Abstract

Gender violence is an issue that must be addressed in university classrooms, the plurality of manifestations that affect women, leads to permanent struggles, but also to conducting research on what is happening in universities. The problem of gender violence has not stopped yet, if the demonstration is direct (face to face) and indirect (social networks). Its seriousness guides us to carry out face-to-face and virtual prevention tasks, and strive to build an awareness and culture centered on a university free of gender violence.

Keywords:

Gender, violence, students, university

1. Introducción

La violencia de género es un tema que debe ser abordado en las aulas universitarias. La violencia, desafortunadamente, tiene una pluralidad de manifestaciones que afecta a las mujeres. Durante siglos, la violencia de género permaneció invisible; Arizó y Mérida (2010) afirman que los hombres han abusado de las mujeres en variadas formas: malos tratos, golpes, acosos, violaciones, insultos, amenazas, humillaciones, abusos; feminicidios a manos de la propia pareja haciéndose evidentes las múltiples maneras de violencia fundadas en relaciones asimétricas y de poder, donde el hombre se posiciona sobre la mujer en un escenario de desigualdad, subordinación e inferioridad” (p. 10). El impacto de la violencia de género, como lo planta Romero, (2017) ha llegado a cosas inimaginables donde las mujeres se han visto agredidas y amenazadas al grado de generarles otros tipos de violencia que ya el Intituto Nacional de las mujeres (INM) lo ha clasificado y que las orientan hacia la muerte. Por su parte, Sánchez Castañeda (2018) señala una clasificación de los tipos de violencia: “de Estado, criminal, económica, política, simbólica, psicológica, religiosa, sexual, de género, escolar y, muy recientemente, digital o virtual” (p. 1); asimismo, existe la violencia física, verbal y emocional, las cuales también afectan a las mujeres.

Furlán y Spitzer (2013) plantean que “en la última década, se ha detectado que en las escuelas se viven hechos de violencia que afectan ya sea a los alumnos como al personal docente, auxiliar, de intendencia o directivo” (p. 21). La autora Carrillo (2019) señala que “en los estados de conocimiento del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (Comie), 2002-2011, han emergido un sinnúmero, todavía no cuantificadas con una variedad heterogénea de casos de violencia, pues no existe un diagnóstico que muestre cuántas mujeres universitarias entre ellas estudiantes, profesoras, investigadoras, personal administrativo de confianza o funcionarias, han sido violentadas en el interior de las instituciones educativas, por lo que el fenómeno de violencia y ciberacoso, en educación superior en México ha ido abriendo espacios de análisis e investigación. “Desafortunadamente, a pesar de las luchas permanentes, de los esfuerzos nacionales e internacionales y de los resultados de investigación que las universidades han reportado, el problema no se detiene, y lo más lamentable es que muchas mujeres no se atreven a hablar o denunciar debido al miedo” (Dorantes, 2018, p. 8). Sin embargo, conforme se emplean las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la vida cotidiana y universitaria, surgen nuevas formas de violencias; como “el sexting, el cyberbullying o ciberacoso” a las que se suman el grooming o el hackeo, entre otras. Esto afecta “las relaciones entre estudiantes y maestros, entre directivos y trabajadores, entre grupos y también en las relaciones interpersonales cotidianas” (Romero, 2017, p. 15).

El problema de estos tipos de violencia de género es que resultan invisibles y su daño afecta de manera “silenciosa”. El anonimato “puede generar mayor crueldad, menos sentimientos de culpa y mayor impunidad por parte del acosador, al saber que no puede ser identificado por la víctima. Esta situación coloca en un punto delicado a las autoridades escolares, resultando difícil sancionar el mismo, dado su carácter ignoto” (Sánchez-Castañeda, 2018, p. 2).

Castro (2018) precisa que “la violencia tiene la capacidad de mutar” (p. 2), por lo que se utiliza las pantallas que evolucionan día a día, así como el desarrollo de redes virtuales para generar violencia incrementando su poder”. Para Prieto (2017), la violencia en las redes sociales solo se metamorfosea, sus tesituras y rostros cambian de un contexto a otro.

En efecto, hoy vemos cómo la violencia de género ha mutado a lo virtual, provocando daños mayores, “desencadenando problemas psicológicos, incluyendo la depresión que puede llegar hasta el suicidio; dichas consecuencias son provocadas por recibir burlas, risas, ser exhibido, difamado o porque de alguna manera se hace sentir mal a la persona” (Landa, 2019, p. 235), y ganas de no ir a la universidad. Hoy, con las TIC, los agresores emplean las redes sociales para dañar, agredir, violentar, extorsionar, acosar, intimidar, etc., de manera anónima y desde un lugar distante en el que no pueden ser identificados.

Para Castro y Varela (2013), la violencia de género en las redes sociales es “el medio de depredación humana más eficiente que existe en la nueva modernidad” (p. 14), que se emplea para dañar a mujeres, y que esconde peligros, como los “los ciberataques (…) o agresiones a través de las redes sociales” (Castro, 2018, p. 162); donde se “toman los datos personales de una persona con el objeto de exhibirlos en el ciberespacio” (Carrillo, 2015, p. 118). Actualmente, el cyberbullying o ciberacoso se ha convertido en una práctica dentro del contexto educativo, especialmente en educación superior, en donde hombres y mujeres se han visto afectados.

El Módulo de Ciberacoso (Mociba) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2015) señala que el 24.5% de la población mayor de 12 años que utiliza el internet o el teléfono celular ha sufrido de ciberacoso, representando a 18 923 055 personas afectadas. Lucio y Gómez (2018) precisan que en la Primera Encuesta Nacional sobre Consumo de Medios Digitales y Lectura, realizada en 2015, destacando que “las redes sociales más utilizadas por los universitarios en México son Facebook con un 94%, WhatsApp con un 79%, Messenger con un 53%, YouTube con un 41%, Instagram con un 35%, Google Plus con 32%, Twitter con un 31%, Skype con un 11%, Snapchat con un 10%, Vine con un 6%, Pinterest con un 5%, LinkedIn con un 4%” (p. 87).

Dorantes (2020a) ha manifestado que el cyberbullying traspasa las fronteras de la escuela, la sociedad, la familia, y afecta a diversos niveles (p. 23) del sistema educativo mexicano: secundaria, bachillerato, licenciatura y posgrado. Asimismo, asegura que lo experimentan 1 de cada 10 estudiantes universitarios y que lo sufren más las mujeres (14.5%) que los hombres (12.2%), por medio de las plataformas de Facebook (91.4%), Twitter (65%), WhatsApp (53%), Instagram (3.84%) y YouTube (3.5%) (Dorantes, 2016, pp.177-185). “El cyberbullying se ve instalado en los espacios universitarios y en las prácticas cotidianas” (Dorantes, Casillas, Ramírez y Morales, 2019, p. 26). Evidentemente, el estudiantado universitario de las diferentes regiones, áreas de conocimiento y facultades que integran a la Universidad Veracruzana (UV) son vulnerables a recibir un ciberataque en las redes sociales y sus plataformas, por lo que se debe prevenir de sus efectos.

Velázquez y Reyes (2020) “precisan que siete de cada diez alumnos se ven implicados en algún tipo de ciberviolencia, mayoritariamente como espectadores (42%), la cuarta parte como víctimas y menos del 10%, afortunadamente, como ciberacosadores, y que el 39.1% de estudiantes de educación superior han recibido este tipo de agravio” (p. 71). Particularmente en México, Carrillo (2015) y Velázquez y Reyes (2020) han señalado que la violencia de género en redes sociales se manifiesta de la siguiente manera: “el cortejo online, dating violence, invitación al sexo y propuestas indecorosas, mensajes online acosadores, llamadas, mensajes y/o correos electrónicos de contenido sexual, hostigamiento, ciberacoso, stalking (acecho), llamadas insultantes, hotsenging, sextorsión, grooming, videovictimización clandestina, hackeo, bombing, sexting, trollismo y ghosting” (Velázquez y Reyes, 2020, p. 65); el “sexcasting, el happy, el slapping, la sextorsión, el grooming y la videovictimización clandestina, con el objeto de exhibir en el ciberespacio” (Carrillo, 2015, pp. 117-118).

El Departamento de Análisis en Delitos Cibernéticos y el C4, del Estado de Veracruz, (2018) junto con la policía cibernética, aseguran que “son las mujeres las más susceptibles a las amenazas, extorsiones, envío de fotos o videos de contenido sexual, comentarios denigrantes, ofensas” (s/p). También son más vulnerables a la delincuencia organizada, y otros eventos que acontecen en las redes sociales, como “secuestro, extorsión, pornografía, trata de blancas, venta de órganos o piratería”. Ya se han descubierto fraudes, estafas, falsificaciones, pornografía, robo de identidades, atentados terroristas, “suicidios”, abuso a menores, etc. Algunos problemas son difíciles de resolver (Castro, 2018, p. 8).

La violencia de género “es la que responde a la violencia estructural, sostenida en una cultura edificada por la lógica de la dominación y de las relaciones de poder” (Arizó y Mérida, 2010, p. 10). La naturalización y normalización de la violencia son el principal problema de su reproducción, pues permiten que generen más daño. Se suman las “violencias sutiles que no dejan marcas visibles… pero quedan marcadas en la psique” (Carrillo, 2015 p. 20). Entendamos por naturalización de la violencia cuando esta se asume como parte de la cultura, por ejemplo asistir a la universidad era una práctica masculina, solo los hombres e hijos de la élite social podían acceder y las mujeres eran excluidas; sin embargo, era natural que así fuera y todos así lo asumían. Hoy en día, sería imposible que esto pasara, pues un gran número de mujeres se manifestaría al ver violentado su derecho a la educación y a los derechos humanos.

La violencia de género provoca indignación, pero también es un indicador de que algo sucede y que le está pasando a las estudiantes, sin que se sepa mucho; el fenómeno aún está silenciado, oculto, lo que contribuye a su reproducción. En la universidad, las prácticas tienen que cambiar y se deben de garantizar los espacios 100% libres de violencia, asegurando la integridad del estudiantado sin distinción de género. Resultados de investigación en la UV reportan que los y las estudiantes sufren diversos tipos de violencia y que la de género es una de las más comunes, donde

se impone la ideología dominante, las visiones misóginas del mundo que justifican la dominación masculina y refuerzan el clasismo y el racismo (…). Mientras no se desmonten los pilares de la dominación y se visibilice el papel reproductor que tiene la educación, la violencia simbólica seguirá operando de manera cotidiana (…). Al interior de las instituciones sus agentes desarrollan prácticas violentas, se reproducen prácticas violentas tradicionales en el espacio escolar, pero también destacan las innovaciones como el cyberbullying y otras manifestaciones de diferentes tipos de violencia pero adaptados al ámbito universitario (Casillas, Dorantes y Ortiz, 2017, pp. 7-8).

Para atender la violencia, las instituciones de educación superior (IES) establecen acciones de apoyo, prevención y erradicación. Por ejemplo, en el año 2018, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) realizó el Seminario Internacional “Acoso Escolar: Prevención y Sensibilización”. Ahí se reflexionó sobre el acoso escolar en las universidades, con el objeto de fortalecer acciones con la Defensoría de los Derechos Universitarios (Sánchez-Castañeda, 2018, p. 1), debido a permanentes denuncias de violencia de género que emitía el estudiantado sobre lo que experimentaba de sus profesores o compañeros universitarios.

Por su parte, la UV se ha preocupado por las innumerables expresiones de violencia de género, por las denuncias que recibe su Unidad de Estudios de Género, que dan cuenta de prácticas inadmisibles de acoso sexual, hostigamiento, violación, generando daño y agravio a mujeres que integran la comunidad universitaria. Ante esto, se crea el Protocolo para Atender la Violencia de Género en la Universidad Veracruzana en mayo de 2019, gestionado por la Coordinación de la Unidad de Género, para ofrecer acciones, medidas, procedimientos a seguir para atender la violencia de género y hacer cumplir medidas en busca de cambios conductuales y lograr la igualdad sustantiva (derechos y oportunidades), erradicando prácticas discriminatorias, la violencia de género y los estereotipos en el quehacer cotidiano universitario.

Ente las acciones que imperan a lo largo de la malla curricular de la UV se encuentra la experiencia educativa “Debate actual sobre género y familia”, que se trabaja en la plataforma de EMINUS 3, donde acceden los estudiantes de manera virtual y siguen un programa de actividades con foros, lecturas, videos, ejercicios y reflexiones, que permiten al estudiante de cualquier área de conocimiento, región y facultad generar nuevos conocimientos y aplicarlos a la vida escolar familiar y social. De esta forma, se genera una nueva cultura sobre la violencia de género, percibiéndola como algo inadmisible, ante lo que se deben desmontar las falsas creencias, como la del hombre con derecho a violentar a la mujer. A través de la experiencia educativa se trabaja pedagógicamente para generar prácticas más conscientes y respetuosas hacia la mujer.

A nivel internacional, una política que impera a favor de la no violencia es la Educación 2030. Declaración de Incheon y Marco de Acción (UNESCO et al., 2015), que puntualiza la necesidad de “garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos; acabar con los estereotipos de género y promover la igualdad entre hombres y mujeres; tomar medidas especiales para velar por la seguridad personal (…) en los establecimientos educativos y el trayecto, en todas las instituciones durante conflictos y crisis” (p. 32). Por ello, se debe realizar investigación en las universidades para conocer lo que acontece respecto a la violencia de género y buscar estrategias de ayuda y prevención para toda la vida.

Actualmente en la obra denominada “La construcción de la paz en la escuela. Múltiples miradas desde la investigación, las intervenciones y las políticas públicas”, coordinada por Ramos, M.A; Cohen, J; Furlán, A; Ramos L.B; Spitzer T.C; Vázquez, R; y Velázquez L. M, en el (2020), muestra un conjunto de trabajos de investigación que se desarrollan actualmente en los países: Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Colombia, Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Italia, Japón, Martinica, México, Panamá, República Checa y Venezuela; todos ellos preocupados por temáticas centrasas en (la convivencia; clima escolar; formas de violencia; violencia a través de TIC; representaciones, concepciones y prácticas articuladas al género y la violencia; políticas públicas; problemas de convivencia, disciplina y violencia en instituciones educativas; prácticas institucionales en el manejo de la disciplina; y temas diversos que involucran a la comunidad escolar en los variados niveles educativos), sustentados en una variedad de métodos, teorías y enfoques que se direccionan a promover “la cultura de paz en la escuela”, tópico, que sigue siendo una tarea pendiente en el sector educativo de México y del mundo. Por esto, “se sugiere tomar medidas de acción centradas en la prevención y orientación, (…) evitar daños en la vida presente y futura de los estudiantes los estudiantes, (…) y recomendar que los estudiantes traten de disfrutar de su juventud, de manera sana y respetuosa con sus compañeros, maestros y amigos, integrantes todos de la comunidad universitaria” (Dorantes y Casillas, 2020, p. 148).

2. Metodología de investigación

El estudio es de carácter cualitativo (Denzin y Lincoln, 2001), ya que emplea la entrevista a un grupo de profesoras universitarias de la UV. En la investigación, se solicitó a las informantes clave que enunciaran algunos actos de la violencia de género que identificaban en el interior de la universidad. La participación fue voluntaria; la idea fue conocer sus percepciones acerca de las afectaciones más comunes que sufren las estudiantes en su estancia por la universidad. El trabajo de campo se desarrolló en la región de Xalapa, en las instalaciones de la UV.

Las participantes son profesoras sensibles ante la temática de la violencia de género; lo cual permitió vislumbrar lo que sucede y generar un listado de actos para ser analizados como indicadores puntuales, para comprender la realidad social (Shutz, 2008), pero también para dar cuenta de lo que debe ser investigado en siguientes estudios, y con ello contribuir a su prevención, atención y solución.

En las investigaciones es importante conocer lo que pasa en la vida cotidiana (Heller, 1977), en los contextos sociales particulares donde las estudiantes tienen experiencias escolares específicas (Dubet y Martuccelli, 1998). Si nos acercamos a conocer estas realidades podremos comprender los efectos negativos que genera la violencia de género y dar cuenta de su impacto.

Es importante señalar que la información proporcionada fue grabada, transcrita y validada; posteriormente se procedió a la etapa de analizar los datos. Se mantuvo el anonimato de las informantes y, para efectos de este trabajo, solo se presentan cuatro testimonios seleccionados, que nos permiten escenificar la violencia de género desde sus perspectivas.

3. Resultados de investigación

Enseguida presentamos un conjunto de testimonios de profesoras universitarias que han abonado a conocer el escenario de la violencia de género y aportan elementos que nos permiten su comprensión, a partir de su mirada nítida, ante la realidad educativa en los contextos universitarios:

Los actos de violencia de género que puedo enunciar son el tocamiento de genitales de un docente a un estudiante... la violación, el maltrato físico, la denostación verbal y pública, violar a una mujer haciendo uso de fármacos, condicionamiento de una calificación por un favor sexual, omisión de las autoridades en la resolución de casos y violación sexual, feminicidio, maltrato físico en el noviazgo, abuso de poder, intercambio de favores maestro-alumno (Informante 1).

Se sabe del hostigamiento y presión para tener relaciones sexuales por alguna calificación o evaluación, la insinuación para tener relaciones sexuales a lo mejor no directamente, pero sí tratando de invitar a algún estudiante. La agresión verbal con connotación sexual, miradas lascivas, el estereotipo por roles tradicionales del género, el acoso, la agresión física; se escucha de la violación, de la agresión verbal, de comunicar fotos de información personal íntima sin autorización, tocamientos e intentos de tocamientos, acciones que ponen en peligro la vida de la víctima, acciones que ponen en riesgo la permanencia de la víctima en la institución, amenazas de muerte o agresión física por negarse a realizar actividades inapropiadas hacia el individuo o víctima, mensajes o llamadas con fines de acoso. Conductas graves en relaciones de noviazgo entre alumnos: acoso, insultos, violencia física, psicológica, y cuando un profesor hostiga sexualmente a cambio de alguna calificación a una alumna (Informante 2).

La violencia y el acoso sexual inicia a momento de hacer comentarios con tendencia a propiciar un encuentro sexual con una estudiante por parte de un maestro, el difundir imágenes en redes sociales que reflejen la forma de vestir y denueste a una persona con una preferencia contraria a su aspecto físico; se sabe de la violación, el tocamiento de partes íntimas, el forcejeo, los besos forzados, los insultos sexualmente explícitos, el acercarse demasiado a las alumnas, las insinuaciones, las proposiciones, el condicionamiento de una calificación de acuerdo a una petición que se haga exprofeso a un estudiante, la violencia verbal hacia las mujeres por su apariencia física, la omisión por parte del maestro a poner una calificación por la negación a una propuesta, el hostigamiento, el maltrato; que un jefe haga una insinuación de tipo sexual a base de amenazas que pongan en riesgo la estabilidad emocional y laboral de la persona. Por supuesto, toda aquella actividad que ponga en peligro la vida es una situación grave, los hechos de violación, la omisión por parte de las autoridades también ante la presentación de una queja, obviamente el feminicidio, la violencia, el hostigamiento por parte de los docentes (Informante 3).

Hablamos un poco sobre el ciberacoso entre comunidad UV: académicos, autoridades y estudiantes; intercambio de videos íntimos que se pasan a veces entre estudiantes, pero que después pasan a otras personas, a otras manos, ojos y oídos, que se suben a las redes sociales; el tomar fotografías sin consentimiento y subirlas a las redes para hacer una página, poner fotos o hacer memes (Informante 4).

Podemos apreciar que los actos de violencia de género que se enuncian son diversos; sin embargo, los podemos clasificar de dos maneras: directa (cara a cara) y no directa (en redes sociales).

Tabla 1. Violencia de género

Violencia de género
Directa (cara a cara) No directa (redes sociales)
  • Tocamiento de genitales
  • Violación
  • Maltrato físico
  • Denostación verbal y pública
  • Condicionamiento de una calificación
  • Favor sexual
  • Omisión de las autoridades
  • Maltrato físico en el noviazgo
  • Abuso de poder
  • Intercambio de favores
  • Presión para tener relaciones sexuales por alguna calificación o evaluación
  • Insinuación para tener relaciones sexuales
  • Miradas lascivas
  • Estereotipo por roles tradicionales del género
  • Poner en peligro la vida de la víctima
  • Poner en riesgo la permanencia de la víctima en la institución
  • Amenazas de muerte
  • Encuentro sexual estudiante-maestro
  • El forcejeo
  • Los besos forzados
  • Acercarse demasiado a las alumnas
  • Las proposiciones
  • El maltrato del jefe
  • Feminicidio.
  • Comunicar fotos
  • Comunicar información personal íntima sin autorización
  • Mensajes
  • Llamadas con fines de acoso
  • Difusión de imágenes en redes sociales
  • El ciberacoso
  • Intercambio de videos íntimos
  • Tomar fotografías sin consentimiento y subirlas a las redes para hacer una página
  • Foto
  • Meme
  • Amenazas
  • Insinuación de tipo sexual
  • Agresión verbal
  • Acoso
  • Hostigamiento



Fuente: Elaboración propia.

El listado de actos de violencia de género que se ejercen de manera directa a la víctima se articula a conductas sexuales no deseadas; violación, tocamientos, hostigamiento y acoso sexual; encuentros sexuales y feminicidio. También destacan amenazas, condicionamiento de calificaciones, maltrato, agresión o denostación verbal, forcejeo, besos forzados, presión, miradas lascivas, omisión. Todas, de manera general, muestran a lo que las mujeres se ven enfrentadas en su estancia en la universidad, lo cual es grave, lamentable e indignante, posicionando a las estudiantes universitarias, en situaciones de riesgo y vulnerabilidad.

Por lo que acontece, se debe incitar a las alumnas a denunciar, atender y acompañar a las víctimas, no hacer “caso omiso” de parte de las “autoridades”, porque ello da pauta a la repetición y reproducción de la violencia. Por otra parte, observamos que la violencia de género también ha mutado a las redes sociales y sus plataformas, es allí donde también se identifican actos de hostigamiento y acoso sexual, se difunde el contenido sexual no deseado, se pone en práctica el ciberacoso y el cyberbullying. Observamos que en la violencia de género no directa (virtual) también hay maltrato, intimidación, exhibición y daño de manera masiva en las redes sociales. Los agresores se esconden, no dan la cara, están detrás del monitor o un dispositivo con conectividad a Internet para no ser identificado. “Lo grave es que emplean perfiles falsos o apócrifos para no ser identificados (Alonso y Tomás, 2016, p. 22), lo que dificulta sancionar, castigar al responsable de la violencia y obligar a repar el daño.

Prieto (2017) expone que “la mayoría de los acosadores y testigos de bullying o cyberbullying tienden a relativizar las consecuencias de estas acciones, considerándolas como una broma pesada o una práctica normal entre compañeros, donde no existe conciencia de las implicaciones y repercusiones de sus actos, y se insensibilizan los potenciales daños en la vida social y moral de los otros” (pp. 108-109). Por su parte, Arias (2019) precisa que “cuando los estudiantes responden que la violencia en redes sociales siempre ha existido (…) sus respuestas muestran la invisibilización del cyberbullying” (p. 249). Ante este escenario, Dorantes (2020b) plantea que “es importante reconocer que el cyberbullying ya es un problema que afecta a las IES”, y es un tema que debe seguirse atacando desde los entornos educativos, y sin distinción de género.

4. Conclusiones

El reto que representa la atención de la violencia de género es aún grande; debemos replantear las miradas y valorar que las nuevas formas de violencia de género impactan en las redes sociales y que afectan a las mujeres universitarias. Juntos podemos detener sus efectos negativos si le apostamos a procesos de información sobre el buen uso de los medios informáticos ante la prevención de la violencia. Otro aspecto importante es la necesidad de escuchar a las víctimas de violencia de género (nuestras estudiantes y profesoras), para diagnosticar lo que pasa y, con ello, comprender y atender el fenómeno de manea adecuada en los diversos contextos universitarios.

Un siguiente punto es invitar a los académicos a abordar estudios sobre esta temática emergente, no invisibilizar lo que sucede y denunciar. Quienes nos interesamos en la violencia de género nos preocupamos por lo que les pasa a las mujeres de nuestra Casa Magna, pero también nos indigna, nos enoja y nos genera tristeza ver que los problemas de violencia de género aún no se resuelven.

Se debe trabajar por la prevención de cualquier tipo de violencia, presencial y virtual, y por generar una conciencia y cultura centrada en una universidad libre de violencia de género. Hoy podemos tener esperanzas en el protocolo de género, su aplicación es un factor de cambio. Debemos reconocer que las conductas, prácticas y pensamientos machistas, misóginos y homofóbicos solo dañan, destruyen y dividen; por ello, debemos trabajar por erradicarlos, a través de prácticas de convivencia pacífica, armónica y de respeto a la diversidad. Juntos podemos lograr la transformación universitaria desde los fundamentos humanistas, pero también haciendo un buen uso manejo de los medios informáticos, pues las TIC también deben contribuir a potenciar la cultura del respeto al estudiantado, tratando de generar conciencia a todos y todas quienes integramos la comunidad universitaria. Por lo anterior, se destaca la importancia de abordar la violencia de género en la universidad contribuyendo a una mejor formación de los futuros profesionistas en las diversas áreas disciplinarias de conocimiento, y finalmente invito a sumarnos a la campaña de la Universidad Veracruzana contra la violencia, de manera conciente y permanente; así mismo a realizar investigación en los espacios universitarios con el objeto de tomar emprender diagnósticos pero también tomar decisiones orientadas a la prevención de la violencia de género en la universidad.

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Published on 07/10/21
Accepted on 07/10/21
Submitted on 07/10/21

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