ABSTRACT

This article reports a research about the relationship between the socio-institutional conditions in wich the Autonomous University of Chiapas forms in citizenship, and (on the other hand) the expressions of a student citizen exercise based on an organization and political participation. The documentary analysis content and the semi-structured interview make up the instrumental arrangement.

KEY WORDS: citizen training, student citizen exercise, organization and political participation, public university.

1. INTRODUCCIÓN

El itinerario central trazado por la investigación que dio pie al presente artículo, y que se llevó a cabo durante los años 2016 al 2018, partió del gradual reconocimiento de una crisis inédita, global y actual, signada por una intensificación de la exclusión y la desigualdad social, a la que le subyace una estructura neoliberal que se tensa ante el ejercicio de la ciudanía (en tanto pugnas por la participación y gestión política de las decisiones de mayor impacto colectivo) y su potencial para interpelarla, contenerla o agrietarla.

Desde esta intensa conflictividad social, ante la que autores como Dussel (2005), y Alemán (2019), desde sus diferentes perspectivas, advierten que no es posible vislumbrar con claridad lo que sucederá posteriormente, diversos actores sociales demandan atender la manera en que las instituciones educativas forman en ciudadanía. La investigación se enfocó entonces en el ámbito de la universidad pública, que ha albergado históricamente expresiones en ese sentido y que posibilita [aún] cierto cambio cultural –en términos del desarrollo de una cultura política y ciudadana- en tanto puede promover el acceso a una relectura problematizadora de la realidad social.

Es en la Facultad de Humanidades y en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), la “máxima casa de estudios” de la entidad federativa más rezagada de México en términos socioeconómicos, donde se desarrolló un análisis crítico, inductivo y preponderantemente sincrónico de la relación entre formación ciudadana institucional, y un ejercicio ciudadano estudiantil basado en expresiones más o menos elaboradas de organización y participación política.

A través de un andamiaje teórico, de antecedente estructuralista, orientado por un conjunto de autores adscritos al constructivismo, a la pedagogía crítica, y a la filosofía política, se nutre un proceso de análisis de la relación entre determinados sujetos educativos y las condiciones socio-institucionales referentes, pretendiendo generar conocimiento para posicionar una reflexión crítica, de horizonte transformador, que contribuya a dislocar la mirada “natural” e institucional establecida.

1. Contextualización socio-histórica y posicionamiento ético-político: neoliberalismo, desigualdad, democracia y educación

Conduciéndome de lo más general y abstracto, hacia lo más concreto y específico, en el momento histórico actual, a un nivel global, amplios segmentos poblacionales padecen una conflictividad social y ambiental íntimamente vinculada con una intensificación de la desigualdad y la exclusión (con todo y la presencia de “la democracia” en los discursos y referentes normativos institucionales), en buena medida propiciada de manera subyacente, por la operación de un sistema capitalista en su expresión neoliberal.

Precisamente, Santos (2003, 2005) apunta al respecto que el capitalismo, en su versión actual, se articula en torno a dos grandes principios sobre los cuales se estructura una jerarquización social: el sistema de desigualdad y el sistema de exclusión. Relacionándose el primero con las condiciones económicas y políticas, y el segundo con aspectos socioculturales.

México, entre otras sociedades latinoamericanas, es heredero de la colonización, de regímenes políticos autoritarios y dictatoriales, así como de sistemas políticos que afectan drásticamente el acceso de amplios sectores de la población a una vida digna; intensificándose este efecto en grupos poblacionales como el juvenil, quienes viven en escenarios caracterizados por la violencia, inseguridad, vulnerabilidad, la exclusión social, las crisis económicas, la corrupción e impunidad. A esto se suma el deterioro del tejido y vínculos sociales interpersonales, los cuales afectan la construcción de su identidad y el sentimiento de pertenencia-seguridad correspondientes.

La conjunción de los elementos anteriormente mencionados se materializa en un régimen denominado generalmente democracia representativa, en donde se resalta un discurso de la clase política técnico y macroeconómico con una riqueza creciente, pero que no se distribuye de manera equitativa entre las mayorías que tampoco son representadas. Lo anterior implica un profundo cuestionamiento a la manera en que funcionan las instituciones, entre ellas la institución educativa, a la que históricamente se le ha conferido la función de contribuir con una formación ciudadana que, en una de sus vertientes socio-históricas, posee un talante transformativo del orden social establecido.

Dichos elementos han sido contribuyentes de un desencanto social contemporáneo en torno a la democracia. Borón (2009), quien ha abordado el tema de las democracias latinoamericanas posteriores al ocaso de los regímenes autoritarios y las dictaduras latinoamericanas, se refiere a ellas como: “democracias que explotan, excluyen, empobrecen y que marginan a las clases y estratos populares mientras contribuyen al desenfrenado enriquecimiento de las minorías adineradas.” (pp. 11,12). El mismo autor cuestiona incluso que se le llame democracia a regímenes que caracterizan –más bien- a las plutocracias u oligarquías.

En un contexto donde el poder sociopolítico y económico se concentra cada vez más, desde donde se toman decisiones de impacto colectivo, pero bajo un cuestionable interés por la transformación sociopolítica y económica de cohorte inclusiva; una formación ciudadana basada en una organización y participación política democrática, puede contribuir de manera importante a generar alternativas ante problemáticas sociales de alto impacto.

Por tanto, apostar por una universidad comprometida éticamente con un proceso de ciudadanización democrática ante una indignante exclusión, inseguridad y desigualdad social, no solo es deseable sino necesario. Se requiere de una apuesta por una ciudadanía crítica, misma que no puede construirse al margen de los procesos y contradicciones que la instituyen. Ya que en ese mismo contexto se gesta una doble clase de ciudadanos: incluidos e integrados, y excluidos; con un amplio grupo intermedio en riesgo de vulnerabilidad social (Bolívar, 2007).

2. Universidad pública, tensiones en torno a una formación ciudadana y política

Situados ya en el aspecto público de la universidad, evidenciar el carácter político de la educación y su vertiente crítica, resulta indispensable (Oraisón, 2010; Ovelar, 2005). Los muy diversos pronunciamientos en torno a la función que la universidad contemporánea debería tener dentro de la dinámica social y las acciones que de ellos se derivan, se encuentran en tensión constante ante un conjunto de condiciones estructurales dominantes.

La concentración de poder, riqueza y recursos, no es compatible con un interés por la transformación de la dinámica sociopolítica y económica en un sentido inclusivo, democrático y ambientalmente sustentable. Dicho aspecto contribuye a que las universidades, con una autonomía sustancialmente deteriorada y en relación con un Estado significativamente debilitado, sean vulnerables a la presión ejercida desde los espacios de poder económico formal y fáctico. Tal circunstancia se interpone con las pretensiones y el desarrollo de acciones dirigidas a propiciar una formación crítica y con sentido de compromiso, y al correspondiente potencial de contribución a la transformación social que esto representa.

Una revisión general de la literatura conducente reconoce la influencia de un proyecto neoliberal en la formación ciudadana y su ejercicio en el contexto universitario, por medio de un conjunto de reformas y políticas institucionales que han venido permeando la dinámica de las universidades a nivel global. Se puede advertir el llamado de diversos sectores de las comunidades universitarias respecto a que esta institución no debe subordinarse a las demandas utilitaristas del sistema financiero internacional (Chomsky, 2001; Apple, 2002; Cullen, 2004; Torres, 2006; Mollis, 2010; Borón, 2011; Vallaeys, 2014; Santos, 2015).

Respecto al tema, autores como Apple (2002) hacen un énfasis en lo que se advierte como un proceso de mercantilización de la enseñanza disfrazado de reformas educativas que pueden estar adornadas de un discurso seductor, pero que funcionan de manera opuesta al llegar a la realidad de las aulas. Este autor considera que la educación de calidad que abanderan estas reformas implica una “colonización del discurso profesional por parte de modelos empresariales cuya única preocupación no es la calidad, sino la obtención de beneficios” (p. 48). Identifica también un paradigma dominando los proyectos tanto sociales como educativos; paradigma político, económico y cultural al que se refiere como neoliberalismo que, en esencia, es un capitalismo sin ninguna contemplación.

A nivel curricular, se implican debates en torno a lo que significa una formación ciudadana y a la manera en que se puede propiciar. Por un lado, ciertamente sin mucha potencia, está la propuesta de una formación ciudadana a través de una materia o asignatura dentro de una malla curricular; por otro –y sin descartar la anterior- una vía transversal que involucre a todos los actores sociales y a toda la dinámica institucional. Asimismo, se consignan cuestiones acerca de la viabilidad de una formación ciudadana, circunscrita a una institución educativa formal, dentro de una sociedad marcadamente antidemocrática (Ruiz y Chaux, 2005; Chaux, 2004; Castro, Rodríguez y Smith, 2014; Hirsch y Yurén, 2013). Es decir, ¿se puede formar en ciudadanía, dentro de una institución educativa, cuando la sociedad que la contiene destaca la concentración inequitativa de la autoridad y el ejercicio del poder?

3. Ejercicio ciudadano estudiantil basado en una organización y participación política

Del otro lado, el foco de atención se centra en el estudiante universitario, a quien se le demanda mayor responsabilidad y conciencia social, dentro de un contexto (el educativo superior) que puede reunir las condiciones necesarias para propiciar cambios relevantes en su manera de pensar y, por tanto, en la manera en que se relaciona con su realidad personal y social; es decir, las condiciones para que se lleve a cabo un cambio sociocultural. Andrade (2014) comparte una consideración acerca de su experiencia durante su formación universitaria:

Mis estudios en la universidad, me dieron herramientas teóricas importantes para leer la realidad social […] con ello mi compromiso se acrecentó. Mi manera de pensar se tradujo en actitudes de compromiso ético y social en todos los espacios académicos donde me movía, en mi vida familiar y cotidiana, mis padres veían con sorpresa los cambios operados en mi persona, no podía ser de otra manera, pues el acceso al conocimiento debe traducirse en cambios en la manera de pensar, sentir y actuar, porque si no la educación no sirve para nada (Andrade, 2014: 85).

Convocado por lo antes expuesto, cabe señalar que los movimientos estudiantiles en México, como en otros países latinoamericanos y del mundo, han resultado relevantes para la vida política a nivel nacional e internacional. Éstos han sido diversos, con múltiples sentidos, siendo un referente emblemático el del año 1968. Más actualmente podrían destacarse en nuestro país expresiones como el #YoSoy132 (2012) y aquella en torno a los estudiantes forzadamente desaparecidos de la Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa (2014).

Respecto al movimiento de 1968 en México, Favela (2009) considera que la movilización social que lo protagonizó evidenció que el sistema político, hasta entonces prevaleciente, ya no era tan funcional. Que no contemplaba espacios de organización y participación ciudadana para contribuir a un proceso de democratización, fuertemente demandado, desde condiciones de exclusión, desigualdad e injusticia social.

En buena medida –según dicho autor- a partir de lo ocurrido en el 68 los ciudadanos se hacen visibles en tanto actores políticos, independientes y autónomos. En consecuencia, se dejó en claro que la movilización ciudadana puede incidir significativamente en la transformación de un sistema político: “A partir del 68 fue imposible ignorar la existencia de ciudadanos en el sistema político mexicano” (Favela, 2009: 80).

Si bien las movilizaciones no fueron llevadas a cabo únicamente por estudiantes universitarios, sino también por otros actores sociales; éstos tuvieron, sin duda, un papel fundamental. El mismo autor señala: “Fueron algunos brotes de independencia sindical y movimientos estudiantiles los que prendieron las señales de alarma sobre la crítica inicial al autoritarismo estatal dominante” (Favela, 2009: 117).

2. EL ABORDAJE, HERRAMIENTAS TEÓRICAS Y METODOLÓGICAS

En correspondencia con la estructura del artículo hasta ahora propuesta, la manera de abordar la interrelación entre los dos elementos centrales, el institucional y el de los sujetos educativos fue a través de un método analítico en torno a la relación entre la formación ciudadana de la UNACH, y la manera en que ella propicia o limita un ejercicio ciudadano estudiantil basado en una organización y participación política; todo dialécticamente enmarcado por el momento socio-histórico actual. Para el análisis, utilicé un andamiaje teórico y un proceder metodológico expuesto a continuación.

1. El socio-constructivismo y el enfoque histórico cultural

El punto de partida epistemológico del análisis realizado se ubica en un lugar cercano al estructuralismo. Cabe aclarar que dicha cercanía posibilitó un énfasis en el supuesto de ciertos niveles de autonomía o de cierta capacidad de agencia –tanto a nivel personal como colectivo- ante la tendencia determinante de las estructuras. Así pues, concebí una relación dialéctica entre sujeto-colectividad y las estructuras que dan forma a la dinámica social.

Orientado por un enfoque socio-constructivista y cultural, como el de Vygotsky (1985), que tiene como antecedente el materialismo-dialéctico marxista, consideré que el estudio del aprendizaje tiene que atender la manera en que los contextos y las estructuras posibilitan o impiden que se lleven a cabo determinadas acciones humanas (relaciones de orden social interiorizadas). Desde el mismo, el aprendizaje humano está fundamentalmente vinculado con los procesos socioculturales referentes. La manera de ser y de comportarnos refleja entonces el medio en el que estamos inmersos.

2. La filosofía, la ciencia política y la pedagogía crítica

Para poder pensar política y críticamente la relación entre los sujetos y su contexto socio-institucional recurrí a autores como Rancière (1996), Laclau y Mouffe (2004), y Mouffe (2016), para quienes todo orden establecido está limitado por aquello que es incapaz de institucionalizar; desde estos límites a los que antecede lo instituyente, o lo social (y lo educativo), se generan pugnas que eventualmente conllevarían a agrietar la estructura, a interpelar lo hegemónico.

Destacando el aspecto político-educativo de la relación entre los sujetos y sus contextos, Castoriadis (2007) fue de utilidad en tanto concibe que la política es una actividad colectiva capaz de ir definiendo las condiciones de vida de las personas y que, entre otras cosas, debe cuestionar a las instituciones existentes en la sociedad. Para este autor, la democracia representa una afirmación de libertad, así como la posibilidad de crear nuevas y diferentes determinaciones de conformación social. Considera que el vértice de una sociedad autónoma es la participación de los ciudadanos, para lo que la educación (la paideia) es una pieza central. Por tanto, es necesario establecer disposiciones institucionales que faciliten la participación de los ciudadanos o de los miembros de cualquier colectividad –ya sea que se trate de sindicatos, de asociaciones estudiantiles, etcétera- que promuevan la participación del demos.

Siendo así, en este caso el estudiante universitario trascendería el ámbito técnico instrumental disciplinar para interesarse activamente en lo que sucede en la sociedad, dado que –se supone- forman parte de una polis democrática. Tendría que contar con una formación que abone a pensar políticamente la realidad en que vive, condición fundamental para la ciudadanía (Castoriadis, 1990).

Desde el campo de lo que se identifica como pedagogía crítica, me orientaron en el análisis planteamientos como los de Freire (1969, 2005). La formación de sujetos políticos, históricos, constructores de su mundo, es una constante explícita o implícita en la obra de este autor, quien señala que el acceso al poder y a la toma de decisiones es fundamental en una auténtica democracia y, por ende, para un verdadero ejercicio ciudadano.

Para McLaren (2011), reflexionando sobre la propuesta de Freire, la pedagogía crítica implica un conjunto de prácticas orientadas a develar la manera en que las estructuras de poder y privilegio fijan los objetivos educacionales. Y Giroux (1993), por su parte, ha abogado por dar expresión a un concepto crítico de ciudadanía por medio de una propuesta radical de formación ciudadana. Desde su punto de vista, recuperar y apropiarse de la educación para la ciudadanía permite propiciar una formación crítica y emancipadora. Propone que los actores educativos legitimen a las escuelas como esferas públicas democráticas; por tanto, como lugares que proporcionan un servicio público esencial para la formación de ciudadanos activos con el objeto de desempeñar un papel protagónico en el desarrollo de una sociedad democrática y de una ciudadanía crítica. Desde esta perspectiva, en las instituciones educativas, en tanto construcciones históricas y culturales, se tendrían que desmontar las relaciones de poder develando su relación con las fuerzas estructurales más amplias.

3. La delimitación: lo concreto y lo específico

Tomando en cuenta el tipo de ciudadano que pudiera estarse configurando en el contexto universitario, la posibilidad o no de que dicho contexto pueda ofrecer una oportunidad de formar una ciudadanía para una convivencia democrática, así como las condiciones estructurales que permean los proyectos institucionales universitarios, atendí la sinergia que se verifica entre los siguientes elementos: la visión de ciudadanía considerada en los entramados institucionales a través de las normatividades correspondientes así como el funcionamiento de los mecanismos dispuestos para la materialización de tales visiones; por otro lado, las formas de organización y ejercicio ciudadano que los sujetos expresan. Buscando con el análisis correspondiente, identificar la perspectiva de los estudiantes y otorgar un papel preponderante a la voz de éstos en tanto actores participantes en su propia formación ciudadana.

En cuanto a la naturaleza y alcance del estudio, me ubico en lo cualitativo y comprensivo-interpretativo, haciendo énfasis en una perspectiva crítica orientada a generar una reflexión de la dinámica socio-institucional en cuestión. Las técnicas empleadas para la aproximación a las categorías de análisis fueron el análisis de contenido documental y las entrevistas semiestructuradas.

Apoyado en lo que al respecto expone Izcara, 2014 y Gibbs, 2012, para la aproximación metodológica correspondiente a la concepción de ciudadanía y al papel de la formación ciudadana en el proyecto educativo institucional, analicé el contenido de un conjunto de documentos oficiales y públicos (corpus documental) como los que a continuación se mencionan: el Decreto de Creación, la Ley Orgánica, el Estatuto General, el Proyecto Académico (2014-2018) y el Modelo Educativo de la UNACH.

De manera complementaria, y como referentes de contraste extremo, la indagación se extendió hacia el posicionamiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Así como el del plan, nacional y estatal, de educación superior (política educativa regional 2013-2018). Finalmente, se consideró el contenido conducente en documentos de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior y del Instituto Mexicano de la Juventud.

Por otro lado, la caracterización del ejercicio ciudadano estudiantil se explora y se identifica a través de un análisis basado en información recabada de profesores y alumnos principalmente. Utilicé entrevistas semiestructuradas de tipo informal, tanto individual como grupal, para recopilar información acerca de aspectos como: las características de las expresiones del ejercicio ciudadano estudiantil (particularmente aquellas que manifiestan una organización y participación política); los elementos que inciden en la manera en que los estudiantes de la UNACH ejercen su ciudadanía; la manera en que los actores involucrados conciben que debería llevarse a cabo una formación ciudadana, así como los principales obstáculos para ello.

Los criterios para focalizar la atención en la Facultad de Humanidades y en la Facultad de Ciencias Sociales fueron los siguientes:

1. Una relación estrecha entre la temática abordada y el aspecto disciplinar de los programas educativos de ambas facultades1, no necesariamente extrapolable a otros campos disciplinares. Es decir, en el ámbito de las Humanidades y las Ciencias Sociales, según lo referido por los interlocutores, el centro de interés de la investigación se manifiesta de manera más explícita.
2. Los interlocutores consultados ubicaron a la Facultad de Humanidades y a la de Ciencias Sociales como las más reactivas2 y que han expresado con más claridad un compromiso social que trasciende las fronteras institucionales.
3. Ambas facultades cuentan con algunas fuentes documentales que permiten vislumbrar aspectos históricos que posibilitan una mayor factibilidad de indagación documental.
4. Albergan disciplinas soslayadas por un proyecto educativo de corte neoliberal institucionalmente dominante en la actualidad.

Los encuentros se llevaron a cabo en diversos escenarios, generalmente dentro de las mismas sedes. En la Facultad de Humanidades se llevaron a cabo 38 entrevistas, de la cuales 20 fueron individuales y 18 fueron grupales, participando en ellas 16 profesores, 162 estudiantes (de diferentes semestres y programas educativos) y un trabajador administrativo. En la Facultad de Ciencias Sociales se llevaron a cabo 23 entrevistas, de las cuales 16 fueron individuales y 7 grupales, participando en ellas 8 profesores, 42 estudiantes (de los diferentes semestres y programas educativos), y un trabajador administrativo. Elaboré el contenido de la muestra poblacional utilizando un criterio deliberado o intencional con la elección –preponderantemente- de casos políticamente relevantes; esto es, como apunta Tójar (2006), actores que intervienen de modo más directo en la acción.

Las categorías analíticas empleadas fueron flexibles en el encuentro y en el tratamiento con las especificidades del referente empírico, sin que ello implicara perder la posibilidad de llevar a cabo un análisis integral entretejiéndolas y entramándolas críticamente. Establecí una categoría central, ciudadanía estudiantil y sus condiciones socio-institucionales, así como los componentes nucleares (aspectos que definieron lo sustancial de la categoría central) de la misma, expuestos a continuación y a partir de las cuales se desarrollaron las categorías de análisis correspondientes: Contexto socio-histórico y político económico; concepción (idea, noción, manera de entender) institucional de ciudadanía; lugar de la formación ciudadana en el proyecto educativo institucional; características del ejercicio ciudadano estudiantil (histórico y actual); y condiciones estructurales que inciden en dicho ejercicio.

El registro, caracterización y sistematización de eventos significativos fueron posibilitando la elaboración y definición de categorías analíticas, que se fueron entrelazando con los supuestos iniciales y lo acontecido durante la vinculación tanto con el referente teórico, como con el empírico; elaborando una trama en la que todos los elementos se interrelacionaron hacia la aprehensión de un orden estructural, en tanto una herramienta para la comprensión.

3. RESULTADOS Y ANÁLISIS

En América Latina, los regímenes dictatoriales y autoritarios facilitaron la posterior implementación de políticas neoliberales que desde la década de los ochentas “hegemonizaron la región y tuvieron un enorme impacto en la universidad pública” (Oraisón, 2015: 78). De ahí, la trascendente influencia que ha tenido lo que acontece en el ámbito de la educación superior en la dinámica de nuestra sociedad no pasa desapercibida por el poder formal y fáctico contemporáneo, que exhibe una tendencia hacia la desarticulación del potencial crítico y desestabilizador que se ha gestado y desarrollado en la universidad pública, no sólo en México y en Latinoamérica, sino a nivel global.

Para Puiggrós (1996), sosteniendo este proyecto habría una concepción de la educación tanto como una actividad orientada al lucro, como la de un instrumento para la formación de un sujeto neoliberal. En este sentido, la formación de ciudadanía ligada a la responsabilidad que el Estado le había conferido a la educación en períodos históricos anteriores es replegada en tanto la preponderancia del aspecto económico.

Específicamente, a partir de lo construido tanto desde el referente teórico, como desde el empírico, lejos de una concepción original radicada en el ámbito de las Humanidades, en la UNACH ha venido ganando terreno un proyecto educativo -que refleja y fortalece un proyecto social-, que entre otras cosas:

1. Ha intensificado el desplazamiento de las Humanidades y de las Ciencias Sociales hacia una marginalidad ligada a la consideración de que no son estratégicas para el desarrollo [económico] nacional.
2. Valora la libertad del pensamiento del docente siempre y cuando ésta se constriña a la noción que de calidad tiene el proyecto educativo institucional actual, constituida básicamente por la eficiencia terminal y por los resultados de pruebas estandarizadas promovidas por organismos acreditadores.
3. Se articula con un recorte, o más bien, con una asfixia financiera a la universidad pública y con el tránsito de esta desde un derecho humano y un bien público hacia una mercancía que se puede tasar.
4. Contribuye a promover en las subjetividades y en las colectividades la creencia de que no hay alternativa ante el dictado económico y político de la globalización neoliberal.

La centralidad de la política contenida en el informe del Programa de Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD, 2004) “Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos”, en donde se plantea que es la única vía por la que se pudiera transitar hacia una democracia más inclusiva en una América Latina signada por la desigualdad y la exclusión social; aunada a la identificación de una presión social por democratizar la educación institucional que expone la UNESCO (2009), en la conferencia mundial de educación superior en torno al cambio social y el desarrollo, se desvanece en el contenido del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018. En consecuencia, también en los contenidos de aquellos documentos a los que el plan nacional influye o que de él emanan, como es el caso del Plan Sectorial de Educación 2013-2018. En éstos, la política está lejos o ausente de aquello que se vincula con el desarrollo de una mejor sociedad en términos de una mayor inclusión, justicia, democracia, libertad y dignidad. Esta difuminación de la política, como vía para la transformación social, en el contenido de los documentos mencionados abarca tanto el ámbito social, como el educativo3.

El discurso del proyecto educativo institucional está proponiendo, como si esto fuera posible, una pretendida formación profesional “neutra” o apolítica. Lo anterior se relaciona con un desencuentro tenso entre proyectos educativos distintos en el ámbito de la educación superior mexicana.

Desde el poder político y económico dominante en la actualidad, se impulsa un proyecto educativo que se concibe y se desarrolla hacia una formación para el empleo, al autoempleo y hacia contar con un recurso humano competente para el mercado. Este énfasis desplaza hasta el límite lo concerniente al desarrollo de una cultura política y a una formación ciudadana crítica ligada a la inclusión social.

Este tipo de proyectos se pueden articular funcionalmente con ciertas disposiciones gradualmente establecidas en instituciones educativas como la UNACH, cuyo estatuto general, que establece cuáles son las obligaciones de los estudiantes, indica que éstos deben observar y guardar el orden dentro del aula y las demás instalaciones de la universidad. Así como cumplir con las órdenes que, en observancia de la Legislación Universitaria, dicten las autoridades competentes.

1. Las voces estudiantiles

Para una estudiante de la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) estamos viviendo una crisis de las ciencias sociales, ¿de qué me sirve sacar diez en un examen si no puedo incidir [en la realidad social]? Gabriel4 (también de la FCS), por su parte, identificó una muy relevante apatía estudiantil. Dijo que esto lo entendería un poco en disciplinas como ingeniería o administración (en donde él supone que ciertas problemáticas sociales son más ajenas): ¿Qué es lo que estamos viendo en las aulas?, ¿No son acaso [las problemáticas sociales más acuciantes] las problemáticas que tendríamos que explicar?, ¿cuál es la función entonces de la transmisión de conocimiento?, ¿es un conocimiento vano que no tiene aplicación material, se trata de una cuestión egocéntrica, de acumular conocimientos y nunca aplicarlos o nunca compartirlos? (los demás estudiantes ahí agrupados suscribieron el posicionamiento de Gabriel).

Apple (2002) nos advierte que las reformas educativas promovidas por el neoliberalismo no sólo marginan la política en relación con el conocimiento, sino que también –en consecuencia- conciben como objetos a los estudiantes, a los profesores y a la comunidad; es decir, les conceden un papel muy poco activo.

Otra de las estudiantes opinó que la realidad nos está rebasando. Mientras estamos teorizando la estructura y la función de la educación [universitaria], resulta que la sociedad se nos desmorona, y en las aulas nos comportamos como si no pasara nada. Gabriel continuó: ¿dónde están los profes?, ¿quiénes nos están formando?, ¿no deberían ser los principales impulsores del compromiso social de las ciencias sociales?

Del lado de la Facultad de Humanidades, uno de los estudiantes consideró que no tiene caso luchar contra un sistema todopoderoso y que, por tanto, la única alternativa es unírseles porque lamentablemente, el revolucionario nunca vive bien; vive pobre, y el que se lleva bien con los gobernantes, vive rico. Ahora los estudiantes sólo son estimulados por el dinero. Aurora, por su parte, afirmó que para el capitalismo nosotros sólo somos objetos, te dicen que sólo debes preocuparte por ti, para que llegues a ser un microempresario emprendedor.

Concretamente, en torno a la interrogante que orientó el proceso, se perfiló una formación ciudadana nominal, una formación ciudadana impuesta “desde arriba” en una institución en la que operan mecanismos de control que limitan e inhiben un ejercicio ciudadano estudiantil en términos de espacios de disputa de poder a partir de la organización y la participación política.

De lo expresado por las y los participantes se evidenció una reiterada mención del individualismo y del miedo como factores asociados a la ausencia de una organización estudiantil. Uno de los cauces por donde este individualismo se establece alude a lo estructural y particularmente al sistema educativo: la escuela nos enseña a ser competitivos desde el principio, desde que todo es por competencias (estudiante de la FCS).

La organización estudiantil enfrenta actualmente un conjunto de obstáculos alojados en espacios institucionales fundamentales como el legislativo universitario, que oculta a los estudiantes sus derechos políticos, y con ello, una ciudadanía en su versión activa. Este hecho en particular implica una negación severa de la condición de ciudadano en tanto sujeto-actor de la democracia.

En torno a la distinción entre lo institucional y las condiciones de posibilidad para interpelarlo, autores como Schmitt (1998), Rancière (1996), Laclau y Mouffe (2004), y Mouffe (1999), conciben a la política como una administración instituida de la sociedad a partir de un ordenamiento jurídico y de mecanismos disciplinares orientados a la anulación del conflicto; desde su perspectiva, la política tiene que ver con un orden social establecido, y lo político como el proceso disidente de constitución de los sujetos políticos. Los últimos, señalan las prácticas históricas y las relaciones sociales que operan como la condición para el establecimiento de una hegemonía (significantes particulares que se generalizan, y que se constituyen en una objetividad social, a través del poder), lo que implica una naturalización de cierta dinámica social en detrimento de otras alternativas.

En ese sentido, lo instituyente, o lo social, siempre excede los límites de todo intento de constituir “la sociedad” en términos absolutos. Entonces, una ciudadanía activa ligada a la constitución de sujetos políticos estaría orientada a des sedimentar o desnaturalizar el orden institucional dominante visibilizando su carácter socio-histórico y político.

Introduzco un discurso estudiantil que muestra algunas características relevantes en la relación problematizada institución-sujetos, Rocío (de la Facultad de Humanidades) reconoce que los estudiantes críticos y participativos padecen la descalificación de autoridades y profesores: cuando te pronuncias, te organizas y participas; o te dan un puesto o te pueden reprobar. En ese sentido, Fátima (de la misma facultad) identifica una ausencia de líderes, la asocia con una represión institucional. Esta organización estudiantil, invisible o invisibilizada convenientemente para un sector de los profesores, coexiste con instancias orientadas a la construcción de ciudadanía que no se enfocan a los estudiantes o que carecen de autonomía5.

Algunos estudiantes expresaron que hay profesores que se comportan como integrantes de una mafia, que se tapan entre ellos, y que tienen y ejercen un poder que oprime a los estudiantes que se atreven a disentir; profesores ante quienes no se puede hacer nada: te topas con la impunidad y con la impotencia; […] la universidad no hace nada por ti.

Con un consejo universitario opaco, según lo expresado durante el tránsito sistematizado durante el referente empírico, y con la cooptación de los mecanismos institucionales de participación estudiantil, para la organización estudiantil “desde abajo” no hay ningún reconocimiento y, consecuentemente, no son consideradas por la institución como factor pedagógico para una formación ciudadana.

El funcionamiento institucional desalienta en lo general la constitución de agentes sociales, mantiene y promueve la marginación del estudiante de las decisiones más significativas y de repercusión colectiva; los espacios de discusión y deliberación pública son no sólo prácticamente inexistentes, sino evitados e inhibidos. La siguiente tabla exhibe sintéticamente características de las condiciones que inciden en las expresiones de ciudadanía estudiantil en el sentido empleado para el presente artículo:

Tabla 1. Condiciones institucionales estructurales que inciden en las expresiones de un ejercicio ciudadano estudiantil en la UNACH

Aspectos institucionales vinculados con las expresiones de ejercicio ciudadano estudiantil
1. Del dictado neoliberal emana un proyecto educativo preponderantemente tecnocrático, instrumental, acrítico y presentado como apolítico (implicado, en su versión más reciente, en el PND y en el PSE 2013-2018) que atraviesa y opera en los derroteros del currículum universitario y en las prácticas educativas vinculadas al mismo.

2. La UNACH se revela en el discurso de los actores como una institución cooptada por cotos de poder, por la corrupción y por la impunidad, que se encuentra significativamente distanciada de las problemáticas del “pueblo” (lo que cuestiona el compromiso social universitario, así como el sentido y la aplicabilidad de un conocimiento académico y científico en un sentido democrático), situación que contribuye a que las y los estudiantes no problematicen su realidad social, contribuyendo con esto a que no se constituyan como agentes sociales.

3. También desprendido de lo dicho por los actores sociales participantes en el estudio, la UNACH funciona como “caja chica” y como plataforma política para llegar a ocupar cargos públicos de alto nivel, sobre la que el gobierno estatal ejerce un estricto control político y económico, lo que implica la activación de mecanismos de opresión a posibles organizaciones y movilizaciones que pudieran llegar a constituirse en un desafío al orden establecido.

4. La UNACH cuenta con una estructura institucional capaz de desplegar mecanismos de control de expresiones estudiantiles disidentes; cuenta (según lo expresado por los estudiantes y algunos profesores) con mecanismos de desactivación, desarticulación, control y opresión de la organización estudiantil. Al menos algunos de éstos son: la cooptación, la descalificación, la intimidación y la infiltración.

5. Profesores y autoridades recurren a amenazas de expulsión a estudiantes rebeldes que se organizan o que intentan hacerlo, amenazas que pueden ser cumplidas dado el respaldo de una legislación universitaria vigente que castiga la alteración del orden y de la armonía institucional.

6. En la misma institución educativa impera la impunidad ante los abusos de poder, así como la ausencia de una cultura ciudadana, política y democrática crítica, que es a su vez refleja y refuerza lo que sucede a nivel regional y nacional.


Fuente: elaboración propia a partir del análisis documental y de las entrevistas con los interlocutores.

Las restricciones estructurales impiden a los estudiantes el acceso a experiencias socioculturales orientadas al desarrollo de herramientas necesarias para llevar a cabo, en lo individual y en lo colectivo, una participación ciudadana, política y democrática que los involucraría activamente en el proceso de construcción de nuestra sociedad actual. En estos procesos formativos institucionales, por tanto, se destaca por un lado la ausencia de la perspectiva y la participación juvenil-estudiantil; por otro, la marginalización educativa de lo político.

La organización estudiantil está más descobijada que nunca (dice Laura, de la Facultad de Humanidades). Las y los estudiantes interesados en participar tienen miedo; o bien, están concentrados en un contenido disciplinar dentro de un marco curricular que tiende cada vez más a relegar o a desaparecer los componentes relacionados con una formación crítica que incide en un ejercicio de la ciudadanía. Y sin embargo, de trasfondo, existen antecedentes de organización estudiantil, ligada a un ejercicio activo de la ciudadanía, reconstituyente de un sujeto político, que se ha manifestado a lo largo de la historia de la UNACH (ya sea en su versión latente, coyuntural o reactiva; o consistente y ligada a organizaciones sociales más amplias)6 desde sus orígenes en la década de los setentas (de la mano de algunos profesores que arribaron de Sudamérica y que tenían una ideología marxista, marxista-leninista, o maoísta), de la mano de ciertos hitos en la dinámica social (como ha sido el caso del zapatismo), de otros actores sociales (como los constituidos por el magisterio) y de docentes comprometidos e influenciados por ideologías revolucionarias, decoloniales o emancipatorias (que cobraron un relevante auge durante las décadas de los sesenta y setenta).

Darío consideró que ser socialmente comprometido es demasiado desgastante. Recordó cuando hace algunos años se llevó a cabo un paro y una movilización que implicó el cierre de la Facultad de Humanidades por espacio de tres días, y llegaron las amenazas: nos empezaron a decir que nos iban a expulsar. Las amenazas llegaron a lo judicial y hasta a lo personal, y tuvimos problemas entre nosotros, pues el miedo les pegó a unos más que a otros. Pero también –indicó- hubo profesores que nos apoyaban: una profe nos dijo que ya tenía muchos años que no había habido ningún movimiento, y que nosotros le habíamos dado vida, nuevamente, a las demandas estudiantiles. Recordó que, tanto en la televisión como en las calles, se podían ver ríos de maestros movilizándose: y como la mayoría de aquí queremos ser maestros, entonces decíamos hay que luchar por nuestro futuro.

Las voces estudiantiles denotaron cierta conciencia política, pero también una capacidad de organización diezmada que enfrenta desafíos como el que implica pasar de lo que piensan y dicen en las aulas a la acción. La organización y participación política estudiantil ha pasado de la tensión con lo institucional a la resistencia-supervivencia, lo que se dirime en frentes como el currículum, lo que sucede al interior de las aulas, la legislación universitaria, los derechos estudiantiles, y el vínculo estudiante-docente.

Hace un par de años, según Susana (de la FCS), la carrera de Sociología se intentó organizar, tratamos de hacer un concejo […] y la verdad es que sí terminé casi llorando […] les decíamos a los compañeros: asistamos a las asambleas, y llegaban poquitos grupos (con esto último se refiere a que llegaban máximo diez estudiantes) y pus buscamos estrategias, no sé, ¿por qué no invitamos unas chelas?, una reunión más acá. Y tampoco llegaban; o sea, tú dices, estamos cabrones […] ¿cómo se puede resistir así? Ella identificó un desgaste, si los que no quieren participar quieren estar así, pues está bien. Sin embargo, reconoció que se ha recuperado y que ha decidido continuar intentando y promoviendo una organización estudiantil: […] y estamos continuando ahorita todavía, tratando de organizarnos, aún seguimos en la lucha y ojalá lo logremos.

Las y los estudiantes universitarios están demandando a la institución educativa, a sus autoridades y a sus profesores, un posicionamiento de acompañamiento ante lo que experimentan como un abandono ante sus intentos por ejercer una ciudadanía activa en respuesta a la exclusión, la desigualdad y la violencia de la que con frecuencia son sujetos. Lucía (de la FCS) resaltó el aspecto estructural de la violencia como una forma de apaciguar los intentos de transformación social. Consideró que la violencia en nuestra sociedad se ha ido intensificando cada vez más. Ejemplificó lo anterior relatando que han matado a comuneros, ecólogos, feministas, trans, defensores de derechos humanos y periodistas. La misma estudiante se pregunta qué hacer ante ello, y vislumbra que es necesario ir resarciendo o reparando una ruptura que la universidad ha tenido con el pueblo.

4. A MANERA DE CIERRE

Una concepción dominante de ciudadanía, dictada desde los intereses económicos-políticos dominantes y establecidos que, dadas las condiciones estructurales de países como México, y particularmente de entidades federativas como Chiapas, contribuye a intensificar la desigualdad socioeconómica a través de su incidencia en las políticas y prácticas gubernamentales e institucionales. Siendo así, tratamos con procesos formativos que no oponen gran resistencia a la naturalización de un orden social hegemónico que invisibiliza graves problemáticas n las que el aspecto político cobra particular centralidad.

Ante una crisis socio-ambiental inédita, y a partir del compromiso histórico que define a cierto sector de las comunidades universitarias latinoamericanas, se torna crucial atender procesos de ciudadanización juvenil universitaria que interpelen un orden institucional establecido.

Los efectos en la organización política de una crisis inédita socio-institucional y ambiental podría funcionar como una coyuntura, que junto con otros elementos como la reacción a un conjunto de experiencias de abuso, violencia y exclusión a nivel institucional, podrían posibilitar acciones hacia el desarrollo de expresiones de ejercicio ciudadano estudiantil a través de una apertura disruptiva “desde abajo” que pugne por espacios de organización y participación política orientados a nutrir procesos de democratización.

La universidad pública actual contiene [aún] intersticios por donde se puede propiciar una formación ciudadana crítica, inclusiva y democrática que ubique y de sentido sociocultural a la formación disciplinaria-profesional con la que está socio institucionalmente comprometida.

Con todo y el cada vez más férreo control que los mecanismos institucionales puedan conseguir, ante una organización estudiantil más descobijada que nunca, la imaginación, la creatividad y la organización de los sujetos educativos siguen guardando un aspecto indescifrable desde donde puede germinar una presencia política que dispute espacios de ejercicio del poder ante el dictado hegemónico.

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(1) Que en el caso de la Facultad de Humanidades son: Literatura, Comunicación, Pedagogía, Filosofía, y Bibliotecología. Y en el caso de la Facultad de Ciencias Sociales son: Economía, Sociología, Historia, y Antropología Social.

(2) Probablemente estas facultades, de muros pintados con múltiples consignas y alusiones políticas, son elegidas por cierto tipo de estudiantes, inclinados algunos de ellos hacia un particular interés en las problemáticas humanas y sociales. Si bien es cierto que durante el trabajo de indagación en la sede se señalaron manifestaciones de ejercicio ciudadano estudiantil, se ubicaron mas bien ligadas a aspectos “internos” (por ejemplo, en la Facultad de Medicina, a transparentar el proceso de admisión). Particularmente, en el caso de la Facultad de Derecho, se le vinculó a una tradición “conservadora” desde sus propios orígenes.

(3) Con excepción de algunos documentos de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), en donde proponen políticas educativas de inclusión con responsabilidad social; y del Instituto Mexicano de la Juventud, en su programa 2014-2018, en donde se propone incentivar la participación de las juventudes en las decisiones que les competen.

(4) Se utilizan las letras inclinadas para indicar expresiones textuales. No obstante, la aceptación para participar abiertamente en la investigación, se utilizaron nombres ficticios para expresar la mayor consideración posible a las y los interlocutores.

(5) Por mencionar un par de ejemplos, La UNACH cuenta con una defensoría de los derechos universitarios, vinculada a la secretaría general, que no ha exhibido la elaboración de recomendaciones ante denuncias de diferentes tipos de abusos mencionados por algunos miembros de la comunidad estudiantil. Asimismo, cuenta con el Centro de Estudios para la Construcción de Ciudadanía y la Seguridad (CECOCISE), que orienta sus actividades hacia otros espacios no constituidos centralmente por la población estudiantil, esto según lo expresado por los interlocutores.

(6) Síntesis del cuadro de tu tesis sobre la historia de las organizaciones en la UNACH.

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Published on 07/10/21
Accepted on 07/10/21
Submitted on 07/10/21

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