familia, comunidad o sociedad)” (p. 137); de allí que afirme que este concepto está estrechamente relacionado con las condiciones de manejo territorial que del espacio hacen los actores sociales, es decir, el territorio se edifica y construye en perspectiva de los valores que se le atribuyen a un área geográfica determinada. Una de las consecuencias de este enfoque sobre el territorio, es que cambia la perspectiva sobre la cual se funda el estudio del mismo pues se supera la noción de representación en virtud de los límites geográficos y se traslada al actor social, el individuo, la familia, la comunidad, etc.; y su representación del entorno y el mundo.

El territorio es desde esta perspectiva una construcción social y relacional vinculado a las formas de apropiación de un área geográfica determinada, estás formas de intervención sobre el espacio son el trabajo y los intercambios culturales.

El Territorio. Este concepto ha sido definido por muchos autores que de una u otra manera han recogido los elementos hasta aquí mencionados, por ejemplo, Monnet (2013) define el territorio como el espacio definido, producido y ordenado por acciones humanas; Raffestin (1993) por su parte lo entiende como el conjunto de relaciones establecidas en la vida en sociedad mediada por el trabajo, por el poder y por el lenguaje en un espacio determinado; Saquet (2015) lo concibe como una construcción social, histórica, relacional y está siempre vinculado a procesos de apropiación y dominación del espacio por las personas; y por último, García (1976) define el territorio como un espacio socializado y culturizado de tal manera que su significado sociocultural incide en el campo semántico de la espacialidad y que tiene, en relación con cualquiera de las unidades constitutivas del grupo social propio o ajeno, un sentido de exclusividad positiva o negativa.

Territorialidad. Se ha dicho que el territorio es resultado del trabajo y los intercambios culturales y sociales, los cuales influyen en las prácticas y representaciones espaciales que los individuos y la colectividad crean en un espacio o área determinada. Es necesario entonces analizar la manera en que el territorio incide en el comportamiento, las prácticas y la configuración de las relaciones sociales, lo que los autores han denominado territorialidad, la cual para Dematteis y Governa (2005) es:

…el resultado del comportamiento humano sobre el territorio…, es el proceso de «construcción» de tal comportamiento, el conjunto de las prácticas y de los conocimientos de los hombres en relación a la realidad material, la suma de las relaciones mantenidas de un agente con el territorio y con los demás agentes (p. 44).

La territorialidad desempeña entonces un papel fundamental en la práctica simbólica, cognitiva y experiencial que del territorio hace una comunidad, pues con base en ella los hombres y grupos juegan papeles y desempeñan acciones, las cuales los estandarizan de cara a otros integrantes del mismo territorio pero que la diferencia de personas o grupos ajenas al mismo.

Hasta aquí entonces se ha mostrado cómo existe una clara relación entre la territorialización, el territorio y la territorialidad, como dinámicas de ocupación y asignación de significado al espacio y su influjo en las prácticas y modos de vida de las comunidades, como se puede sintetizar en la figura 1:

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Figura 1. Tomado de Monnet. 2013. p. 5

Escuela y Territorialidad

La territorialización que produce la escuela delimita fronteras. Su significado está definido por los usos y apropiaciones del espacio físico y por las representaciones que se elaboran con respecto a la utilidad de la escuela en la vida social (Ruiz, 2006, p. 10).

Se ha dicho hasta aquí que la escuela es un espacio institucionalizado, pero a su vez es un lugar vivo en el que convergen los miembros de la comunidad educativa, la cual corresponde al grupo humano que en atención a su proximidad física en un espacio o área determinada crea costumbres, tradiciones e intercambios que permiten orientar el comportamiento de todos sus miembros. En este sentido, la comunidad educativa se estructura alrededor del trabajo educativo que se realiza en la escuela y desde la escuela (Posada, 2001).

En igual sentido la escuela alberga subcomunidades o subculturas que crean dinámicas propias y alternas al proceso educativo, originando procesos de resistencia frente al modelo normativista e institucionalista que predomina en ella. Así la escuela cobra distintos significados a partir de los múltiples intercambios culturales y sociales que allí suceden; en ella convergen distintas subculturas, que además de estar definidas por sus roles como docentes, estudiantes, directivos, etc.; surgen de intereses comunes creados como consecuencia de las condiciones socioeconómicas, generacionales o de capital cultural adquirido.

La organización del espacio y la apropiación de este a través de prácticas, hace que la escuela no posea un único significado, pues este está dado por la manera en que las personas y grupos que la habitan perciben y se representan en el escenario escolar. Sobre esto en particular afirma Ruiz (2006):

…los sentidos sociales de la escuela están asociados a los usos y apropiación que las comunidades hacen de su espacio físico y, desde ahí, de las relaciones y representaciones sociales que se tejen para la vida en sociedad. Es la reflexión y construcción de una escuela en plural, con múltiples usos, sentidos y apropiaciones sociales que son portadoras de historia compartida, identidad colectiva según las marcas instituidas y vividas por la comunidad educativa. En esta medida, el territorio escolar funda, reúne y une (Ruiz, 2006, 15).

La manera en que el territorio impacta las formas de vida, es lo que en párrafos precedentes hemos denominado territorialidad, así la apropiación en mayor o menor medida del espacio escolar por parte de los miembros de la comunidad educativa y específicamente los estudiantes condicionan sus comportamientos en la escuela y las formas de relacionarse con los miembros de la comunidad, que reiteramos se divide a su vez en subcomunidades o subculturas.

Metodología

Este documento es producto de la primera etapa de la investigación “Exploraciones Fenomenológicas sobre la Escuela”. Como su nombre lo indica, el método de investigación utilizado para su desarrollo es la fenomenología; este método se entiende como “el estudio de los fenómenos, y los fenómenos son la vivencia de alguien -pertenecen al flujo de conciencia de alguien-” (Van Manen, 2016, p. 102).

Entendido así, la fenomenología que se utiliza para este estudio parte de la cotidianidad4 de 8 personas de sus experiencias de vida y de sus trayectos por la escuela.

Es por esto, que esta investigación se divide en tres fases: (1) Intuitiva, (2) Inductiva y (3) deductiva. Esta se desarrolló a partir de 3 momentos a saber:

1. Reconstrucción narrativa de la experiencia de los investigadores en la escuela.
2. Análisis temático de las narrativas, para determinar asuntos de interés desde la experiencia en la escuela.
3. Problematización y generación de preguntas alrededor de las temáticas para derivar proyectos de investigación.

A partir de cada narrativa, se inició un proceso de extraer todo tipo de temáticas desde cada una de las experiencias narradas; y desde allí, se eligió una temática para problematizar; en la evocación de estas narrativas se solicitó que fuera lo más explícito posible en su historia, sin omitir detalles, para lo cual se tuvieron en cuenta los existenciales propuestos por Van Manen (2016) y así lograr narrativas ricas en sentido y significado.

Para esta investigación, el tema de interés se ha centrado en la escuela como lugar, principalmente en los espacios escolares que constituyen como territorios públicos, privados, de acogida, de tránsito, incluso, como lugares ocultos o para ocultarse. Así, la escuela es un territorio que se construye por los sentidos que le son otorgados por quienes la habitan a diario.

Luego de definir esta temática, se releyeron de nuevo las narrativas centrando la mirada en tal asunto y explorando lo que en ellas emergían. Para ello, se utilizó una matriz de trabajo en la que se consignaban: (1) las narrativas, (2) los temas que se extraían de estas en relación con el objeto de investigación y (3) una descripción de lo que, desde la perspectiva del investigador, la narrativa aportaba al tema definido.

Definidos los temas desde las narrativas se procede a hacer agrupaciones que permitieran dotar de sentido el fenómeno explorado; se pusieron a dialogar las descripciones y develar la dinámica de la constitución de la escuela como territorio. Estos elementos son los que se presentan a continuación.

Análisis de resultados. Sentidos Atribuidos a la Escuela

La escuela es visualizada como un lugar en el que impera el respeto hacia el recinto y a las personas que hacen parte de él, esta representación se hace visible en los relatos de los participantes que señalan: “Recuerdo de esta escuela sus hermosos jardines, el enorme patio donde todas las mañanas hacíamos fila mientras alguien daba un largo discurso y nos revisaban el uniforme”. N2. Reconocimiento que podemos encontrar entre las líneas de lo expresado por Gusdorf (1973).

Entre los recuerdos más preciosos que cada hombre conserva de su propia vida, recuerdos de familia, amor, guerra o caza, los escolares constituyen una categoría particularmente importante. Todos nosotros conservamos imágenes inolvidables de los principios en la escuela y la lenta odisea pedagógica en la que se realiza el desarrollo del pensamiento y, en gran parte, la formación de la personalidad. La materia misma de la enseñanza se ha perdido; el hombre olvida frecuentemente lo que había aprendido de niño, pero todavía conserva la presencia del clima de sus años de escuela: la clase y el patio, los deberes y los juegos, los compañeros (P. 7).

Al analizar las narraciones de los sujetos, encontramos que estas se planteaban desde tres elementos centrales (i) Escuela: Territorio de Poder y Control, (ii) Escuela: Territorio de Exploración, (iii) Escuela: Territorio de Experiencia. Cada uno de estos será expuesto a continuación.

Escuela: Territorio de Poder y Control

La escuela como institución social, tiene un reconocimiento, y el espacio escolar es visualizado por la comunidad educativa como escenario de instrucción, de poder y control, estos últimos ejercido por las directivas y docentes, donde se generan ambientes de disciplina, que buscan fomentar modelos de conducta a través del seguimiento de normas, horarios de ingreso y salida, el uso del uniforme y otras dinámicas; a partir de las cuales se busca homogeneizar el comportamiento de los estudiantes y que se integren así a la comunidad educativa. Las dinámicas homogeneizadoras se producen también a través de la distribución de los espacios, que acompañados por colores, formas y estructuras uniformes son explicativas de los dispositivos de poder y control que hacen presencia en la escuela y que se expresan según la agrupación realizada a las narrativas en las siguientes categorías: (i) Territorio Organizado, (ii) Uniformidad y (iii) Autoridad Escolar.

En la escuela como Territorio Organizado encontramos las aulas como lugares en los que se imparte el conocimiento; está constituida también por una multiplicidad de lugares de tránsito, puertas de entrada y salida; sitios estacionarios a los cuales llegar, lugares para instalarse y que buscan materializar su finalidad principal, la educación, la cual puede tener lugar en distintos espacios de la institución.

Concebir la escuela como territorio organizado y controlado genera en los miembros de la comunidad educativa la percepción de tranquilidad y paz, un espacio que origina una vivencia diferente al habitarla; pues viene acompañada por colores, formas y estructuras uniformes que hacen surgir la visión de un espacio controlado y estructurado, muestra de ello se encuentra en una de las narraciones donde se señala:

“Una vez dentro de la escuela, todo era distinto. Me encantaba ese espacio: la escuela era grande, con dos patios inmensos en su interior y amplios y cuidados pasillos de una baldosa fresca que invitaba a tirarse para jugar al “yass”. Recuerdo la abundancia del azul en sus paredes y las carteleras grandes con mensajes y algunos iconos religiosos, especialmente de la virgen, que tenía su propio altar. La escuela era de una congregación de monjas y todo parecía impecable y ordenado. Siento que primaba el silencio y el respeto. A mi mente llegan las monjas en su ir y venir pausado dentro del recinto y su amorosa manera de acercarse a los niños”. N2

Es de resaltar que, la escuela es un espacio organizado y estructurado desde afuera y hacia adentro, orientado a generar ambientes de disciplina y control en los estudiantes, donde habitualmente el patio escolar se ubica en el centro de su infraestructura.

Una de las manifestaciones de la escuela como espacio organizado y estructurado donde se ejerce el control, surge de tener condiciones de salida y entrada controlada a los diferentes espacios, controles que se hacen más estrictos por la edad de los niños y niñas, quienes cuentan con mayores restricciones. La escuela como espacio de control, desde temprana edad busca generar en la comunidad educativa el seguimiento de las normas de convivencia que allí existen. Como se evidencia en la siguiente narración:

“El aula de primero, el ingreso tenía dos puertas una completa que permanecía cerrada mientras no hubiese nadie allí, abría hacia adentro, y en la parte exterior una reja metálica suficiente para evitar que saliéramos de allí en horas no indicadas pero que permitía el paso del aire para los días de temperaturas muy altas”. N1

Como lugar de Uniformidad se hace alusión a los útiles y el uso del uniforme que generan un sentido de pertenencia a la comunidad educativa, procesos de identificación y apropiación del entorno escolar. Es hacerse parte, ser congénere de alguien más, ser compañeros de estudio. Como se menciona:

“Bueno, algo que, si me gustó mucho, fue que, por primera vez, mi hermana y yo debíamos usar uniforme para ir a estudiar, y me parecía algo novedoso”. N5

Sin embargo, esta uniformidad no viene dada exclusivamente por la vestimenta que deben portar los alumnos, en el espacio escolar también se encuentran los mismos colores en sus puertas y paredes, para crear una visión de un espacio organizado, estructurado y homogéneo. Esta característica de uniformidad cromática, está representada en los tonos con los que adorna la escuela y con los que se reviste el uniforme e inclusive la vestimenta de los docentes con su bata de maestro.

“…ya en la parte de arriba, se encuentra un aula, y pasando el patio un edificio de dos pisos con salones, todas de color verde las puertas y blancas las paredes, aunque en la parte inferior de las paredes también eran de color verde”. N1.

Frente a la Autoridad Escolar, la escuela como espacio de poder y control alberga diversos tipos de oposiciones entre los miembros de la comunidad educativa, quienes en cumplimiento de los roles que desempeñan al interior de la institución, despliegan acciones acordes a su papel, los estudiantes en el tránsito por la escuela desarrollan conductas variadas, pues buscan crear una identidad propia y reafirmarla frente a sus compañeros, profesores y directivos; siendo estos últimos los responsables en conducir el proceso educativo, son las figuras de autoridad que se encargan de disciplinar y alinear las conductas de los estudiantes de acuerdo al proyecto educativo, siendo vistos como opresores y enemigos de las expresiones de autonomía del estudiante en la escuela.

“La profe de 5to me odiaba, tal vez por ser un poco listo y cuestionador, cuando decía algo que no entendí o no le creía al otro día le refutaba y con bibliografía le demostraba su error, al ver que la situación era bochornosa porque alguien de mi edad le hacía sentir en ridículo, me llevo a donde el rector para que me expulsaran, por indisciplina y grosería, cuando la profe Cecilia terminó de hablar me dieron la oportunidad de hacer descargos, ahí mi ingenio nuevamente estuvo presto a ayudar, le hice una pregunta a la profe sobre un tema que ella no sabía, se enojó pero el rector le pidió que diera respuesta, cuando ella explico le intervine y le hice la corrección, y explique que ella no preparaba las clases y el problema es que a mi si me gusta leer e investigar, preguntaron de donde sacaba la información y los invite a mi casa a conocer mi biblioteca personal, desde ese momento la profe daba las clases y el rector me hacia los exámenes, empecé a recibir reconocimientos académicos y a participar en olimpiadas de matemáticas, español y sociales donde en muchas ocasiones quede de primero”. N4

La escuela como un lugar donde se deben cumplir determinadas conductas y en el cual las manifestaciones de poder se ejercen constantemente, por docentes y directivos, propician situaciones de control, disciplina y sumisión como dinámica de expurgación.

La escuela también promueve, dentro de los estudiantes sistemas de recompensas y sanciones los cuales buscan ser parámetros para orientar las conductas de los estudiantes en todo su devenir escolar, aspecto que puede tener un impacto positivo y/o negativo en el proceso formativo del estudiante pues genera rupturas en su proceso de aprendizaje o asociaciones adversas frente a los procesos al interior de la escuela.

“Los grados 3ro y 4º pasaron muy bien, izadas de bandera, reconocimientos académicos, (…) debo anotar que las lecciones se realizaban llevando el cuaderno al profe y recitar de memoria todo lo ahí consignado. En esta etapa adquirí uno de los traumas que por años he tratado de manejar, la ira y la violencia, pues mi madre me daba duro prácticamente todos los días, si no daba bien la lección, si le daban quejas que peleaba con mi hermana, si alguna nota en el cole estaba mal o bajita, (…)”. N4

Escuela: Territorio de Exploración

La escuela es un territorio vivo, en tanto el individuo y la colectividad establecen relaciones que lo transforman, creando prácticas de apropiación y lazos de identidad que crean un ethos, es así, que en este apartado, que se ha denominado la Escuela: Territorio de Exploración, se agrupan las rutinas, prácticas y nociones que alrededor de determinados lugares de la escuela se producen, como el aula, el pasillo, el patio de recreo, la sala de maestros y demás; que permite mostrar que se encuentra conformada por lugares de tránsito, espacios de juego y de esparcimiento, espacios controlados y organizados como el aula escolar, y espacios vetados y extraños; los cuales contribuyen a edificar las visiones en torno a la manera en que se concibe la Escuela, narraciones que se han agrupado así: (i) Lugar de Encuentro, (ii) Descubrir la Escuela, (iii) Visiones y Vivencias en la Escuela.

Lugar de Encuentro. Alrededor de la escuela se producen rutinas y hábitos propios del ambiente escolar, para todos los miembros de la comunidad educativa; sin embargo, ella también condiciona los modos en que se relacionan quienes la integran y la manera en que se vive la escuela a partir de su diseño e infraestructura, en este caso, la ubicación de los individuos en el espacio genera prácticas y aperturas hacia las otras personas, incluso el uso del espacio puede determinar los sentidos que construyen de la escuela los estudiantes.

“(…) era una Escuela unitaria, era de color blanco con puertas verdes, estábamos en un salón grande los tres grupos, primero, segundo y tercero, había un salón comunal y una cocina donde de vez en cuando nos hacían colada (…)”. N5

La institución educativa está mediada por muchos matices, es visualizada como un lugar de transito porque existe un ir y venir de personas que integran la comunidad educativa, en donde hay lugares que propician el encuentro, como las escaleras, los pasillos, la entrada y salida de la institución; vistos como lugares de paso obligado y permanente para estudiantes y profesores, que conectan con los diferentes espacios de la institución escolar. Es decir, son espacios transversales que atraviesan la escuela desde su puerta principal y conducen a los lugares más recónditos, y al realizar el recorrido, permiten descubrir la variedad de escenarios que componen la escuela.

A medida que se avanza en el paso por la escuela, los miembros de la comunidad educativa descubren que existen espacios que sienten como propios y les resultan más cómodos que otros. Esta supone el reconocimiento de nuevos espacios por parte de los estudiantes donde deben habitar durante el año escolar o el tiempo que sea necesario.

En la escuela como lugar de encuentro con el otro, hay también espacios de tránsito y juego, que pueden ser utilizados como escenarios de esparcimiento y otros que, si bien no tienen esta función, son utilizados para diversos fines, el pasillo, por ejemplo, puede tener usos múltiples, contrario a lo que ocurre con el aula o el patio escolar.

Descubrir la Escuela. Ciertos lugares adquieren status y visiones que se construyen alrededor de ellos, haciendo que surjan espacios vetados y extraños para los estudiantes, son lugares prohibidos por albergar docentes y directivos; lo que genera extrañamiento y el sentir que se está siendo vigilado.

“…Allí había un ingreso al sitio más prohibido de todo el colegio, la sala de profesores, nadie podía pasar sino era por indicación estricta de un profesor; y, aun así, nos miraban como si fuéramos delincuentes y nos sentíamos vigilados. Al finalizar este pasillo y junto a esta puerta se encontraban las segundas escaleras al segundo piso y mi primer grado sexto”.

Por su parte, el aula escolar al ser habitada durante un importante periodo se convierte en un entorno familiar, y el cambio de aula genera extrañeza y ausencia. Aunque el cambio puede representar la oportunidad de exploración. En el aula se crean entre los estudiantes dinámicas y prácticas de complicidad y solidaridad que los lleva a desplegar comportamientos que son propias de lógicas de juego y resistencia que buscan retar la autoridad, y que son mecanismos de escape al control imperante en el aula escolar.

Surgen así las dinámicas de oposición al status quo que impera en el escenario escolar y que de cierta manera son vistos por los estudiantes como simples situaciones de juego, sin embargo, por las autoridades educativas son vistos como actos de vandalismo.

Visiones y Vivencias en la Escuela. La escuela como espacio vivo crea en quienes lo habitan representaciones y asociaciones que obedecen a las experiencias que en ella viven, las cuales habitualmente refieren a personas, sitios o alimentos, lo que genera la creación de una red de recuerdos.

“La recuerdo muy poco, pero me llegan imágenes de una escuela pequeña, polvorienta, de ladrillo, y un salón con muchos niños y pupitres. No me queda ningún nombre memorable de maestros ni compañeros, pero si recuerdo la famosa “cancharina” que comía constantemente en el recreo.” N2

Los estudiantes que asisten y conviven en espacios escolares crean dinámicas y modos de vida que vienen condicionados por el tiempo que permanecen en la escuela, cuando se presenta una ruptura en estas dinámicas y se deja de asistir a la escuela, se genera una extrañeza y un vacío, además de alterar el proyecto de vida que se plantean los alumnos.

“Al fin termine 5, me quede un tiempo sin estudiar trabajábamos en el rio y en el campo, me gustaba estudiar y yo quería continuar el bachillerato, preocupada de haber perdido tiempo, entré hacer ciclos de bachillerato acelerado, luego entre a un colegio de monjas ubicado en otro pueblo del Cauca llamado Silvia, allí entré hacer grado decimo y once, viviendo en otro lugar separada de mis padres asistía al colegio y hacia tareas, (…)”. N5

La escuela es también un escenario en el que los estudiantes generan modos de comportamiento, visiones y proyectos de vida a corto plazo guiados por los referentes que crean entre sus pares u otros miembros de la comunidad educativa, en este caso, las prácticas de los estudiantes de grados superiores sirven de modelo para aquellos alumnos de cursos inferiores.

“Recuerdo que un mes antes de terminar mi tiempo en la escuela, desde el patio de la escuela se veía el colegio, que, para el próximo año, continuarían mis travesuras, desde este lugar se veía lo enorme y amplio del lugar, recuerdo la reja que separaba el colegio de la calle, adornado por otras casas, los vendedores de mango verde, de bolis, entre otros”. N6

Escuela: Territorio de Experiencia

La escuela es un lugar experiencial, en el que los estudiantes conviven en varios espacios y de acuerdo a la experiencia que viven, genera aperturas y diálogos que sirven para reafirmar los rasgos individuales y colectivos a partir del intercambio con el otro, lo que a su vez crea dinámicas de entender y apropiarse del espacio escolar que rompen con las dinámicas homogeneizadoras de los espacios estructurados y controlados, es así, que en este apartado se agrupan aquellas narraciones referentes a: (i) Intercambios de Experiencia en la Escuela y (ii) Habitar la Escuela.

Intercambios de Experiencia en la Escuela. La escuela es un espacio organizado y estructurado desde afuera y hacia adentro, orientado a generar ambientes de disciplina y control en los estudiantes, donde habitualmente el patio escolar se ubica en el centro de la institución, un espacio de autonomía, esparcimiento y libertad, en medio de espacios de disciplina y control, esta es una razón que explica porque en este lugar se fortalecen los lazos, se facilitan los intercambios y el diálogo entre los compañeros.

Los estudiantes en el patio escolar intercambian experiencias a través de dinámicas como el juego y la lúdica, el cual les permiten conocer y generar identidad con sus compañeros por fuera del aula y les permiten vivir la escuela de otra manera. El patio escolar es un espacio que se habita con otras personas, sin embargo, en él se reafirman posturas y se construye la identidad personal.

“Continúe mis clases en el bachillerato en Intenalco, épocas donde el momento de compartir el recreo era importante, recuerdo un día cuando me encontraba en el grado octavo de bachillerato, el juego que realizamos era el de las escondidas, teníamos que delimitar hasta dónde jugábamos, porque nuestro colegio era inmenso. Yo era en muchos de los casos, la última en encontrar, eso me gustaba, me daba tiempo de meditar o de quedar con la mente totalmente en blanco”. N6

El patio escolar es un espacio de autonomía y libertad que reconoce el estudiante, aprecia e identifica el recreo y los lugares de esparcimiento, como escenario de reconocimiento e intercambio con otros, como lo agradable en la escuela.

“…Realmente lo único bueno de esa escuela era el recreo y la caminata de la mañana y la tarde”. N2

Los intercambios que se realizan entre los estudiantes a partir del juego facilitan la apertura de estos al diálogo y reconocimiento del otro, en un ambiente de afectividad y cercanía, en el patio de recreo los estudiantes generan consensos, lo que permite que este sea un espacio de construcción conjunta entre los estudiantes a partir de las vivencias cotidianas.

“En los recreos jugábamos a la “lleva”, “ladrones y policías” al ratón y al gato entre otros, compartíamos lo que llevábamos para el descanso, incluso mi hermana hacia negocio con las masas que mamá nos daba para llevar, las cambiaba o las vendía, no había tienda escolar” N5 .

Las expresiones de libertad también están asociadas al grupo de compañeros que acompañan todas las travesuras que surgen, sin importar si involucra riesgos. Cada momento de ocurrencia es una excusa perfecta para compartir en la escuela.

“En el patio de este colegio había un poste de energía en el que nos uníamos con las manos para pasar entre nosotros corriente eléctrica y despertarnos, sentirnos valientes por soportar esa carga... Una vez en el patio descubrimos una serpiente negra, de anillos rojos y amarillos, que terminó asesinada ante el espanto de todos (…)”. N3

Incluso en el espacio de recreo escolar surge la posibilidad de hacer propio cierto lugar, y en el crear una estructura de refugio, cuidarlo y alejar a los demás. Un lugar que es resultado de las aventuras que se tienen en la escuela. Un lugar en el que se hacen amigos, con los cuales compartimos aventuras, travesuras, diálogos y secretos; cuidando un lugar como un tesoro, porque allí se construye amistad y se comparte tiempo.

Habitar la Escuela. El aula escolar permite crear un lugar propio y privado donde se puede poseer intimidad frente a tus pertenencias, un lugar que es reconocido por los otros como tuyo y que se considera no puede ser violentado. A su vez puede ser reconocida como un lugar de construcción y apropiación colectiva cuando el docente no está presente en el aula escolar para ejercer la autoridad y el control del espacio escolar, se generan otras dinámicas alternas, donde existe una libertad de los estudiantes en controlar de manera divertida y diferente el aula; y en el instante en que la autoridad hace presencia en el recinto genera un control de la situación, utilizando los mecanismos del discurso coactivo para alinear el comportamiento de los estudiantes, e igualmente generar en los mismos incriminaciones frente a la conducta desplegada.

“… Para este año, (1996) el recuerdo más vívido que tengo fue en el tercer día de clase, justo faltaron varios profesores al colegio, problemas de contratación o movilidad de personal, no lo recuerdo. En todo caso, aquel día sólo tuvimos la primera clase, para la mitad de la mañana estábamos en tal voleo de papeles que el salón estaba completamente blanco de las bolitas de papel. De repente se abre la puerta y mientras soltaba uno de los papeles dirigido a uno de mis amigos, veo que ingresa Doña Rosadela; todos nos quedamos perplejos, en silencio y fuimos a nuestros puestos. Mientras caminaba se notaba como en cada paso arrastraba los papeles regados en el piso.” (N1)

La escuela es un espacio donde el estudiante fortalece sus lazos a lo largo del tiempo y que es apropiado a medida que este hace parte de la cotidianidad de los miembros de la comunidad educativa, por ello, el adaptarse a una nueva institución educativa genera tantos retos pues supone hacer propia una nueva comunidad, un nuevo espacio, conductas y costumbres.

“Un pueblo y una vereda desconocida para mí, otra etapa bastante difícil para mis hermanos y yo, no solo por la adaptación a la nueva escuela, sino por la adaptación a todo, empezando porque debíamos convivir con otra familia en la misma casa”. N5

Conclusiones

En este trabajo investigativo se identificaron los territorios que delimitan los estudiantes en el escenario escolar; estos reconocen como espacios de disciplina y control, aquellos lugares en los que docentes y directivos ejercen su autoridad para mantener la disciplina y uniformidad escolar, caracterizándolos como lugares extraños y en los que deben observar modelos de conducta específicos. Se identificaron también espacios de autonomía y libertad, aquellos en los cuales pueden expresarse libre y autónomamente.

Además, se constató que existen territorios que cumplen una doble función, son espacios que se prestan para dinámicas tanto de esparcimiento de los estudiantes como de poder y control por directivos y docentes, es decir, son espacios que desempeñan un doble papel de acuerdo a las dinámicas que surjan en un momento determinado, tales como los pasillos y otros lugares de tránsito dentro de la escuela.

Estos territorios impactan los sentidos que los estudiantes otorgan a la escuela; una primera apreciación que existe frente a ella, es que se visualiza como un recinto organizado y estructurado, en el cual se crea una atmosfera de homogeneidad y uniformidad desde el color, la distribución de espacios y la vestimenta, que sirven como elementos para crear un statu-quo en la institución. Es vista también como un entorno cerrado y controlado pues los participantes destacan en ella la presencia de rejas y puertas que prohíben, vetan y hacen extraños los lugares al interior de la escuela.

Por último, se le reconoce como un espacio de exploración e intercambio a través de las vivencias y diálogos que son facilitados por los lugares de recreo y dinámicas grupales adoptados por los estudiantes.

Estos sentidos, a su turno, hacen que surjan una red de significados y valores sobre áreas determinadas de la escuela, que impactan de manera directa los comportamientos que asumen con sus pares y frente a los docentes y directivos; así se corroboró que los comportamientos de los estudiantes en espacios en los cuales predominan figuras de autoridad son reservados y sosegados en una dinámica propia de reconocimiento de los dispositivos de control y sistemas de sanciones y recompensas existentes en la escuela.

En los espacios de autonomía y libertad, aquellos en los que desarrollan intercambios con pares a través del juego, la lúdica y el diálogo, que facilitan vivir experiencias y hacen que surjan dinámicas que rompen con la uniformidad y atmosfera homogeneizadora de los otros lugares de la escuela; en estos, los alumnos desarrollan modos de vida, lenguajes y culturas que los definen desde la perspectiva individual y colectiva, haciendo que emerjan comunidades y subcomunidades de ellos. Sin embargo, el atribuir valores a determinados lugares de la escuela no impide que, en ellos, los estudiantes, desarrollen comportamientos que producen disrupciones en el ambiente escolar y particularmente en aquellos en los cuales los docentes y directivos ejercen una posición de autoridad, la cual es desafiada a través de prácticas colectivas que nos permite afirmar que la escuela alberga territorios en disputa.

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(2) Como describe, (Del Acebo Ibáñez, 1984:13) “el habitar humano tiene, claro está, un referente físico espacial, pero lo supera, enlazándose con lo social, con un marco cultural y con una vida espiritual propiamente. El hombre habita con todo su ser; con toda su naturaleza compuesta de cuerpo y alma”

(3) Lecoquierre y Steck (citado por Giménez, G., 2004), referida a un “espacio apropiado” por un grupo social para garantizar su sobrevivencia y reproducción.

(4) Para Van Manen (2016, p. 36) “…la fenomenología es mejor si comienza en nuestra cotidianidad”.

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Published on 06/10/21
Accepted on 06/10/21
Submitted on 06/10/21

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