Theodor W. Adorno y Un Mundo Feliz de Aldous Huxley: Algunos Puntos de Convergencia en la Crítica a la Sociedad

'1.' Introducción

La obra de Aldous Huxley Un Mundo Feliz ha sido caracterizada como una utopía negativa porque presenta una sociedad que dista mucho de ser ideal. Es posible definir Un Mundo Feliz en términos de “promesas de felicidad” que simplemente implican la satisfacción inmediata de los deseos más básicos en pos de lograr un equilibrio social sostenido en el tiempo (Díaz Villarreal, 2004, p. 173). De este libro, Adorno (1962) hace el siguiente comentario: “La novela, fantasía futurista con una acción rudimentaria, intenta comprender los traumas sufridos partiendo del principio de desmagización del mundo, llevando este principio hasta el absurdo y arrancando a la inhumanidad así evidenciada la idea de la dignidad del hombre” (p. 100).

El presente trabajo tiene como objetivo el análisis de la novela Un Mundo Feliz de Aldous Huxley (1932) a la luz de la Teoría Crítica en la Dialéctica de la Ilustración y uno de los tres elementos que constituyen la Pedagogía adorniana: la antropología, y los dominios que definen al ser humano, a saber: el hombre y la sociedad, razón y mímesis, el lenguaje y la libertad. En este trabajo, Adorno aporta la base teórica que Huxley desarrolla en su obra.

'2.' La Teoría Crítica en la Dialéctica de la Ilustración y Un Mundo Feliz

Horkheimer y Adorno (1947) ponen al descubierto el estado de barbarie en que se vive en el siglo XX, contrario a las promesas prometedoras de civilización y progreso que el Iluminismo hacía. Según la Ilustración, por ejemplo, el orden y progreso iban a liberar al hombre de la esclavitud que genera la metafísica. Dicha situación puede compararse con la realidad que viven los ciudadanos del Estado Mundial representado en Un Mundo Feliz, la distopía escrita por Huxley en 1932. Tanto el Iluminismo como los diez Interventores que controlan el mundo en la novela abogan por el progreso, pero ocultan el precio que hay que pagar para lograrlo. Al respecto, la crítica de Horkheimer y Adorno (1947) es la siguiente: “La condena natural de los hombres es hoy inseparable del progreso social. El aumento de la producción económica que engendra por un lado las condiciones para un mundo más justo, procura … al aparato técnico y a los grupos sociales” (p. 4). En otras palabras, el progreso social se produce a partir de la desigualdad entre las masas y los dirigentes. Similarmente, en la novela “[t]odo condicionamiento tiende a esto: a lograr que la gente ame su inevitable destino social” (Huxley, 1932, p. 20). En ese mundo, los ciudadanos aman su servidumbre o esclavitud porque ni siquiera son conscientes de ello; según la casta a la que pertenecen, han sido condicionados a comportarse y no cuestionar su rol en la sociedad. Horkheimer y Adorno (1947) advierten una situación análoga en nuestro mundo burgués: “A través de las innumerables agencias de la producción de masas y de su cultura, se inculcan al individuo los estilos obligados de conducta, presentándolos como los únicos naturales, decorosos y razonables” (p. 27). En el Mundo Feliz, uno de los mecanismos empleados para lograr actitudes profundamente arraigadas en los ciudadanos es la hipnopedia o “[e]l principio de la enseñanza durante el sueño” (Huxley, 1932, p. 26). A partir de dicha técnica se les enseña a los humanos principios morales, los cuales son compartidos por toda la comunidad y cuyo objetivo es que los miembros de la sociedad estén al servicio de los gobernantes del estado: “la suma de estas sugestiones es la mente del niño. …también la del adulto, a lo largo de toda su vida. La mente que juzga, que desea, que decide... formada por estas sugestiones. … ¡Sugestiones del Estado!” (Huxley, 1932, p. 29). Uno de los proverbios que todos han escuchado reiteradamente mientras duermen está relacionado con la división de trabajo: “Todo el mundo trabaja para todo el mundo. No podemos prescindir de nadie” (Huxley, 1932, p. 58). Nuevamente, se deduce, por un lado, la necesidad de ser productivos y tener asignadas tareas, y por otro, la utilidad de las personas para que el sistema funcione de manera estable. Se ha reemplazado la esclavitud de la religión que denunciaba el Iluminismo por otro tipo de esclavitud: la esclavitud de la razón instrumental. Como consecuencia, se cosifica la realidad social y no se la puede cambiar, es decir, los sujetos tienen que adaptarse a esa realidad incuestionable.

Horkheimer (1973) afirma que en la utopía negativa de Huxley se pone en evidencia la “formalización de la razón” (p. 66), que implica el reemplazo del pensamiento independiente por ideas estereotipadas, lo cual se logra a partir de distintos mecanismos o técnicas. Los diez Interventores que controlan el mundo han tomado todas las medidas para que los ciudadanos no encuentren contradicciones racionales entre lo que es y lo que debe ser. Han logrado una estabilidad que no exige de las personas actuar en consecuencia de las contradicciones porque no son capaces de advertir ninguna. Al igual que en la Ilustración, lo que no cae bajo la razón es incognoscible dado que se concibe a la razón como una e invariable. Esto se evidencia, por ejemplo, cuando Bernard le pregunta a Lenina si quiere ser libre, ante lo cual ella le responde: “No sé qué quieres decir. Yo soy libre. Libre de divertirme cuanto quiera. Hoy día todo el mundo es feliz” (Huxley, 1932, p. 68). El planteo de Bernard es ilógico para Lenina; su concepto de libertad se cumple en el mundo en que vive porque ha sido condicionada a concebir el pensamiento que se le ha inculcado como el único posible; no hay otras alternativas. Análogamente, Horkheimer (1973) señala que, en el mundo burgués, “[l]as masas se consideran forjadoras de sus propios destinos, y son sin embargo ‘objetos’ de sus líderes” (p. 157). En términos de Horkheimer y Adorno (1947) “la reducción del pensamiento a la producción de uniformidad, implica el empobrecimiento tanto del pensamiento como de la experiencia” (p. 31). La explicación se halla en que es justamente lo que le permite al hombre autoconservarse a expensas de la pérdida de libertad (Horkheimer & Adorno, 1947, p. 36). Similarmente, ante el enunciado de uno de los proverbios hipnopédicos, la reacción de los estudiantes es la siguiente: “Los estudiantes volvieron a asentir, con énfasis, aprobando una afirmación que sesenta y dos mil repeticiones en la oscuridad les habían obligado a aceptar, no sólo como cierta sino como axiomático, evidente, absolutamente indiscutible” (Huxley, 1932, p. 36). El pensamiento de los ciudadanos del Mundo Feliz no es reflexivo, de hecho, es un pensamiento sin crítica, por lo que nunca se va a producir un cambio social. El resultado es la reificación de lo humano: los sujetos replican la realidad sin pensar; el hombre se ha convertido en una cosa manipulable. Cuando la sociedad manipula al hombre, no reacciona porque ha perdido la capacidad de reflexionar. En otras palabras, el hombre ha perdido su sí mismo, y en este mundo la razón no es dialéctica porque no hay confrontación entre pensamiento y praxis. Horkheimer (1973) nos advierte al respecto: “Cuanto más automáticas y cuanto más instrumentalizadas se vuelven las ideas, tanto menos descubre uno en ellas la subsistencia de pensamientos con sentido propio. Se las tiene por cosas” (p. 33).

Se puede afirmar que en el Mundo Feliz el principio de producción en masa ha sido aplicado a la biología. De hecho, los seres humanos de las castas más bajas son creados para desarrollar un papel en la cadena de montaje, la cual se emplea para traer hombres y mujeres al mundo, quienes se encuentran al servicio de la elite que controla la sociedad. Horkheimer y Adorno (1947) comentan al respecto: “La división del trabajo, a la que el dominio da lugar en el plano social, sirve a la totalidad dominada para autoconservarse. …El dominio se opone a lo singular como universal, igual que la razón en la realidad” (p. 21). Aquellos que se alejen o se rehúsen a conformarse a las normas son considerados inadaptados. Tal es el caso de dos de los personajes de la novela, a saber: Bernard Marx y Helmholtz Watson, quienes lo que “tenían en común era el conocimiento de que eran individuos” (Huxley, 1932, p. 54). A diferencia de otros miembros de la sociedad, a pasar de haber sido condicionados, ambos se saben diferentes del resto y se sienten de alguna manera insatisfechos con sus vidas, mientras que los demás se identifican sólo con los de su propia clase. La gran mayoría cae presa de la vida rutinaria que llevan y del aparato del Estado que se encarga de que acepten sin cuestionar el destino que les ha tocado: “la repetición, bajo el nombre de legalidad, fija al hombre en el ciclo, en el cual, por haberlo objetivado en la ley de la naturaleza, el hombre cree desempeñar el papel de sujeto libre” (Horkheimer & Adorno, 1947, p. 14). Permítaseme remarcar que las personas en el Nuevo Mundo creen ser libres; al haber sido condicionadas desde temprana edad, la única realidad que conocen es la que se les ha impuesto sin que sean conscientes de la existencia de otras posibilidades. Como indica Adorno (1962), la producción en masa no se limita a objetos, sino que también es de seres humanos.

Las autoridades del Mundo Feliz se valen de otra herramienta poderosa a fin de someter al hombre; lo que Horkheimer y Adorno (1947) denominan “la industria cultural.” Para ello, cuentan con varias Oficinas de Propaganda y la Escuela de Ingeniería Emocional, cuyos trabajadores se encargan de la difusión de los medios de comunicación. Una forma de entretenimiento es el cine o sensorama, que se trata de una réplica de lo que se pretende que los ciudadanos experimenten en la vida cotidiana, y presenta las características que describen Horkheimer y Adorno (1947): “[el film] adiestra a sus propias víctimas para identificarlo inmediatamente con la realidad” (p. 43). Las películas suelen tener tramas vacías de contenido ya que se reducen a la experiencia sensorial. “Hay una escena de amor sobre una alfombra de piel de oso; dicen que es algo maravilloso. Aparecen reproducidos todos los pelos del oso. Unos efectos táctiles asombrosos” (Huxley, 1932, p. 33). Explican Horkheimer y Adorno (1947) que los medios de comunicación se imponen a los ciudadanos de forma tal que no tengan escapatoria y consuman lo que se les presenta; aquellos que no lo hagan son aislados. Bernard, por ejemplo, finge devoción a Ford para demostrar el comportamiento esperado en un día de Servicio y Solidaridad, que implica el canto de himnos y el consumo de soma (una especie de droga) para lograr la unidad entre un grupo de doce personas: “Bernard se sentía ahora tan desdichadamente aislado como cuando había empezado el Servicio; más aislado a causa de su vaciedad no llenada, de su saciedad mortal. Separado y fuera de la armonía” (Huxley, 1932, pp. 64-65). En ambos ejemplos se evidencia cómo a partir de la repetición de slogans y experiencias se emplea la cultura industrializada y réclame como dispositivo para adoctrinar a los ciudadanos, hacerlos aceptar el destino que les toca vivir (Horkheimer & Adorno, 1947). La industria cultural, a partir de la reproducción repetitiva, se vale de diferentes aparatos para naturalizar la vida cotidiana y hacer que las personas imiten las conductas que se esperan de ellas y así pertenezcan a la correspondiente casta. En consecuencia, los sujetos son presas del mimetismo (Horkheimer, 1973, p. 151), que es lo que les permite pertenecer a un grupo y sentirse identificados.

El empleo de los medios de comunicación, la técnica de hipnopedia, y la decantación de seres humanos según la casta que se les asigne se encuentran al servicio de los fines de los diez Interventores. Ello da cuenta de la prevalencia de la razón subjetiva, la cual “tiene que habérselas esencialmente con medios y fines, con la adecuación de modos de procedimiento a fines” (Horkheimer, 1973, p. 15), que en este caso se corresponden con los intereses de los que se encuentran en el poder en Mundo Feliz. Es justamente lo que les permite mantenerse en la posición en la que están y lograr la divisa del Estado Mundial: Comunidad, Identidad,

Estabilidad. Agrega Horkheimer (1973): “Su valor operativo, el papel que desempeña en el dominio sobre los hombres y la naturaleza, ha sido convertido en criterio exclusivo” (p. 32); la razón tiene carácter instrumental.

'3.' La antropología de la Pedagogía adorniana y Un Mundo Feliz
'1.' El hombre y la sociedad

Las tres palabras que definen la sociedad del Mundo Feliz son Comunidad, Identidad y Estabilidad. Adorno (1962) explica que, en esa sociedad, la Comunidad ordena la vida de cada una de los ciudadanos, es decir, cada uno está al servicio de la sociedad; la Identidad implica “la anulación de las diferencias individuales” (p. 102) al punto que “la única manera de asegurar la supervivencia del orden externo es la identificación con la colectividad” (Díaz Villarreal, 2004, p. 175); y, por último, la Estabilidad asegura que no haya ningún tipo de rebelión contra el modelo de sociedad instaurada. Es a partir de esas tres palabras que queda definida la relación hombre-sociedad. La sociedad define así al tipo de persona que quiere formar: un ser humano supeditado a los mandatos de la comunidad, carente de su propia individuación, y sin motivo alguno para reflexionar o criticar la situación social. Una de las frases que evidencia la subordinación del hombre a la sociedad es: “No podemos prescindir de nadie” (Huxley, 1932, p. 58). En otras palabras, la existencia del ser humano se fundamenta en la utilidad que tiene para dar respuesta a las necesidades de la sociedad. Ello se conjuga con la ausencia de un sentido de identidad propia; quién es cada uno despende de la casta a la que pertenezca: Alfas, Betas, Gammas, Deltas o Epsilones. Es por ello que Adorno (1962) considera que “se trata de un sistema clasista racionalizado” (p. 102). La casta determina el condicionamiento al que son sometidos desde temprana edad, y es lo que sustenta las bases de la estabilidad: los ciudadanos de Mundo Feliz se sienten seguros, saludables y satisfechos con el trabajo que deben realizar; es decir, no hay razón alguna para generar cambios. Como afirma Díaz Villarreal (2004), el equilibrio social resulta en felicidad, pero dicha estabilidad sostiene un “orden injusto” (p. 174), que lejos está de lo que sería una utopía. En aquellos casos que las personas deban enfrentarse a situaciones adversas o que no resulten agradables, pueden tomar soma, una droga que les permite escaparse del mundo terrestre y regresar “cuando se sienten ya al otro lado de la grieta, a salvo en la tierra firme del trabajo y la distracción cotidianos” (Huxley, 1932, p. 46).

Para ser aceptado como miembro de la sociedad, tanto el intelectual al que alude Adorno (1962) como cada uno de los hombres que forman las castas en Mundo Feliz debe “extirparse como ser independiente y autónomo” (p. 100), sacrificando así su individualidad (Caner-Liese, 2003). En el caso de los ciudadanos de la distopía de Huxley, ello se logra por medio de la manipulación que resulta del condicionamiento, “la ración de soma, los juegos, la copulación sin restricciones y el sensorama” (Huxley, 1932, p. 148). La conversación entre Mustafá Mond y el Salvaje da cuenta de todos estos mecanismos que emplean los que están en el poder a fin de lograr estabilidad en la masa social y, por ende, continuidad del tipo de sociedad que han creado. Justamente se evidencia lo que señala Adorno (1962): “no dejan de ella más que lo que cumple en esa sociedad un objetivo inequívoco” (p. 18), que en el Mundo Feliz es la estabilidad social. Mustafá Mond le explica al Salvaje que también han decidido qué aspectos de la cultura suprimir con el objetivo último de prolongar la estabilidad en la sociedad: “Nosotros hemos sacrificado el arte puro” (Huxley, 1932, p. 146) como así también la ciencia. Consideran que ambos campos pueden generar en las personas comportamiento subversivo, por lo que solo los Interventores tienen acceso a material relacionado con esas áreas del conocimiento, mientras que el resto de la población ni siquiera sabe de la existencia de las producciones artísticas o científicas. Adorno (1962) con claridad explica que la represión, al quedar justificada en pos de la comunidad como un todo, y la sociedad, al estar organizada de forma tal que no se discuta la vida que cada hombre debe llevar, “suministran una apariencia de legitimación” (p. 20).

'2.' Razón y mímesis

Según Adorno, lo propio del hombre no es solamente pensar, sino también sentir. En Mundo Feliz, la vida de las personas está organizada de tal manera que “no tienen tiempo ni ocios que no puedan llenar con el placer, ni un solo momento para sentarse y pensar” (Huxley, 1932, p. 46). Consecuentemente, parece ser que estos ciudadanos no cuentan con ninguna oportunidad de reflexionar; son humanos que no poseen aquello que lo diferencia del resto de los animales: la capacidad de pensar. Precisamente, lo que se logra es la autodegradación del hombre, es decir, deja de ser hombre, pues no reflexiona; es reducido a cuerpo. Es por ello que los Interventores les permiten dar rienda suelta a sus deseos corporales para que alcancen la “superficial felicidad de los placeres satisfechos” (Díaz Villarreal, 2004, p. 174). Se trata de hombres que jamás podrán hacer uso de la razón por sí mismos, mucho menos llevar a cabo lo que propone Adorno (1966/1984): “su crítica por ella [la razón] misma” (p. 89). Esto se evidencia en la novela cuando Bernard confronta a Lenina y sugiere que pueden disfrutar de la compañía del otro simplemente contemplando la naturaleza, y también revela que su libertad se encuentra restringida por el condicionamiento que han recibido desde niños. En la respuesta de Lenina se manifiesta el poder de la manipulación de la que son víctimas: “No comprendo nada —dijo Lenina con decisión, determinada a conservar intacta su incomprensión” (Huxley, 1932, p. 69). Sólo un par de personajes son capaces de advertir que la vida que llevan es superficial porque son conscientes de que hay algo de que carecen. Tal es el caso de Helmholtz Waltson y Bernard: “En el fondo le interesaba otra cosa. Pero ¿qué? Éste era el problema que Bernard había ido a discutir con él” (Huxley, 1932, p. 54). Ellos son de los pocos ciudadanos aptos, a partir de la autoconciencia y autodeterminación, para enfrentar la manipulación y realizar una dialéctica razón-mímesis y así evitar la identificación con la realidad.

Adorno (1962) define condicionamiento en el contexto de la sociedad de Mundo Feliz como “la total preformación del hombre por la intervención social, desde la generación artificial y la dirección técnica de la conciencia y del inconsciente en los primeros estadios de la vida” (pp. 102-103). En otras palabras, es un mecanismo a partir del cual el comportamiento de las personas es manipulado a fin de que dé respuesta a lo que se espera de cada una de ellas en la sociedad. El resultado es sujetos que aceptan el rol que deben cumplir en la sociedad y que, al estar conformes, no tienen motivo alguno para rebelarse contra en sistema; consecuentemente, el gobierno se asegura el mantenimiento del orden social. De hecho, las personas que habitan Mundo Feliz “[s]i quieren vivir no tienen otro remedio que adaptarse a lo dado, que someterse; tienen que erradicar precisamente esa subjetividad autónoma a la que apela la idea de democracia; sólo pueden mantenerse renunciando a su propio yo” (Adorno, 1998, p. 25). El comportamiento del hombre no debe desviarse de los principios que postula la sociedad; si lo hiciera, estaría condenado socialmente y sería excluido de la sociedad. A modo de ejemplo, el Director de Incubación y Condicionamiento queda expuesto ante otros Alfas y es ridiculizado cuando se da a conocer que dejó embarazada a una Beta y, por lo tanto, es padre, lo cual es una aberración en un mundo en el que la familia ha dejado de existir y las personas no resultan de una relación vivípara, sino que son decantados. Como consecuencia, el Director se ve obligado a renunciar y a tomar soma para olvidar la vergüenza de la situación. Adorno (1962) lo explica de la siguiente manera: “Como hijos de la sociedad en el más literal de los sentidos, los hombres no se encuentran ya en principio en una relación dialéctica con ella, sino que coinciden sustancialmente con ella” (p. 103). En otras palabras, aceptan la realidad en lugar de cuestionarla porque son el producto de una sociedad que genera lo que Adorno (1998) denomina “gente bien adaptada, haciendo así efectivamente posible el prevalecimiento del estado de cosas existente” (p. 96).

3. El lenguaje

Íntimamente relacionado con el pensamiento se encuentra el lenguaje, otro aspecto que nos diferencia del mundo animal. Adorno (1966/1984) expresa la relación pensamiento-lenguaje de la siguiente manera: “El pensamiento no es concluyente hasta que está expresado en la exposición verbal; lo dicho vagamente está mal pensado. La expresión obliga a lo expresado a ser riguroso” (p. 26). En otras palabras, las ideas que tenemos son más concretas y exigen ser más precisas cuando las verbalizamos y, para ello, debemos encontrar las palabras apropiadas. Asimismo, el empobrecimiento del pensamiento desemboca en empobrecimiento del lenguaje dado que la producción verbal depende de la capacidad de establecer relaciones y reflexionar. En el caso de la mayoría de los personajes de Un Mundo Feliz se ven imposibilitados a hacer crítica racional con el lenguaje porque sus pensamientos están constituidos por simple repeticiones incuestionables, a las cuales han sido expuestos desde pequeños. De hecho, las personas de dicha sociedad suelen replicar proverbios hipnopédicos vacíos de contenido, pero que les permiten dar respuesta a distintas situaciones. Por ejemplo, al notar que Bernard está alterado, Lenina le sugiere que consuma soma, empleando ese tipo de expresiones: “Recuerda que un solo centímetro cúbico cura diez sentimientos melancólicos”; “Siempre es mejor un gramo que un taco” (Huxley, 1932, p. 67). Esto ilustra lo que ya Adorno (1962) denunciaba: “La decadencia del habla… ésta se anquilosa bajo la maldición de lo Siempre Igual, hasta reducirse a una sucesión de juicios analíticos” (p. 105).

Resulta también interesante advertir el significado que han adoptado algunas palabras como felicidad y libertad, las cuales dan cuenta de la arbitrariedad del lenguaje en el sentido de que lo que significan está teñido por el uso que hacen de éste los dirigentes. En cuanto al concepto de felicidad, éste se equipara a estabilidad. Y hasta se ha convertido en un axioma que repiten todos los ciudadanos: “todo el mundo es feliz” (Huxley, 1932, p. 59). La propaganda se vale del lenguaje como un instrumento a fin de manipular a las personas a creer que son felices. Horkheimer (1973) nos diría que se emplea el lenguaje “para la conducción de las masas” (p. 33). La frase del Director de Incubación y Condicionamiento esclarece la superficialidad del concepto de felicidad: “éste es el secreto de la felicidad y la virtud: amar lo que uno tiene que hacer” (Huxley, 1932, p. 20). Con respecto al concepto de libertad, Bernard sabe que ha sido condicionado para estar satisfecho con su labor y estilo de vida, pero se pregunta: “¿qué sensación experimentaría si pudiera, si fuese libre, si no me hallara esclavizado por mi condicionamiento?” (Huxley, 1932, p. 68). Sin embargo, es uno de los pocos que comprende el vacío de la palabra libertad en una sociedad en la que cada persona está destinada a cumplir una función y no tiene escapatoria; en realidad, están sometidos al dictamen de la sociedad. Lo que preocupa es que la mayoría no es ni siquiera consciente de ello. Horkheimer y Adorno (1947) advierten: “la palabra -que ahora sólo debe designar y no significar nada- queda hasta tal punto fijada a la cosa que se torna rígida como fórmula” (p. 74). Lo importante de la palabra no es más su significación sino el impacto que tiene en las personas; el fin al que sirve. En términos de Horkheimer (1973): “las palabras, en lugar de tener un sentido, sólo tienen una función” (p. 90).

Díaz Villarreal (2004) sostiene que en la utopía negativa de Huxley una manera de asegurar la estabilidad social es desproveyendo a todo ciudadano de obras literarias, pues es una forma de asegurarse que no van a estar expuestos a ideas que impidan la preservación del statu quo. Ello muestra el poder del lenguaje, de lo que es consciente Helmholtz Waltson, quien advierte que su habilidad para la escritura se emplea para manipular a las personas mientras que él anhela utilizarlas para algo más transcendente: “yo tengo la sensación de que podría hacer algo mucho más importante…Las palabras pueden ser como los rayos X, si se emplean adecuadamente: pasan a través de todo” (Huxley, 1932, p. 55). El lenguaje tiene una utilidad; ser un mero instrumento con el que se propone lograr el objetivo de manipular a los ciudadanos. Libros como los de Shakespeare y la Sagrada Biblia están prohibidos en el Mundo Feliz. ¿Cuál es la razón detrás de esta decisión? Mustafá Mond le brinda una respuesta a el Salvaje; básicamente, en gran medida, hay intereses económicos (Huxley, 1932). La literatura provee a los lectores con la idea de belleza, pero no genera más consumo; no tiene ninguna utilidad, mientras que las nuevas formas de entretenimiento sí estimulan la economía porque se han cosificado: son “mercancías culturales” (Horkheimer, 1973, p. 49). Se puede enumerar otra razón de la prohibición de la literatura, que nos lleva nuevamente al concepto de empobrecimiento del pensamiento: las personas no serían capaces de comprender obras como las de Shakespeare porque la realidad a la que alude el autor es incompatible con la de los ciudadanos de Mundo Feliz. Las tragedias de Shakespeare no tienen lugar alguno en una sociedad estable, donde las personas creen ser felices: “La gente es feliz... Está a gusto; está a salvo; nunca está enferma; … no hay esposas, ni hijos, ni amores excesivamente fuertes” (Huxley, 1932, p. 146). Exponerlos a ese tipo de lectura podría interferir con sus condicionamientos y, por ende, significar una amenaza a la estabilidad. En este sentido, Díaz Villarreal (2004) considera que la literatura puede ser entendida en este contexto como “una voz de protesta contra la deshumanización general” (p. 176).

'4.' La libertad

Adorno considera que existe una libertad encarnada en el hombre en el equilibrio de la razón y mímesis, es decir, cuando el pensamiento no predomina sobre lo emocional y viceversa. Si bien la mayoría de los ciudadanos de Mundo Feliz supone que su racionalidad y sus emociones están en armonía, es evidente que los sentidos son los que guían en mayor medida el comportamiento de las personas. Probablemente, Adorno hablaría de una falsa emancipación en el sentido de que estos sujetos creen ser libres y que su racionalidad está altamente controlada por otros, quienes les permiten desatar sus deseos. Al respecto, Lenina sostiene: “Yo soy libre. Libre de divertirme cuanto quiera” (Huxley, 1932, p. 68). Su afirmación puede ser entendida en términos de Lichtenstein (como se citó en Adorno, 1998, p. 118) como pensamiento racionalmente obligatorio, en el sentido de que estos ciudadanos siempre van a llegar a la conclusión de que son libres. Más adelante, Adorno (1998) hace el siguiente comentario: “las personas se tragan, más o menos sin oponer resistencia, lo que el sistema, esto es, lo abrumadoramente existente les pone ante los ojos, haciéndoles creer, además, que lo que es … es lo que debería ser” (pp. 121-122). La idea de libertad de Lenina, en realidad, responde a los intereses de los Interventores que administran el mundo. Por lo tanto, ello demuestra que no hay pensamiento crítico, que es lo que le permitiría liberarse o emanciparse; la misma sociedad coarta al hombre quien repite lo que se le impone, en lugar de reflexionar y cuestionar la realidad. Lo que es aún peor, ni siquiera percibe la falta de libertad, lo que en parte se debe a las condiciones creadas para que no se percaten de ello: “tiene lo que desea, y nunca desea lo que no puede obtener” (Huxley, 1932, p. 146).

Lo que sucede en Un Mundo Feliz en términos de falta de libertad puede relacionarse con el concepto de alienación. La Real Academia Española define alienación como “limitación o condicionamiento de la personalidad, impuestos al individuo o a la colectividad por factores externos sociales, económicos o culturales.” Ello se evidencia, por ejemplo, en el proceso de producción de Gammas, Deltas y Epsilones, los cuales pasan por el método de Bokanowsky, lo cual significa que de un óvulo boklanovskificado se forman noventa y seis embriones, que equivale a noventa y seis mujeres y hombres estandarizados, cuyo fin es meramente económico: “¡Noventa y seis mellizos trabajando en noventa y seis máquinas idénticas!” (Huxley, 1932, p. 15). Desde el momento en que son producidos, el destino de las personas está predeterminado en cuanto a, por ejemplo, qué tarea tienen en la sociedad. Se produce así “la aniquilación masiva de individuos” (Caner-Liese, 2003, párra. 4). Adorno (1962) señala que Huxley ilustra la autoalineación; en sus palabras, “la plena exteriorización del sujeto que se convierte a sí mismo en mero medio sin que ni siquiera exista un fin” (p. 119). En el caso de los personajes de la utopía negativa de Huxley, sus comportamientos y pensamientos están controlados a tal punto que son utilizados como si fueran dóciles instrumentos, cuya finalidad está determinada por la elite que maneja el mundo, la cual define su rol en la sociedad y los condicionan a aceptar su destino. Ello se condice con la definición de sociedad provista por Adorno y Horkheimer (1969): “especie de contextura interhumana en la cual todos dependen de todos; … el todo sólo subsiste gracias a la unidad de las funciones asumidas por los copartícipes, a cada uno de los cuales, por principio, se le asigna una función” (p. 23). El resultado es la deshumanización de la población cuya ceguera no les permite darse cuenta de la restricción a sus derechos, lo cual lesiona la libertad de las personas porque en la sociedad de Mundo Feliz el hombre es sometido.

La falta de libertad también se hace presente en el Mundo Feliz de otra manera: aquellos que reflexionan acerca de la realidad y la critican son exiliados de la sociedad. Los Interventores consideran que el comportamiento de los “subversivos” puede llegar a afectar negativamente el condicionamiento de otros ciudadanos y, en consecuencia, significar un ataque a la estabilidad de la sociedad. Mustafá Mond explica que Bernard y Helmholtz Watson van a ser enviados a una isla, en la cual residen otras personas que, como ellos, “han adquirido excesiva consciencia de su propia individualidad para poder vivir en comunidad” (Huxley, 1932, p. 150). Adorno (1998) nos diría que ambos personajes son seres autónomos, en el sentido de emancipados, porque son “capaces de ofrecer oposición y resistencia” (p. 121) a lo que la sociedad les impone. Por un lado, no se les permite vivir en la sociedad del Nuevo Mundo, pero por otro, van a poder reflexionar sobre la realidad con otros. Lamentablemente, al estar aislados, no van a ser capaces de incentivar a otros a sacarse las vendas de sus ojos y predisponerlos a hacer una crítica reflexiva acerca del tipo de sociedad en que viven. Quién es el hombre está determinado por la sociedad, y si se perpetúa esta situación, “la sociedad formará a las personas mediante incontables canales e instancias de mediación” (Adorno, 1998, p. 124) y, consecuentemente, resultará en la homogeneización de las personas, es decir, la formación de personas que acepten incuestionablemente lo que se les impone como realidad. De esta forma, aquellos que se encuentran en el poder se aseguran que no exista fuerza alguna que se contraponga al ideal de sociedad que han creado y que esperan se perpetúe en el tiempo.

'4.' Conclusión

A partir del análisis de Un Mundo Feliz de Huxley (1932) a la luz de la Teoría Crítica en la Dialéctica de la Ilustración y la antropología de la Pedagogía adorniana se arribó a las siguientes conclusiones. En primer lugar, es menester que el ser humano se cuestione la naturalización del estado de las cosas y así evitar que las profecías de Un Mundo Feliz se cumplan. Para ello, es necesario que se defina qué hombre queremos educar y proveerlo de las herramientas necesarias que impidan que sea sometido. Definitivamente, no se pretende formar personas que se adapten y esclavicen a lo impuesto por la sociedad, sino más bien, personas que sean capaces de reflexionar y cuestionar la realidad. En segundo lugar, es importante advertir la coerción – no necesariamente violenta - que pueden ejercer quienes se hallan en el poder, a partir de discursos que manipulan a las masas a creer que deben cumplir un determinado rol en beneficio de la sociedad o en pos del progreso social. El peligro es que se llegue a racionalizar lo irracional como ocurre en la novela de Huxley, quien describe una sociedad en la que los habitantes aman su propia servidumbre. Por último, no se pretende agotar el tema en este trabajo, sino que queda abierta la posibilidad de continuar reflexionando acerca del estado de nuestra civilización a partir de la lectura de Un Mundo Feliz y las obras de Adorno. Es nuestro deseo que Horkheimer (1973) se equivoque cuando sostiene que “[l]o que escasea son los hombres que sepan que ellos mismos son los sujetos y los amanuenses de su opresión” (p. 171).

Referencias

Adorno, T. (1962). Prismas. La crítica de la cultura y sociedad. (Trad. M. Sacristán). Barcelona: Ediciones Ariel Barcelona.

Adorno, T. W. (1966/1984). Dialéctica negativa. (Trad. J. M. Ripalda). Madrid: Taurus.

Adorno, T. W. (1998). Educación para la emancipación. (Trad. Jacobo Muñoz) Madrid: Ediciones Morata S. L.

Adorno, T. W., & Horkheimer, M. (1969). La sociedad. Lecciones de sociología. (Trad. F. Mazía e I. Cusien). Buenos Aires: Proteo.

Alienanción. (n.d.). En Real Academia Española Online. Recuperado de http://dle.rae.es/srv/fetch?id=1qcHOJ0

Díaz Villarreal, W. (2004). Notas sobre literatura y utopía. A propósito de Theodor W. Adorno. Revista Palimpsestvs, No. 4, pp. 173-179. Bogotá: UNAL. Recuperado de http://www.bdigital.unal.edu.co/14214/1/3-8035-PB.pdf

Caner-Liese, R. (2003). Adorno, experiencia y utopía. El País. Recuperado de https://elpais.com/diario/2003/09/06/babelia/1062803832_850215.html

Horkheimer, M., & Adorno, T. W. (1947). Dialéctica del Iluminismo. Prólogo a la primera edición alemana (pp. 1-76). Recuperado de https://www.ddooss.org/articulos/textos/ dialectica_iluminismo.pdf

Horkheimer, M. (1973). Crítica de la razón instrumental (H. A Murena y D.J. Vogelmann Trad.). Buenos Aires: Ediciones Sur.

Huxley, A. (1932). Un Mundo Feliz. Recuperado de http://www.formarse.com.ar/ libros/Libros-recomendados-pdf/Un%20mundo%20feliz-Aldous%20Huxley.pdf

Back to Top

Document information

Published on 05/10/21
Accepted on 05/10/21
Submitted on 05/10/21

Licence: CC BY-NC-SA license

Document Score

0

Views 2
Recommendations 0

Share this document

claim authorship

Are you one of the authors of this document?