ABSTRACT

The objective of the article is to reflect on the historical processes of the tasks, commercial activities and daily life that were forging an identity of the Mexican nation closely linked to the African culture. Not to recognize this historical reality is to continue with the neoliberal perspective that from its savage capitalism does not conceive the cultural visibility of other social groups that are not western stereotypes. In conclusion, there is still no human sensitivity to Human Rights, neither as a concept, nor as a collective, nor as a cultural one towards Afro-Mexican peoples.

Keywords: Afro-Mexicans, human rights, cultural, recognition.

INTRODUCCIÓN

Una disyuntiva que se presenta en la planeación de estrategias de cultura ciudadana para la promoción y defensa de los Derechos Humanos de los pueblos afromexicanos es el asunto ético – moral y cultural – educativo. Lo que se debe buscar es una conciliación de doble linealidad en el que “(…) la estrategia de Cultura Ciudadana como denominador común para fortalecer la regulación cultural y la regulación moral, así como para lograr mayor congruencia y sinergismo entre ellas, y entre ambas y la ley (…) así como comunicar (o reconstruir en un ambiente de comunicación) las razones de ser y los aspectos favorables de la regulación legal” (Mockus 2001). Esto en términos de participación ciudadana en los espacios democráticos.

Las reflexiones sobre concienciación ciudadana y sensibilización social, esto respecto al imaginario que debe cambiar de la sociedad frente a los afromexicanos debe pensarse en torno al “(…) denominador común de las discusiones teóricas actuales (la cual) expresan un interés por relacionar la estabilidad de nuestras democracias liberales en un espacio cada vez más fragmentado. Se encuentran, así, con serias dificultades para fundamentar una noción política intrínsecamente homogeneizadora, que al mismo tiempo manifieste un debido respeto por el pluralismo y a la diversidad” (Zapata 2001, 04). Hay que evaluar el asunto de factor unificador en la noción de Estado – nación.

Al respecto, se puede crear una tensión que “(…) se incrementa cuando se considera que hoy en día el carácter de este pluralismo no supone un telón de fondo monocultural, sino pluricultural. Este pluriculturalismo tiene además una connotación de conflicto intercultural que puede ser teóricamente resuelto. Las preguntas reguladoras de este enfoque pueden formularse de la forma siguiente: ¿Cómo reconciliar varias culturas, con tradiciones e historias diferentes, y, por lo tanto, con escala de valores y percepciones del mundo heterogéneas, en un misma base política democrática? ¿Es posible una política neutra, tolerante, desde un punto de vista cultural? Estas preguntas manifiestan que el nuevo escenario que debe orientar la reflexión liberal-democrática debe tener sus bases en una discusión profunda de los valores como el pluralismo, la autonomía, y la neutralidad y tolerancia estatal, tomando como perspectiva a la ciudadanía democrática”(Zapata 2001, 04). Estas reflexiones debe pasar por la educación y fundamental la información que busque una integridad en el discurso político.

Frente a esa integralidad multicultural cabe reflexionar también sobre “(…) ¿qué ha pasado para que al inicio del siglo XXI la fortaleza cultural del país se haya tornado en debilidad para defender el patrimonio cultural que es propiedad de todos los mexicanos? El punto de partida (…) es el proceso político nacional y, sumado a ello, las estrategias generadas para democratizar la nación mexicana”(Salazar 2006, 75).

Respecto a la economía, tiene que ver con asuntos como el comercio local y regional, porque está relacionado con las estructuras de vías de acceso aéreo, marítimo y terrestre y el medio ambiente, esto, porque “(…) economía y política son un binomio indisociable al igual que educación y cultura lo son para el campo de lo simbólico. En el terreno de la economía, se aprecia que el avance del capitalismo salvaje ha llevado a la ejecución de las políticas económicas neoliberales a nivel local para facilitar el intercambio con la globalización de la economía en general (esto en perjuicio de los pueblos afromexicanos). Todos los aspectos estructurales son fundamentales para integrar a la nación al desarrollo global (de la misma manera como ha perjudicado a los pueblos indígenas) estos mismos argumentos prometieron que, una vez signando el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, México ‘transitaría hacia una nación de primer mundo’. Y, en consecuencia, todos nuestros rezagos se remontarían casi de manera automática” (Salazar 2006, 75). La realidad es que el discurso político ha sido toda una farsa, y ello también debe cambiar.

¿POR QUÉ ESTUDIAR LOS PUEBLOS AFROMEXICANOS Y SUS DERECHOS EN LA ACTUALIDAD?

Naciones Unidas declaró oficialmente el Decenio Internacional para los Afrodescendientes 2015-2024 que tiene como objetivos promover el respeto(OAS 2015) y la protección efectiva de los derechos humanos de la población afrodescendientes, esto significa una atención especial de parte del estado mexicano hacia las comunidades afromexicanas.

Al respecto la ONU declara en su resolución que en numerosos casos su situación sigue siendo en gran medida invisible, y no se han reconocido ni se respetan de manera suficiente los esfuerzos de los afrodescendientes para obtener reparación por su condición actual, que para el caso de los pueblos afromexicanos, se trata de un olvido histórico que tiene consecuencias sociales en la actualidad.

Además, con excesiva insistencia es un sector excluido en la gestión de justicia y deben enfrentarse a índices alarmantes de violencia policial, así como a la aplicación de perfiles delictivos en función de su raza afrodescendiente (United Nations 2020). En otras palabras, la invisibilidad política, social y cultural es una violación de los derechos humanos, en este caso, una violación contra los pueblos afromexicanos.

Es la triste realidad actual para las comunidades afromexicanas, esto, a pesar de la reciente inclusión de los pueblos afromexicanos en la constitución mexicana (El Universal 2019). Y es que la población afromexicana tiene bajos niveles de participación política en los dos sentidos, es decir, las personas afromexicanas que ejercen el voto, como aquellos afromexicanos que tienen algún cargo político. En general, la población afromexicana ha sufrido formas múltiples, agravadas y concomitantes de discriminación por otros motivos conexos a su raza, como la edad, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otro tipo, el origen social, el patrimonio, la discapacidad, el nacimiento u otra condición (United Nations 2020).

La Organización de las Naciones Unidas indica además en un informe, a manera de instrucción, que “la Asamblea General, Recordando su resolución 61/19, de 28 de noviembre de 2006, titulada ‘Celebración del bicentenario de la abolición de la trata transatlántica de esclavos’, y recordando también la designación del 25 de marzo de 2007 como Día internacional de celebración del bicentenario de la abolición de la trata transatlántica de esclavos, y tomando nota del informe del Secretario General, que se centró en las iniciativas emprendidas por los estados para dar cumplimiento a los párrafos 101 y 102 de la Declaración de Durban (Sudáfrica) de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia con el fin de corregir el legado de la esclavitud y contribuir al restablecimiento de la dignidad de las víctimas de la esclavitud y la trata de esclavos (…)” (Unidas 2008).

Esto se hace con el propósito de motivar a las diferentes naciones donde hace presencia la población afrodescendiente en la actualidad, entre ellos los pueblos afromexicanos. Es por ello fundamental un reconocimiento (Sánchez 2018) amplio y suficiente del estado mexicano en términos sociales y políticos, para que se elaboren políticas de divulgación y promoción de su cultura y tradiciones, además de hacer efectiva una producción de la memoria histórica de esta población y destacar su importancia en la conformación de la sociedad en donde están establecidas.

Esto, para una segura estrategia en el marco del desarrollo de una cultura ciudadana para la promoción y defensa de los Derechos Humanos de los pueblos afromexicanos es absolutamente necesario crear un sistema etnoeducativo.

La etnoeducación es el conjunto de procesos comunitarios que fortalecen las dinámicas propias de una etnia, para conservar sus valores culturales y potencializar sus acciones autónomas integrales que garanticen su supervivencia como pueblo ancestral (Etnoeducación 2020), se presenta como la mejor opción.

En este caso, la formación ciudadana puede coadyuvar a la formación de prácticas democráticas. Es lo que necesita la sociedad mexicana. Una cultura ciudadana en cierta medida modifica el ámbito de los procesos históricos – sociales (Tejera 2006, 59).

Cabe la reflexión sobre si la sociedad mexicana conoce los pueblos nativos, ¿por qué se desconoce la cultura de los afromexicanos? Es posible visibilizar (CEPAL 2018) los derechos humanos de las comunidades afromexicanas, y esto se logra sólo con una revisión histórica por un lado y con una etnoeducación de estos pueblos afromexicanos por otro lado.

Un caso de estudio es la etnoeducación en Colombia (Ministerio, 2020), ésta estrategia se ha convertido en una política pública nacional con el objetivo de enseñar sobre las culturas ancestrales para los pueblos afrocolombianos.

Ha tenido como resultado un conocimiento y por efecto una sensibilidad de la sociedad hacia estas poblaciones en tanto las oportunidades en un ámbito cultural, social, político y económico se hacen visibles. Esto también se ha concretado en las curules reservadas para los afrocolombianos en el congreso nacional, tanto para la cámara de representantes (cámara baja) como para el senado (cámara alta).

Otro detalle a considerar en una estrategia con el fin de cambiar el paradigma político y el imaginario social respecto a las identidades de los pueblos afromexicanos es la información.

En este orden de ideas, otra clave para analizar esta temática de los derechos de los afromexicanos es exponer ¿cuáles son las dificultades que existen para incorporar la participación ciudadana en el ámbito de las decisiones públicas para los pueblos afromexicanos?

Al respecto el autor Joan Font pone el énfasis en el perfecto ciudadano informado, es decir, se requiere de una cultura ciudadana activa y coherente, en ese sentido, es importante la expresión de los sectores minoritarios en las sociedades occidentales, esto porque, a pesar del aumento en el ámbito educativo y de un mayor información, el tiempo, las energías y la intensidad participativos son recursos limitados y ejercidos de manera muy desigual por los ciudadanos. Por esta razón, cualquier plan que procure ampliar espacios de participación ciudadana para las comunidades afromexicanas, deberá trazar claras estrategias que le permitan robustecer el sector asociativo, buscar la participación del ciudadano no organizado y potenciar un cambio hacia una cultura más participativa (Zuccardi 2004, 12).

¿Hay suficiente información que permita una comprensión de la dimensión étnica respecto de las comunidades afromexicanas? El desconocimiento de parte de buena parte de la población sobre la presencia de los afromexicanos no es un asunto simple, hace falta políticas serias para una información eficiente de parte del Estado.

Sin dejar de generar críticas al Estado como responsable político de la invisibilización de los pueblos afromexicanos, es importante establecer que el estado mexicano puede asumir estrategias eficaces de orden no solo político, sino de índole cultural, económica y social. Por ejemplo a nivel simbólico, una estrategia consistiría en dar positividad a la acción del Estado (Leal 2004, 85), creando un sentido afirmativo de valores que produzca resultados parciales y que pueda crear sentido, incluso restringido, de cohesión social.

Primero, basado en pautas normativas que contenga naturaleza moral que construyen consenso. Un ejemplo de ello está en una efectiva lucha contra la corrupción, también, el de asumir compromisos éticos para promover el afromexicanismo en su dimensión cultural, social y política, asumir responsabilidad individual por acciones públicas de articulación público / privado (Leal, 2004: 85), en segundo término, a través de la reconversión de las disposiciones de acción pública destinadas a la redistribución, en asuntos técnicos e institucionales, reforzado con estándares etnoeducativos, además de realizar capacitación gerencial, regulaciones y contratos de cooperación y concebir metodologías estratégicas para el controlque terminan despolitizando las relaciones entre la sociedad y el estado, todo ello requiere de un compromiso político.

De acuerdo con estrategias de información y de divulgación efectiva de la presencia de los pueblos afromexicanos al resto de la sociedad, es importante tener en cuenta que el nivel local adquirió nueva importancia ligada a razones muy diferentes. En la descentralización, las estrategias de tercerización (Larrainci 2004, 385) y su incidencia en los nuevos retos de la cuestión social, y en las situaciones de vulnerabilidad e inequidad, se pone en juego la capacidad y voluntad de involucramiento de actores no exclusivamente empresariales o políticos. Es decir, es necesario buscar una amplia participación social de las organizaciones civiles, además de generar procesos de cosmopolitismo de la vida política, social y cultural.

Ahora bien, ¿cómo generar espacios institucionales, políticos y sociales en un ámbito federal para los pueblos afromexicanos? La respuesta se puede encontrar en las oportunidades de espacios políticos que se le debe ofrecer a esta población, en el que las prácticas de participación política de las comunidades afromexicanas evidencian el uso de estrategias de participación (Larrainci 2004, 385).

Esto es, que es importante estudiar y analizar los estudios de casos de otros países con relación a las relaciones sociales y de poder de la población afrodescendiente y el trato recibido por parte de los diferentes estados, para, de esta manera, diseñar y fortalecer estrategias políticas con el fin de promover los derechos humanos de los pueblos afromexicanos, entre ellos, el de visibilizar definitivamente para la sociedad mexicana la presencia histórica de esta población.

¿Cómo conectar las políticas públicas de las comunidades afromexicanas respecto a la etnoeducación? En este sentido, una estrategia cultural también tiene que ver con un plan específico de fortalecimiento del tejido social (Larrainci 2004, 393) desde el gobierno local y regional, además de los liderazgos sociales o aún desde las instituciones gubernamentales. Para ello es necesario plantear al mismo tiempo estrategias para la formación de los funcionarios para un nuevo tipo de vinculación y atención de los ciudadanos, que es una condición necesaria.

De manera que el flujo de información debe ser interinstitucional e interdisciplinario, con cierto carácter compartimentado de la institucionalización de las áreas de participación ciudadana (Larrainci 2004, 393), esto se ha implementado en algunos países de América Latina, ¿cómo se puede concretar ese tejido social? ¿Qué mecanismos son viables para establecer nuevas relaciones sociales de los afromexicanos frente al Estado? ¿Qué tipo de institucionalidad se puede aplicar? Para ello un estudio multidisciplinario sobre los pueblos afromexicanos podría ser un buen punto para iniciar estrategias políticas.

Factores como las instancias de reunión, las asambleas, los cabildos abiertos, necesitan de acompañamiento con procesos de un trabajo conjunto Estado – sociedad. Y desde las organizaciones ciudadanas (Larrainci 2004, 393), que en el caso de los pueblos afromexicanos es urgentemente necesario, y además que tenga un alcance nacional, de manera que se pase a una fase de estrategias de autogestión o de mecanismos de autogestión ciudadana con acompañamiento del estado mexicano.

Las políticas para una estrategia de cultura ciudadana para la promoción y defensa de los Derechos Humanos de los pueblos afromexicanos para que sea efectivo debe incluir necesariamente la presencia activa de estas comunidades y contar con la valiosa opinión que puedan aportar, esto es, debe incluirse lo territorial y lo sectorial, pero es preciso que de alguna manera lo sectorial se ligue al territorio. Tienen carácter integrador, observar que pobreza y desintegración no son iguales. Se constituyen como política de inversión y lo explicitan: no se habla de políticas de ayuda, sino de inversiones en el bien más valioso del municipio: sus habitantes (Larrainci 2004, 397). Es por ello que una de las primeras acciones concretas para cambiar los paradigmas sociales es establecer instituciones de tipo federal que represente a los pueblos afromexicanos y una ley general para las comunidades afromexicanas.

Escuchando a las comunidades afromexicanas y teniendo en cuenta sus inquietudes y expresiones y puntos de vista hace que en lo posible el estado mexicano se acerque a modelos de intervención integral. La estrategia de redes sociales suele ser ventajoso en este ámbito de intervención. Las políticas sociales se diseñan respetando los parámetros de continuación y sostenibilidad (Larrainci 2004, 397). Es por ello que debe iniciarse un proceso pensado a corto, mediano y largo plazo.

Y ese largo plazo tiene que ver con políticas culturales, económicas y políticas sociales que deben tener un diseño que permita medir siempre el carácter distributivo de las mismas, es uno de sus indicadores de calidad y debe ser explícito respecto a cómo y cuánto redistribuye en términos de recursos económicos y de inversión participativa, además de una solidaridad comunitaria que adquiera relevancia como mecanismo de potenciación de las capacidades productivas y competitivas. Capital social es aquí la palabra clave (Larrainci 2004, 397). Esto, porque debe involucrar las capacidades productivas de la región que corresponda a los territorios históricos de las poblaciones afromexicanas.

Para el caso de los derechos de los pueblos afromexicanos para que las estrategias tengan éxito. Es importante hacer énfasis en el factor social en el centro y no en la periferia de la discusión sobre el desarrollo. Respecto a la estabilidad, duración, extensión y eficacia de la participación ciudadana, es importante que los procesos de participación sea institucionalizado, pero demanda siempre reglas claras, acordadas entre el gobierno y la sociedad, en este saco, de las comunidades afromexicanas, que fijen la voluntad política de abrir un espacio no demagógico o electoral de participación (Larrainci 2004, 397). Este tipo de iniciativas debe ser dual comunidades afromexicanas - Estado mexicano.

Entendiendo que lo importante es poner en primer plano la presencia histórica de la población afromexicana, es también por la misma razón importante la visibilidad social, política y económica, especialmente el elemento cultural como parte de los resultados de proyectos, sin esta visibilidad la participación puede ser limitado. No se puede olvidar que el gobierno fue elegido para gobernar, no se trata de plantear que todos decidirán todo, pues, esto sería falso e inapropiado. Como el gobierno debe gobernar, es necesario que enfrente el hecho de que la participación crea divulgación que hace más visible su funcionamiento burocratizado (Larrainci 2004, 397), improvisado o poco eficaz. Requisitos que generan las condiciones para la participación social de la sociedad civil. Esto respecto a las políticas sociales.

La participación ciudadana debe involucrar al mismo tiempo una pedagogía de participación política, de manera que se incentive una promoción de los derechos de los afromexicanos y que éstos asuman el desafío de visibilización en términos sociales, políticos, culturales y económicos, es por ello también que la información y comunicación frente a la sociedad mexicana debe involucrar la incorporación de actores locales y debe ser de muy distinta índole a la gestión local y a las instancias concretas de gestión (Larrainci 2004, 398). La promoción y el apoyo a la organización ciudadana respecto a las comunidades afromexicanas deben ser en forma amplia y diversa, además del mejoramiento de la gestión pública por parte de los entes locales, regionales y federales, y debe crearse un intercambio y coordinación de redes gubernamentales y privadas.

Por lo anterior, simultáneamente a una educación, o mejor dicho, una reeducación pública de la sociedad, empezando desde las escuelas sobre la importancia histórica y cultural de los pueblos afromexicanos, y su aporte a la construcción de nación, juntamente con una pedagogía política para los afromexicanos. Todo esto debe ir acompañado de proyectos sociales desde un ámbito local y regional pero con impacto nacional.

Es por ello que los desafíos de una efectiva participación debe estar reglamentada en la retroalimentación de la política, es decir, la creación de instancias que coordinen a técnicos con competencia y experiencia en áreas determinadas, delegando parcialmente en ellos el trabajo de integrar a la ciudadanía a la revisión de la formulación de la política social y el monitoreo de su ejecución (Larrainci 2004, 398). Tanto la estructura como la implementación de proyectos deben coordinarse mediante las organizaciones sociales que motiven a la participación de la ciudadanía e incorpore al resto de la sociedad civil en la formulación e implementación de la política social. Y ello tiene que ver con proyectos productivos teniendo en cuenta la cuestión de sostenibilidad mediante una evaluación de impacto medioambiental y de sostenibilidad.

Por esta razón es fundamental un acompañamiento institucional interdisciplinario permanente con las comunidades afromexicanas, de manera que debe haber también una revisión desde la academia ya que falta todavía mucho para entender mejor y profundizar más y producir conocimiento accesible sobre la participación en sí misma, como fenómeno complejo, no sólo como calidad o necesidad de la democracia (Larrainci 2004, 398), en este caso de un Estado de Derechos como lo es la república mexicana sino también como hecho humano portador de historia en todos los ámbitos sociales y culturales como son las motivaciones, las circunstancias, las emociones, las experiencias de tradiciones y costumbres, por lo tanto se debe pensar más creativamente en un involucramiento masivo.

Así que los proyectos deben tener diferentes perspectivas, además deben adquirir el carácter de divulgación nacional, esto es, que debe prepararse una buena investigación y sistematización respecto de programas de involucramiento, es necesario convocar a una mayor transdisciplinariedad en su tratamiento convocando también a profesionales tales como antropólogos, sicólogos, trabajadores sociales, economistas, historiadores, entre otros académicos.

Es decir, se debe tender puentes para un abordaje mucho más integral. Reconocer la crisis de los modos de construcción de los saberes necesarios, tecno políticos, ciudadanos (Larrainci 2004, 398). Esto es muy importante ya que amplía la democracia y esto en términos locales y regionales como procesos en deconstrucción simbólica y real de los estigmas imaginarios sobre los pueblos afromexicanos, precisando las relaciones entre representación, legitimidad y opinión pública, al mismo tiempo tener en cuenta los retos emergentes de la cotidianidad diferenciada. ¿Esto es posible? Sí es posible, es un proceso que debe tener una fecha de inicio y una de finalización, lo importante es tomar iniciativas gubernamental – social y comenzar.

Para ello, según el autor Vargas Peña se necesita una competencia intercultural, esto es, que un conjunto de actitudes de la ciudadanía debe obtener y expandir ante el multiculturalismo presente en nuestras sociedades. Dichas actitudes están basadas en un nutrido grupo de valores como la solidaridad, la justicia, el pacifismo y otras competencias de corte democrático (Vargas 2007, 07).

¿Tiene la sociedad mexicana competencia intercultural? Si la tiene ha sido limitada, es necesario entonces ampliar esa competencia.

Una característica de una reeducación, es que ésta debe asumirse en actitudes que conforman la competencia intercultural, deben ser la capacidad de concebir que la incompatibilidad es un componente inseparable de la naturaleza humana. La capacidad de valorar y respetar la diferencia en sus distintas manifestaciones. La capacidad de empatía, siendo capaz de identificar las vivencias del otro e implicarse en la búsqueda de alternativas. La capacidad de resolución pacífica de conflictos. La capacidad para trabajar en equipo persiguiendo metas compartidas. La capacidad de reconocer los contenidos transculturales que nos unen (Vargas 2007, 07).Y todo esto se puede adquirir mediante pedagogía social y política.

Se debe tener en cuenta que el factor de la educación, en su labor de formación ciudadana, debe emprender acciones encaminadas a lograr la cohesión social de comunidades afromexicanas – sociedad – gobierno, al tiempo que los individuos se reconozcan y respeten como diferentes.

Esto significa que fomentar esta cohesión social comporta remarcar la actividad cooperativa como espacio para el ensayo y puesta en práctica de actitudes de comunicación y reparto de responsabilidades, y enfatizar aquellos contenidos que tienen un carácter transcultural (Vargas 2007, 07). Esto representa hacer cambios profundos de paradigma cultural, es como reinsertar un nuevo elemento cultural en el imaginario social, en este caso el de los afromexicanos para que éstos no se limiten a un territorio geográfico determinado.

Para una eficaz estrategia de cultura ciudadana en la promoción y defensa de los derechos humanos de los pueblos afromexicanos es necesario instaurar un clima político-social que compatibilice la cohesión social y la diversidad cultural e identitarias. Este macro-objetivo no puede llevarse a cabo si no se cuenta con el apoyo e implicación de otras esferas sociales, ya que esto supera con creces las funciones de la institución escolar (Vargas 2007, 07). Esto se alcanza mediante un plan sistematizado desde una perspectiva de la población afromexicana, teniendo en cuenta sus criterios.

Debe existir por lo tanto una abierta comunicación de las comunidades afromexicanas con los gobiernos local, regional y federal, además de coordinar los objetivos de la educación y el perfil de ser ciudadano que se aspira a formar en la etapa de enseñanza obligatoria y de manera concreta, esto es, aquellas competencias relacionadas con el tratamiento de la diversidad (Vargas 2007, 07). También, importante hacer énfasis de una especial atención al análisis del entorno como pieza clave para el diseño de un proyecto educativo, es decir, de una etnoeducación. Un proyecto de inclusión curricular de la diversidad debe promover en las aulas estrategias didácticas para favorecer las relaciones interpersonales y el conocimiento mutuo y multicultural. Todos estos elementos deben quedar integrados en un proceso global de transformación de la cultura escolar con el fin de ampliar una participación democrática temprana, asunto fundamental el seguimiento de las instituciones gubernamentales.

El seguimiento gubernamental tiene que ver con una regulación social, esto en un sentido pedagógico, también implica el papel del Estado, a través de sus instancias de autoridad, define el lugar del control social y jurídico y la participación de la sociedad civil, en este caso de las comunidades afromexicanas.

Este conjunto de estrategias articuladas de gestión cultural no solo debe limitarse en medidas de control, han de estar mediadas por procesos educativos con enfoques pedagógicos (Arias 2006, 121) que actúan en el pensamiento de las culturas presentes en todos los actores sociales, además de una amplia divulgación cultural que genere cambios y transformaciones en el imaginario social y político.

Se debe tener en cuenta que promover ciertos cambios sociales y políticos del estado mexicano hacia la población afromexicana puede ocasionar fuerzas de resistencia, especialmente política, al cambio que paralizan e imposibilitan que éstos se produzcan. Las estrategias de cambio generalmente levantan actitudes de rechazo ya sea abiertos o encubiertos, producen inseguridad y desconcierto.

Por lo tanto, es necesario entrar a negociar entre la costumbre de seguir invisibilizando a los pueblos afromexicanos, y por otro lado está el cambio entre la innovación total y las reformas progresivas. Por ello es que resulta fundamental la incorporación, en la formación ciudadana, del desarrollo de destrezas que habiliten a los actores educativos a la reflexión, al debate y al compromiso en la acción, de manera de ir introduciendo pausadamente alternativas a una cultura dominante poco abierta a la participación (Elizalde 1998). Es por ello que la cultura ciudadana deber ser dirigida a todos los sectores sociales, además de ser masiva y permanente.

El enfoque para una pedagogía de la presencia histórica de los afromexicanos y de sus derechos individuales y colectivos se debe concentrar en una cultura etnoeducativa, que más allá del buen comportamiento ciudadano, ésta debe integrar una concienciación de la cultura afromexicana como parte de la construcción y de la identidad de nación, porque sin cultura pública común no hay educación para la ciudadanía y se esfuma el sentido mismo de escuela pública. El asunto es qué debe de constituir dicha ‘cultura’, de forma que no niegue las identidades culturales primarias ni queden relegadas al espacio privado, pero tampoco que su reafirmación impida dicha cultura común (Bolívar 2004, 23). De modo que el ejercicio político debe ser transversal en respecto a la multidisciplinariedad.

En el marco de una cultura ciudadana éste debe incluir otros ámbitos como lo es el espacio público como factor determinante de reconocimiento, sus plazas y calles mediante marchas, manifestaciones de diferente índole, los medios de comunicación masivo juegan un papel crítico en la construcción de las identidades ciudadanas cuando legitiman o deslegitiman las prácticas en el espacio público al presentarlas como correctas o criminalizarlas, en casos particulares, la presentación de la noticia manipulada, como ejemplo, sobre demostraciones públicas como marchas, huelgas, protestas, paros, contribuye a construir la representación que se tiene de la participación ciudadana en el espacio público (Páramo 2014, 09). ¿Existe estigmatización de los medios de comunicación hacia la población afromexicana? Al menos sigue siendo así.

El discurso político no debe limitarse a unas buenas intenciones, ni siquiera los gestos favorables de las leyes en favor de los pueblos afromexicanos, del plano político debe pasar al plano real, a los hechos concretos. Pues, la realidad es que “(…) los rezagos se han acentuado y donde no hay respuesta a las necesidades más apremiantes, la migración se ha convertido en la solución a los problemas de gobernabilidad en la política interna en México. Esto hace evidente la falta de aplicación de las recomendaciones supranacionales en materia de cultura y desarrollo (…) ‘si la cultura ha de ser un sustento del desarrollo debemos incluirla como base de la gobernabilidad, lo que supone ir más allá de la política y el mercado’” (Salazar 2006, 75). ¿Hay solución a esta especie de círculo vicioso de promesas – discurso – invisibilidad?

Si la invisibilidad política y social ha sido histórica y hasta ahora está apenas emergiendo de un rezago gubernamental, en el plano económico las cosas no parecen cambiar, ya que “los informes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y los de la Organización Mundial de Comercio han demostrado el retroceso en las calificaciones que certifican el rumbo positivo de los indicadores de desarrollo humano en México. Aspectos como el educativo muestran rezago. Esto crece cuando la cultura se prescribe administrar, desarrollar y difundir como un activo fundamental para el desarrollo de una nación moderna que aspira a alcanzar la libertad cultural (…) cultura y educación es un binomio fundamental para el crecimiento y, al mismo tiempo, son fundamento para transmitir valores y principios que alimentan la identidad nacional, pues contribuyen al desarrollo humano y la democratización de la población. (...)”(Álvarez 2006, 46). Por lo tanto, es importante incluir la economía en el marco de las estrategias de cultura ciudadana para sacar del estado de invisibilidad a los pueblos afromexicanos.

Hay que identificar las bases socio-políticas de las estrategias a seguir que son: “(…) 1) en la configuración del régimen político liberal y la construcción del gobierno representativo; 2) en la democratización de la relación gobierno – sociedad, y del ámbito de la gestión; y 3) en la ampliación de los márgenes de inclusión del régimen y la construcción de ciudadanía”(Álvarez 2006, 46). Esto ayudará a fomentar unas eficientes políticas públicas.

¿Y los métodos cuantitativos y cualitativos? ¿De qué manera pueden ser útiles las estadísticas? Hay un ejemplo que puede ilustrar en cómo es posible un amplio proyecto etnoeducativo y de cultura ciudadana para el caso de los pueblos afromexicanos: “La encuesta realizada para indagar por los sentidos del racismo sicolingüístico, se preguntó por las palabras utilizadas por los docentes para referirse a las personas afrocolombianas: Las respuestas a este interrogante permiten rastrear la influencia del tema lingüístico en la manera como son identificados los estudiantes, y muestran cómo las relaciones fundamentadas en los colores y fenotipos impiden el surgimiento de relaciones de respeto y paridad entre los estudiantes y sus propios profesores” (Mena 2010, 18). ¿Existe un racismo de Estado? ¿Existe un racismo social? Habría que hallar respuestas entre la misma población.

Pero, siguiendo el ejemplo anterior, “las respuestas que marcaron los docentes se ordenaron de la siguiente manera: en primer lugar respondieron negro, seguido por afrocolombiano, negrito, morenito, niche y por último mono. Lo importante es que, más allá de las disertaciones teóricas e intelectuales, estas denominaciones se convirtieron en categorías identitarias en los países donde existió la esclavización, convirtiendo esos apelativos en verdaderas convenciones que enfatizan uno u otro rasgo sobre la pregunta inicial, ¿de quién hablamos?. Para citar un ejemplo (otro ejemplo pero esta vez en términos jurídicos), la Ley 70 de 1993, indica lo siguiente: Comunidad Negra” (Mena 2010, 18). Esto para el caso colombiano, ¿Sucederá lo mismo en México cuando se aprobó una ley federal sobre el reconocimiento de los pueblos afromexicanos?

Los resultados del ejemplo indican que para el estado colombiano, una comunidad negra, “es el conjunto de familias de ascendencia afrocolombiana que poseen una cultura propia, comparten una historia y tienen sus propias tradiciones y costumbres dentro de la relación campo-poblado, que revelan y conservan conciencia de identidad que las distinguen de otros grupos étnicos. Por su parte, el Conpes 3310 (Consejo Nacional de Política Económica y Social) integra una discusión que viene ganando terreno en el contexto nacional e internacional, en el sentido de complejizar los sujetos que son en realidad los beneficiarios de la política pública afirmativa, (la Cátedra de Estudios Afrocolombianos en este caso). Señala cómo “el término afrocolombiano da cuenta de los niveles de mestizaje que se han producido en nuestro país, se remonta al origen y no al color de la piel y viene siendo reconocido a nivel mundial como un concepto más comprensivo y menos de origen de raza. En Colombia, ambos términos, negro y afro, son utilizados como forma de autoidentificación”(Mena 2010, 18). Aunque el asunto es complejo, hay que reconocerlo, sirve como base para las reflexiones de otras comunidades afrodescendientes en lo que tiene que ver con las políticas públicas para los derechos humanos.

La etnoeducación emerge como proyecto integrante para visibilizar a los pueblos afromexicanos, es tener el derecho a no ser discriminado, y también señalar cómo a partir del ‘mito de la nación mestiza’, con el cual se identifican los mexicanos, niega los conflictos y las tensiones raciales que vive el país, el no reconocimiento del problema del racismo y la discriminación racial, y la consecuente invisibilización de la población afro y su contexto de violencia, de desplazamiento y vulneración de sus derechos individuales y colectivos. Con esta metáfora del mestizaje se explican, convincentemente, las razones por las cuales la implementación de una etnoeducación afromexicana y el desarrollo necesitan de un debate público mexicano (Mena 2010, 18). En este sentido, y de acuerdo al contexto mexicano, se debe aplicar una política educativa enfocada a la población afrodescendiente.

Existe también, hay que recalcarlo, “una necesidad de implementación de acciones afirmativas que garanticen el acceso y permanencia de los afrodescendientes en el sistema educativo (considerando) necesario impulsar contenidos y programas que contrarresten el racismo y la discriminación racial” (Mena 2010, 18). El reconocimiento del racismo como problema social histórico es fundamental si se quiere hacer cambios paradigmáticos en los imaginarios sociales.

¿Cómo es posible, entre otros factores, una política social, política y económica para el reconocimiento de los pueblos afromexicanos? Nada más y ni nada menos que recursos económicos, ya que, para el caso mexicano, a modo de ejemplo base de una aplicación de estrategias políticas de cultura ciudadana, se establece que se debe recomendar y asegurar los recursos suficientes para el diseño e implementación de los contenidos de una cátedra etnoeducativa afromexicana, incluyendo recursos destinados a la investigación y la innovación pedagógica. Esto es, el derecho a la educación sostiene que la visibilización lograda por las comunidades étnicas se logra gracias a su resistencia a la exclusión y marginalidad hasta lograr su inclusión en el escenario constitucional (Mena 2010, 18). No son suficientes las leyes, es necesario aplicar estrategias políticas.

Para efectos de un análisis de estrategias prácticas sobre la divulgación de los derechos humanos de los afrodescendientes, entendiendo la invisibilidad histórica de los pueblos afromexicanos por el abandono y el desconocimiento del Estado y de los gobiernos locales, regionales y federales, por la física falta de una institucionalidad que sea realmente representativo para estas comunidades, es importante analizar el caso colombiano.

Dado el análisis estudiado relacionado con la invisibilidad de los derechos de los pueblos afromexicanos, y consecuentemente, de la violación histórica de sus derechos humanos, es importante establecer la noción de afromexicanismo y de panafromexicanismo.

El afromexicanismo debe entenderse como el estudio del sincretismo de la cultura africana y la cultura mexicana, que sería a su vez parte de la cultura latinoamericana. Esto significa que para estudiar las características de los pueblos afromexicanos es importante que el afromexicanismo investiga la perspectiva, cosmovisión y cosmogonía de la cultura africana y cómo esto se ha sincretizado a lo largo de cinco siglos con otras culturas.

Lo mismo cabría decir del estudio de la cultura mexicana, como un sincretismo entre culturas, entre ellas la cultura africana. El afromexicanismo por lo tanto tiene que ver con el sincretismo entre dos culturas.

El afromexicanismo analiza la relaciones de poder como base de las relaciones sociales entre los esclavos africanos que llegaron a territorio mexicano, por entonces virreinato de la Nueva España, y sus descendientes con los españoles e indígenas desde la época colonial, pasando luego por los denominados criollos o mestizos, a partir de la independencia mexicana hasta la actualidad.

Si bien, tanto el continente africano como el americano sufrieron los rigores de la colonización europea, sus respectivas culturas han sobrevivido a las vicisitudes de dominación política, militar y económica, logrando mantener vigente muchas de sus costumbres y tradiciones.

Hay algunas cuestiones que el afromexicanismo debe explicar, o por lo menos tener alguna aproximación a una respuesta. Por ejemplo, preguntas como: ¿Por qué los descendientes africanos desaparecieron de la historiografía mexicana por tanto tiempo? ¿Por qué, si ya existen elementos de certeza de su histórica presencia, siguen siendo invisibilizados? ¿Cuáles han sido los aportes culturales de los pueblos afromexicanos?

Y es aquí que se debe establecer la noción de panafromexicanismo, puesto que no es suficiente con que el congreso de la unión haya añadido, mediante enmienda constitucional, el concepto de comunidades afromexicanas.

Y no es suficiente porque los pueblos afromexicanos siguen en el olvido político, social, cultural y económico, además de seguir sufriendo de las constantes violaciones a los derechos humanos. Pues, la invisibilidad se constituye en una violación de sus derechos por la falta de instituciones federales que representen sus intereses y defiendan y promocionen sus derechos humanos, y también porque hace falta una ley general para los pueblos afromexicanos que saquen definitivamente de la invisibilidad a estas comunidades.

El panafromexicanismo entonces debe erigirse como un movimiento social que abarque a todos los pueblos afromexicanos a lo largo y ancho del territorio mexicano, pues, que estas comunidades han sido limitadas geográficamente en el territorio de la Costa Chica ubicado entre las costas de los estados de Oaxaca y Guerrero, cuando su espacialidad comprende todo México.

El panafromexicanismo busca cambiar el paradigma cultural imperante y homogeneizante. Además, establecer una fraternidad con todas las demás organizaciones afrodescendientes en América Latina y el mundo.

CONCLUSIÓN

El sentimiento de una identidad de nación pasa por aspectos multiculturales, en este sentido, “la educación se debe dirigir a enseñar los derechos y responsabilidades de la ciudadanía democrática, y su reconocimiento a todos los humanos de cualquier comunidad. La educación moral comienza con relaciones afectivas en los círculos inmediatos, que progresivamente se van ampliando. El cosmopolitismo no es el primer paso, sino un resultado tardío o posterior. Por ello, resalta que en lugar de huir a un cosmopolitanismo abstracto y universal, necesitamos formas de comunidad local y patriotismo cívico saludable y democrático (Bolívar 2001, 283). Se debe ampliar la comprensión de participación y de cultura ciudadana.

Por lo tanto, la cultura ciudadana, esto, en términos de toda la sociedad mexicana, debe proceder con una sensibilidad política y social en el que “(los) compromisos y virtudes (comiencen) a arraigar en (el) entorno inmediato, y sólo entonces pueden crecer e ir más allá (la sociedad en general), ‘prescindir de ellos a favor de un cosmopolitismo inmediato es arriesgarse a acabar en ningún lugar, a no sentirnos ni en casa ni en el mundo’. Sentirse e identificarse con un país o etnia, de forma cívica, es el paso previo y necesario para llegar a ser ciudadano del mundo. Que pueda abocar a nacionalismos o rechazos étnicos es dependiente de formas no democráticas en que ha tomado cuerpo históricamente” (Bolívar 2001, 283). Pero más vale arriesgarse que no intentarlo y seguir en la invisibilidad.

La educación como factor de conciencia de una sociedad debe enfrentar la resistencia a los cambios producidos por las nuevas realidades, y una de ellas es precisamente la falta de comprensión de reconocimiento de un otro, en este sentido, “(…) si bien el cosmopolitismo (como variable del multiculturalismo) podría ser un bello ideal educativo en este contexto de globalización; en la práctica, sólo cabe valorar las restantes culturas cuando se valora la propia. La identificación con lo local es la primera base para llegar a lo cosmopolita. Los escolares construyen su identidad personal en relación con la comunidad de origen y vida, lo que debe abocar a una apertura a los otros diferentes y sus culturas” (Bolívar 2001, 283). Esto es, que la identidad en términos de Estado, es una permanente construcción.

Esa construcción permanente debe basarse en una educación permanente y cambiante, porque “lo que afecta a un paradigma, es decir, la clave de todo un sistema de pensamiento, afecta a la vez a la ontología, a la metodología, a la epistemología, a la lógica, y en consecuencia, a la práctica, a la sociedad, a la política. La ontología de Occidente estaba fundada sobre entidades cerradas, como ser la sustancia, la identidad, la causalidad (linear), el sujeto, el objeto. Esas entidades no se comunicaban entre ellas, las oposiciones provocaban la repulsión o la anulación de un concepto por el otro (como sujeto/objeto); la realidad podía entonces ser englobada mediante ideas claras y distintas”(Morin 1990, 51). Esto con relación a la doble linealidad que debe tener un concienciación de la enseñanza, de la información y educación permanente, en este caso, el de Estado – sociedad.

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Published on 31/12/69
Accepted on 31/12/69
Submitted on 31/12/69

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